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Ministerios de Ciencia: crear institucionalidad perdurable
  • Ministerios de Ciencia: crear institucionalidad perdurable

Crédito de la imagen: Gobierno de Chile / Flickr

De un vistazo

  • Apoyado en el trabajo de dos comisiones asesoras presidenciales, Chile avanza en la creación de un ministerio para la ciencia

  • Países como Colombia, Paraguay, Perú y Uruguay también han planteado la idea en la región

  • Para que la institucionalidad perdure más allá de los cambios de gobierno hay que garantizar el respaldo público

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La discusión sobre la necesidad de una institucionalidad de alto rango administrativo encargada de conducir una política de desarrollo científico ha tomado la agenda en varios países de Sudamérica en los últimos años.
 
Aunque muchas naciones desarrolladas cuentan con un ministerio dedicado a temas de ciencia, en varios países latinoamericanos existe otro tipo de figura. No obstante, el rezago en I+D que muestra la región los ha llevado recientemente a proponer la creación de un ministerio para la ciencia.
 
En Colombia, Paraguay, Perú, Uruguay y Chile se conversó e incluso trabajó en esta idea. La discusión en Colombia es reciente. Perú también evaluó la posibilidad, la rechazó en 2012 y volvió a reflotarla en la reciente campaña presidencial. Paraguay se unió en años recientes a esta discusión, e incluso se habló de trasformar el Ministerio de Educación y Cultura en uno de Educación y Ciencias.
 
No obstante, la creación de un ministerio para la ciencia en estos países no se ha concretado. Más aún, el presidente interino de Brasil, Michel Temer, decidió fusionar el Ministerio de Ciencia con el de Comunicaciones, medida que fue rechazada por su comunidad científica, y recordó lo sucedido en España, que también eliminó su Ministerio de Ciencia e Innovación tras la llegada al gobierno de Mariano Rajoy en 2011, en el contexto de la crisis económica. La única excepción en la región parece ser Argentina, cuyo gobierno decidió mantener al Ministro de Ciencia al asumir el nuevo presidente Mauricio Macri, opositor al gobierno anterior.

“Chile necesita resolver estos y otros problemas si espera concretar la creación de un ministerio de ciencia que perdure”

Pablo Astudillo

 
¿Cómo podemos construir un ministerio para la ciencia que resista los vaivenes políticos y económicos? La ciencia es una actividad que requiere de políticas de largo plazo, y por ende una institucionalidad de alto rango, con atribuciones, capaz de diseñar e implementar políticas eficientes y coordinadas. Y aunque en cada país esta institucionalidad puede adoptar formas específicas, dadas las características políticas y locales, en varios países desarrollados destaca la existencia de una cartera ministerial o una figura equivalente.
 
Por lo tanto, necesitamos identificar aquellos elementos que garanticen una aceptación pública de un Ministerio de Ciencia, para evitar que este sea disuelto cada vez que exista un cambio de gobierno o una crisis económica.
 
Al menos tres elementos asoman como fundamentales: a) que el proyecto que de origen al ministerio incorpore la visión de diversos actores —especialmente de la ciencia—, dotándolo de legitimidad; b) que exista una vinculación de la futura institucionalidad con los desafíos del país a través de una política de desarrollo científico, y c) que, sin perjuicio de lo anterior, se valore la investigación científica en su multiplicidad de contribuciones al desarrollo social, económico y cultural, y que esa valoración no se limite a su aporte al crecimiento económico.
 
En Chile, durante los últimos años se desarrolló un trabajo que llevó a dos comisiones asesoras presidenciales a concluir que el país también requiere un ministerio para la ciencia. Dado el avance de la discusión en Chile, se puede transformar en un “caso de estudio” que sirva de guía a países que tienen discusiones similares.
 
¿Se dan en Chile los tres elementos antes mencionados? En primer lugar, tras la entrega del informe de la última comisión asesora presidencial —la cual integró a diversos actores—, el proceso para la creación del ministerio se desarrolló con cierto hermetismo.
 
El informe recomendó dos modelos para el ministerio, que difieren sustancialmente en el diagnóstico, objetivos y estructura propuesta. Luego de la entrega de este informe, las señales públicas sugieren que se decidiría adoptar el modelo que crea un Ministerio de Ciencia y Tecnología, dejando los temas de innovación en manos del Ministerio de Economía (que fuera el modelo que generara menos consenso al interior de la comisión).
 
Esto contrasta con los casos de otros países de la región: el ministerio de Argentina reúne ciencia e innovación, igual que sucedía en Brasil y en países donde se discutió la idea. Mientras, en Chile, la comunidad científica volvió a quedar fuera de la discusión.
 
Sí parece haber más acuerdo sobre la necesidad de avanzar en la creación de una política nacional de desarrollo científico —la cual hoy no existe en Chile— que ayude a abordar los desafíos del país.
 
Respecto al tercer elemento, en Chile se valora muy poco la actividad científica. Una de las causas principales viene de ciertas visiones que buscan limitar la ciencia a su dimensión económica, sin valorar adecuadamente aquella investigación que busca una vinculación con los desafíos sociales o aportar a la necesaria generación de conocimientos.
 
Lamentablemente, los científicos también estamos en deuda en cuanto a acortar la brecha entre la ciencia y la ciudadanía, a pesar de los crecientes esfuerzos en divulgación y comunicación.
 
Chile necesita resolver estos y otros problemas si espera concretar la creación de un ministerio de ciencia que perdure.
 
Y en el mismo sentido, los países que mantienen discusiones similares también deben generar condiciones que lleven no solo a los científicos, sino a toda la ciudadanía, a rechazar categóricamente la inexistencia (o eliminación) de una institucionalidad para la ciencia, como sucedió con el Ministerio de Cultura en Brasil, que ante el anuncio de Temer de eliminarlo, fue restituido debido a las numerosas protestas públicas.
 
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