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  • Cómo no avanzar hacia el logro de la sostenibilidad

Un nuevo panel intergubernamental podría no ser la mejor manera de hacer frente a los multifacéticos desafíos del desarrollo sostenible.

Cualquiera sean sus fallas, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés) ha captado exitosamente la atención de los políticos en torno al calentamiento climático.

El panel ha acumulado evidencia científica sobre el cambio climático y sus potenciales impactos de una manera en que la mayoría de quienes formulan las políticas (con algunas excepciones notables) han sido capaces de aceptar. Y el éxito se logró a pesar de errores muy publicitados, el más reciente sobre cuán rápido podrían desaparecer los glaciares del Himalaya.

Inevitablemente, este éxito hace del panel un ejemplo que otros quieren seguir.

Este artículo es parte de nuestra cobertura sobre los preparativos de Río+20, la Conferencia de ONU sobre Desarrollo Sostenible, que se realizará entre el 20 y 22 de junio de 2012. Más artículos en Ciencia en Río+20

Ahora, grupos interesados y otros sugieren que la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20), que tendrá lugar en Brasil en junio, debería ponerse de acuerdo sobre la necesidad de un nuevo panel intergubernamental, inspirado en el IPCC, para abordar los desafíos mundiales del desarrollo sostenible.

Pero crear un panel de este tipo sería un error. Cualquier intento de construir un consenso global en torno a la sostenibilidad es posible que sea perjudicado por la incertidumbre científica y las maniobras políticas. Por eso, podría retrasar el desarrollo sostenible en lugar de impulsarlo.

¿Ejemplo brillante?

El enfoque del IPCC tiene atractivos obvios para estrechar la brecha entre la ciencia y la política. Al establecer un claro consenso científico, basado en una amplia gama de hallazgos científicos contundentes, el IPCC brinda una sólida plataforma para construir políticas destinadas a combatir el calentamiento climático y sus impactos.

Y como sus informes son revisados antes de la publicación —tanto por la comunidad científica como por la política—, el IPCC ha asegurado un compromiso político de alto nivel para sus conclusiones. Una organización independiente y puramente científica no podría haber logrado eso.

¿Se podría lograr lo mismo para el desarrollo sostenible? Probablemente no.

El primer problema radica en el desacuerdo sobre la misión, ya destacado por dos propuestas que compiten por una potencial aprobación en Río+20.

Una tiene el respaldo de la comunidad científica representada, por ejemplo, por la Iniciativa Tierra Futura, creada por el Consejo Internacional para la Ciencia. Esta propuesta pretende crear un Panel Intergubernamental sobre Sostenibilidad Mundial que se enfoque en vigilar los procesos naturales (y sociales) que demostraron ser insostenibles.

Otros grupos, incluyendo muchas organizaciones no gubernamentales orientadas al desarrollo, respaldan una sugerencia alternativa formalmente presentada por el gobierno de Indonesia, llamada Panel Intergubernamental sobre Desarrollo Sostenible.

Este panel tendría una misión más amplia —pero más controversial—, que va más allá de la protección ambiental y que pone el desarrollo sostenible en un contexto social y económico pleno. Identificaría no solo cómo esto se podría lograr, sino también varios factores, políticos y de otra índole, que se interponen.

Obstáculos y complejidades

Un segundo problema es el gran tamaño, costo y complejidad administrativa de la operación que se necesita para poner en marcha un panel de ese tipo.

Estas cuestiones ya han sido enfrentadas por el Panel Intergubernamental para la Biodiversidad y los Sistemas Ambientales (IPBES, por su sigla en inglés), que todavía no está totalmente operativo, cinco años después de su propuesta inicial realizada al final de un proceso de consulta multiparticipativo.

Es probable que estos obstáculos sean más grandes y más complejos para un panel con una misión sustancialmente más amplia, tanto sea vigilar la “sostenibilidad mundial” o el “desarrollo sostenible”. Y la competencia sería feroz entre las agencias de la ONU que quieran hacerse responsables de ese panel.

Fundamentalmente, la naturaleza de la cuestión es una tercera razón de por qué un modelo inspirado en el IPCC es inapropiado. Las causas e impactos del cambio climático son directamente susceptibles de análisis científico: podemos explicar qué está pasando en términos científicos, incluso si no podemos explicar totalmente por qué.

El desarrollo sostenible es otra cosa. Hay muchas definiciones de qué significa, y de lo que parece ser. Es poco probable que el análisis científico por sí solo cree un consenso en torno a cuál es el problema o qué se necesita hacer al respecto.

Tres pasos adelante, ninguno hacia atrás

Entonces, ¿cuáles son las alternativas? Tres se están considerando para su aprobación en Río+20, y deberían ser apoyadas indistintamente por países desarrollados y en desarrollo. 

La primera, que ya está incluida en el ‘borrador cero’, sería crear un grupo de alto nivel para producir informes regulares sobre el estado del planeta y la capacidad de carga de la Tierra. Estos informes estarían coordinados por el Secretario General de la ONU y preparados en consulta con agencias de la ONU y otras organizaciones internacionales. 

Este grupo también sería responsable de producir evaluaciones científicas regulares sobre aspectos clave del desarrollo sostenible (por ejemplo, sobre tecnologías de energías renovables) compiladas por los principales expertos del mundo en ciencia y tecnología, con representación tanto de los países desarrollados como los en desarrollo.

El panel propondría opciones a quienes formulan las políticas, pero no ordenaría cuál debería elegirse. La ciencia “a disposición, pero no por imposición”, es el modelo correcto, en la ONU y en cualquier lugar.

La segunda alternativa, impulsada por el panel asesor sobre sostenibilidad mundial, prepararía un informe regular sobre la perspectiva para el desarrollo sostenible global (comparable con la Perspectiva Ambiental Mundial producida anualmente por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente).

El grupo responsable de elaborar este informe debería asegurar que los países en desarrollo estén totalmente representados. También debería usar una definición amplia de desarrollo sostenible, tomando en cuenta los puntos de vista de los países en desarrollo en vez de limitar su definición a las nociones científicas de procesos naturales y sociales.

El tercer movimiento crearía un mecanismo asesor en ciencia relativamente simple, que también reporte directamente al Secretario General de la ONU, compuesto por expertos en ciencia y tecnología provenientes de países desarrollados y en desarrollo.

Ponerse de acuerdo sobre la necesidad de elaborar informes regulares sobre el estado del planeta, sobre las perspectivas de desarrollo sostenible y de un mecanismo asesor en ciencia podrían parecer logros relativamente modestos surgidos de la reunión de Río+20.

Pero, en conjunto, tienen más posibilidades de ser un camino viable hacia adelante que cualquier plan ambicioso de crear un nuevo panel intergubernamental basado en la aspiración de alcanzar un consenso global.

David Dickson
Editor, SciDev.Net