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“Las transformaciones tienen que ser institucionales y estructurales, sobre todo porque la que gana es la ciencia. No porque las mujeres sean mejores científicas sino porque no considerar sexo y género en el conocimiento científico trae problemas serios para la ciencia”.
 
La voz de Alice Abreu suena firme y segura al hablar sobre estos temas, fruto de su extensa experiencia en política científica. Abreu, doctora en ciencias sociales, fue directora de GenderInSITE, una iniciativa internacional que promueve más espacios para la mujer en la ciencia, la innovación, la tecnología y las ingenierías.
 
Además de ser profesora emérita de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Abreu tiene una dilatada carrera que incluyó la vicepresidencia del Concejo Nacional de Investigación para el Desarrollo Científico y Tecnológico de Brasil (CNPq) y la dirección de la Oficina de Educación, Ciencia y Tecnología de la Organización de Estados Americanos en Washington (Estados Unidos), entre otros puestos de importancia.
  
Trabajó en distintas instituciones en Brasil y el mundo. ¿En dónde encontró más dificultades para la participación de las mujeres?
Soy de una generación distinta a la actual. Entonces tal vez recién mirando hacia atrás me di cuenta de algunos de los obstáculos. En el CNPq en Brasil era complejo porque era la única mujer en el directorio, pero al final estuvo bien. Me pude defender, aunque no era tan consciente como ahora.
 
La cuestión de género siempre me interesó. Desde que hice sociología del trabajo, siempre trabajé con cuestiones de género en el mundo laboral. Estudié muchas fábricas y reestructuras productivas y notaba que siempre estaban diseñadas para que las mujeres ocuparan el lugar de más abajo. Si por alguna razón las mujeres quedaban arriba, se volvía a rediseñar para que quedaran soterradas.
 
Antes era un problema solo de ellas, que tenían que hacerse su espacio, ser más inteligentes y hacer más esfuerzos. Y una vez que lograron ingresar al sistema, listo. Pero no es así, porque la no incorporación de la diversidad trae problemas y hay muchos ejemplos.

Alice
Abreu 2
Alice Abreu.
Crédito de la imagen: GenderInSITE.
 
¿Podría dar alguno?
Hay un artículo de Nature de hace poco (“Sex and gender analysis improves science and engineering”) que incluye ejemplos que van desde la relevancia de considerar el sexo de las células en las investigaciones más avanzadas en biomédicas —porque ese aspecto influye en el resultado— hasta el hecho de que las primeras investigaciones de enfermedads cardiovasculares se hicieron con hombres y eso significó la muerte de muchas mujeres (porque los síntomas y las reacciones a medicamentos son distintos).
 
Incluso la autora del trabajo, Londa Schiebinger, hace referencia a Google y sus algoritmos que en otros momentos se equivocaban al dar resultados de ciertas búsquedas porque, por ejemplo, ella siempre era referida como “el investigador” (he). O sea, los algoritmos no reconocían el género y suponían, por descarte, que el científico era un hombre. Ahora están cambiando eso.
 
En alguna oportunidad ha dicho que para promover espacios para la mujer en la ciencia es necesario cambiar las normas de las instituciones. ¿Qué significa esto particularmente?
Por ejemplo, para que un investigador puede acceder a un cargo o avanzar en su carrera es necesario haber publicado diez artículos en revistas científicas en diez años. Esa es una norma que no considera que las trayectorias de hombres y mujeres son muy distintas [las mujeres, por ejemplo, publican menos durante el embarazo o en los meses luego de dar a luz]. Y ahora las instituciones se están dando cuenta de eso.
 
Hay una gran red de Consejos de Ciencia —llamado Global Research Council— que reúne a estos organismos de todo el mundo, y ellos piensan en cambiar las normas requridas para otorgar una promoción o una beca. En lugar de mirar todo el curriculum, proponen elegir los mejores cinco artículos y elegir en base a ello.
 
Entonces no importa si se publicaron en seis u ocho años, o si tienen 20 o 25 años. Se va a juzgar [tanto a investigadores como a investigadoras] por los mejores cinco artículos.
 
Ya hay experiencias interesantes. Por ejemplo, en Nueva Zelanda están intentando hacer evaluaciones de artículos sin los nombres de los autores, porque muchas veces son más rígidas si las autores son mujeres. Ocurre lo mismo cuando se evalúan curriculums.  
Habla de hombres y mujeres, pero hay una corriente que sostiene que no hay que separar de manera binaria (hombres-mujeres), sino como un continuo, llamado nobinario, ¿está de acuerdo?
Si bien la biología no es mi área de base, en términos de género, sí. Y hay poca reflexión al respecto. El único que piensa en esa línea en relación a la práctica científica es Canadá.
 
Este país tiene una práctica avanzada y es de los pocos que ya está discutiendo; es otro de los temas que están debajo de la alfombra. Lo no binario será importante.
 
¿Por qué cree que se dio el cambio en la situación de las mujeres, pese a que todavía falta para lograr la igualdad?
Fue posible porque era bueno y porque se podía hacer. Las mujeres caminamos. Si miramos en sociedades menos desarrolladas en ese sentido, vemos cuánto caminamos. En América Latina una mujer hoy puede tener su propiedad, su casa, ganar dinero, tener su cuenta bancaria, dividir la patria potestad. Eso no era posible hace cuarenta años; el hombre era el jefe de familia y podía prohibirle todo eso. No nos damos cuenta de la fuerza que tenían estas relaciones de poder en la sociedad.
 
¿Cree que se logrará más igualdad en el corto plazo?
En el corto plazo no sé, pero no creo que se estanque el movimiento. Es muy fuerte y hay un reconocimiento institucional de alto nivel. No son las mujeres las que dicen que la ciencia está mejor con mujeres, sino los altos oficiales de la Unión Europea.
 
¿Por qué cree que las mujeres siguen subrepresentadas en tecnología e ingeniería?
Es muy interesante porque la discusión en el área de la tecnología está menos adelantada que la discusión en la ciencia, pero está cada vez más claro que la tecnología no es neutral e influye distinto a hombres, mujeres y grupos sociales.
 
Cada vez se entiende más de ese modo. Se conocen historias de desastres absolutos por no hablar con las sociedades (sobre el impacto de su uso en los diferentes grupos sociales?) y por introducir tecnologías que no hacen sentido para ellos. Y la mujer es uno de ellos.
 
De ahí el valor de las ciencias sociales y lo interdisciplinario. La forma de hacer ciencia cambió muchísimo. Los problemas son más universales, pero las soluciones deben ser locales.

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