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[RIO DE JANEIRO] El incendio que el domingo 2 de setiembre redujo a cenizas el 90 por ciento de los 20 millones de artículos catalogados del Museo Nacional de Brasil fue una tragedia anunciada. Las políticas de ajuste para la ciencia y tecnología del gobierno del presidente Temer rebajaron las transferencias que recibía el Museo de la Universidad Federal de Río de Janeiro de US$ 127.800 en 2013 a US$ 24.000 este año.

La Academia Brasileña de Ciencias y la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC), emitieron un comunicado ayer (4 de setiembre), suscrito también por otras asociaciones científicas, relacionando el significado simbólico del incendio con el escenario de desindustrialización del país, la precariedad de la educación científica, la desvalorización de las universidades y otras instituciones de CyT, y la política económica actualmente en vigor, que ignora el papel de la ciencia, la cultura, la educación y la innovación para el desarrollo.

Hay una visión despectiva de los museos en Brasil. Por ejemplo, en Estados Unidos, un tercio de los recursos de los museos proviene de donaciones y asociaciones. Pero las empresas privadas brasileñas no invierten [en museos] y no hay políticas públicas dirigidas al patrimonio científico cultural”.

Ildeu Moreira, presidente de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia.


"Si hubiéramos recibido la mitad de lo invertido en uno de los estadios para el Mundial de Fútbol 2014 en Brasil, nuestra institución estaría protegida y funcionando como cualquier museo de historia natural del mundo. Es terrible pensar en la destrucción de colecciones valiosísimas, y de laboratorios y equipos adquiridos a lo largo de generaciones”, subrayó a Scidev.Net Luiz Fernando Dias Duarte, Director Adjunto del Museo.

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Presupuesto del Museo Nacional de Brasil, 2013-2018 (en miles de reales)
Crédito: Folha de Sao Paulo (30 de mayo de 2018).

La policía Federal sigue investigando las causas del siniestro, pero hasta el momento no hay pistas. 

“Hay una inconsciencia de la administración federal en relación a lo que significa la identidad de la nación, la memoria y el mantenimiento de nuestro patrimonio", precisó Dias Duarte.

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La impotencia y el dolor por las pérdidas reflejado en un cartel en las inmediaciones del museo: “país sin memoria, país sin futuro”.
Crédito: Washington Castilhos.

En junio, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) aprobó una donación de 21 millones de reales (US$5,2 millones), con un primer desembolso de 3 millones (US$720.000) previsto para octubre. El plazo total previsto se completaría en 4 años.

Los fondos negociados con el BNDES incluirían, además de la restauración y la preservación del edificio y del acervo, la modernización de los sistemas de prevención de incendios. Irónicamente, el aporte no llegó a tiempo.

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Recreación del rostro de Luzia, el fósil humano más antiguo de las Américas (de unos 12 mil años), junto a su cráneo encontrado en 1974.
Crédito: Archivo digital del museo.

Después de la tragedia, el Ministerio de Educación dispuso el envío inmediato del equivalente a US$ 2,5 millones para evaluación de daños y apuntalamiento de las ruinas.

"Hay una visión despectiva de los museos en Brasil. Por ejemplo, en Estados Unidos, un tercio de los recursos de los museos proviene de donaciones y asociaciones. Pero las empresas privadas brasileñas no invierten [en museos] y no hay políticas públicas dirigidas al patrimonio científico cultural", comentó a SciDev.Net el físico Ildeu Moreira, presidente de la SBPC.

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Fachada del Museo Nacional.
Crédito: UFRJ.

El científico recordó las estrategias de preservación de museos contenidas en el documento final de la 4ª Conferencia Nacional de Ciencia y Tecnología realizada en 2010. "Las propuestas estaban dirigidas a gobernantes, gestores y parlamentarios, pero no se oyeron ni se implementaron. Debimos haber presionado más para la preservación de los museos y del patrimonio histórico. La falta de políticas públicas se traduce en tragedias como esta", complementó.

Además de la transferencia de emergencia del Ministerio de Educación, entre las medidas previstas se incluye obtener un terreno contiguo para la construcción de un nuevo edificio, o de contenedores, para la continuidad de las actividades de enseñanza y administración, aunque aún sin plazo definido, y la renegociación con el BNDES del monto de la donación anteriormente prevista para octubre. Ildeu Moreira propone un movimiento internacional de ayuda para la reconstrucción del Museo Nacional. "Eso no significa recuperar lo que se ha perdido, sino reconstruir, ampliar el área y pensar en la construcción de un museo de historia natural. Hay colecciones brasileñas diseminadas por el mundo. Muchos museos tienen acervos brasileños, colecciones y piezas que fueron cedidas por Brasil, y que podrían ser compartidas. Va a ser insuficiente comparado con lo que tenía el Museo, pero es importante que se haga este esfuerzo", subrayó el presidente de la SBPC.

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DinoPrata (Maxakalisaurus topai), dinosaurio herbívoro que vivió hace 80 millones de años en América del Sur, uma de las piezas consumidas por el fuego.
Crédito: Archivo digital del Museo Nacional.

La lista de lo que fue consumido por el fuego es interminable e irrecuperable: colecciones enteras de poblaciones indígenas ya exterminadas; referencias etnológicas y arqueológicas de las etnias de Brasil desde el siglo XVI; objetos y muebles del período imperial; un acervo geopaleontológico que incluye el cráneo de Luzia, el fósil humano más antiguo de las Américas (de unos 12 mil años), encontrado en 1974; esqueletos reconstruídos del Maxakalisaurus topai, dinosaurio herbívoro que vivió hace 80 millones de años en América del Sur, y del Tropeognathus, pterosaurio de 8,5 metros de longitud encontrado en Brasil en 2013.

Asimismo, hallazgos arqueológicos de Pompeya y Herculano, ciudades devastadas por la erupción del Vesubio en el 79 dC; la mayor colección de Egipto antiguo en América Latina; una colección de retratos al óleo de pintores del siglo XIX; una colección africana representada por el trono del monarca de Dahomey, donada al rey de Portugal D. João VI por el rey africano Adandozan en 1811, y el manto del rey Kamehameha II de Hawai, confeccionado con plumas de aves raras y regalado al emperador D. Pedro I por el monarca hawaiano, en su breve visita oficial al imperio de Brasil en 1824.

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Momia del período greco-romano cuya identidad era desconocida.
Crédito: Archivo digital del museo.

Además, fueron destruidos los archivos históricos de la memoria de la institución y todos los laboratorios, en tanto que las investigaciones naturalistas deberán interrumpirse indefinidamente debido a la pérdida de las colecciones de geología y mineralogía.

"Lo que existía allí es imposible de reconstruir. Es una pérdida inestimable", confirma Dias Duarte.

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Todas las referencias y colecciones invaluables de los pueblos amazónicos brasileños, algunos ya extinguidos, se han perdido, como esta máscara del pueblo Ticuna.
Crédito: Instagram, Museo Nacional de Brasil.

Inaugurado en 1818 por el rey de Portugal, D. João VI, poco después del cambio de la familia real portuguesa a Brasil, el museo era la primera institución científica del país. Al momento del incendio, el local albergaba 90 investigadores, 200 alumnos, 250 empleados y cinco programas de posgrado: antropología social, arqueología, botánica, lingüística e idiomas indígenas, zoología y geociencias. Además había muchas investigaciones en curso, pero aún no se puede saber cuáles o cuántas se verán interrumpidas o quedarán inconclusas. En 2017 recibió 192 mil visitantes. El Museo cobraba el equivalente a US$ 2 la entrada.

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Colecciones científicas completas fueron destruidas por las llamas, lo que detendrá indefinidamente muchas investigaciones.
Crédito: UFRJ.

A pesar de las pérdidas invalorables, Dias Duarte rescata el carácter pedagógico de la tragedia: "Las futuras generaciones pueden aprender del desastre. Esperamos que tengan conciencia de lo que la protección del patrimonio y de la ciencia representa para un país", puntualiza.

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