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  • Científicas latinoamericanas buscan ganar más espacios

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Yadira Córdova destaca en un gabinete de 20 ministros donde sólo hay tres mujeres. Desde 2003 ella encabeza el Ministerio de Ciencia y Tecnología de Venezuela.

En Chile, por primera vez en sus 39 años de historia, la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt) es presidida por una mujer, Vivian Heyl.

De los cuatro viceministros de Ciencia, Tecnología y Medioambiente de Cuba, dos son mujeres, América Santos y Lina Domínguez. Y de las 12 direcciones nacionales dependientes de los viceministerios, cinco son encabezadas por mujeres.

Un reciente estudio revela que en Argentina las mujeres son mayoría en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), institución rectora de la ciencia en ese país. Desde 2005, ellas concentran el 51,7 por ciento del personal de la institución.

¿Están las mujeres tomando el poder en las ciencias latinoamericanas?

Según diversos estudios, la respuesta es definitivamente afirmativa cuando se miran las matrículas en estudios científicos de nivel universitario.

Sin embargo, a medida que se sube en la jerarquía académica y laboral, la presencia femenina decrece hasta convertirse casi en una excepción al llegar a los ámbitos de mayor poder y liderazgo.

Más investigadoras

La coordinadora de la Cátedra Regional Unesco Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina, Gloria Bonder, destaca que en la mayoría de los países de la región cada vez más mujeres están ingresando a las carreras de CyT.

En su investigación sobre equidad de género en ciencia y tecnología en América Latina, Bonder observa que "en algunas ramas de las ciencias ya están siendo mayoría y su rendimiento es igual o superior al de los varones".

Sin embargo, agrega, esta supremacía femenina comienza a desvanecerse a nivel de doctorado y postdoctorado, especialmente si se realizan en el extranjero: en ciencias básicas y tecnológicas, la participación femenina cae a entre 25 y 54 por ciento, dependiendo del país.

Al iniciar su ejercicio profesional, las mujeres vuelven a perder terreno. Así lo confirmó en 2004 un estudio de Unesco que analizó la participación de la mujer en I+D en Argentina, Brasil, Costa Rica, México, Paraguay, Uruguay, Venezuela y España (ver Proyecto Iberoamericano de Ciencia, Tecnología y Género).

En los siete países latinoamericanos las mujeres que egresan de la universidad promedian el 56 por ciento, mientras que entre los investigadores de los sistemas nacionales de CyT la cifra cae a 39 por ciento.

En el pasado, este escenario fue más sombrío.

Según el estudio de Unesco, al considerar la categoría de investigador como el indicador más generalizado, "en la mayoría de los países se advierte que la participación femenina oscila entre el 28 y el 49 por ciento, cuando a mediados de los ’90 estos porcentajes estaban entre 8 y 10 puntos más abajo".

Menos poder

Según la investigadora María Elina Estébanez, autora del estudio de Unesco, el acceso a cargos de liderazgo es otro obstáculo para las científicas. Este hecho es a su juicio "uno de los principales indicadores de la desigualdad de género en la ciencia".

Por ejemplo, aun cuando las mujeres en el Conicet (Argentina) superan el 51 por ciento, al mirar en detalle las cifras se observa que la presencia femenina sólo predomina en las tres primeras categorías del escalafón (asistente, investigador adjunto e independiente).

En las superiores (investigador principal y superior), su participación se reduce al 15 por ciento. Y en el directorio de ocho personas, sólo una es mujer.

A la misma conclusión llegó el estudio Mujer y Género: nuevos saberes en las universidades chilenas.

Su coautora, la investigadora Loreto Rebolledo, de la Universidad de Chile, señala a SciDev.Net que analizaron la participación femenina en proyectos de investigación científica financiados por Conicyt y el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico.  

La conclusión es que las mujeres superan ampliamente a los varones como colaboradoras en los equipos de investigación, mientras que ellos llevan la delantera como jefes de proyecto.

Estébanez dice a SciDev.Net que "en los entornos educativos y laborales existen patrones culturales muy arraigados, que asocian determinadas características de la ‘masculinidad’ (como competitividad, agresividad, fuerza, racionalidad) a elementos más apropiados para ejercer el poder".

Estos estereotipos –agrega la experta- "inciden en la elección de las personas que ocuparán posiciones estratégicas en la ciencia, como dirección de institutos, integración de comités evaluadores o rectorías universitarias".

Un estudio del propio Conicet siguió a un grupo homogéneo de hombres y mujeres que partieron en la misma categoría científica. Al cabo de nueve años, ellos habían ascendido en una proporción mucho mayor. Y la mayoría de las mujeres que recibieron promociones eran solteras. 

"Las mujeres aún llevan primordialmente la carga doméstica y el cuidado de los hijos. Eso dificulta que tengan la misma dedicación que los hombres que no realizan este tipo de actividades", explica a SciDev.Net la física mexicana Lilia Meza.

Meza agrega que "para las mujeres que atienden a su familia esta diferencia con los hombres se traduce en actitudes de rechazo de parte de investigadores, particularmente jefes de grupos de investigación".

Las razones femeninas

Son varias las explicaciones que las propias científicas esgrimen cuando analizan los obstáculos para iniciar una carrera en ciencias, permanecer en ella o ascender profesionalmente.

Además de la dificultad de compatibilizar las demandas laborales con la exigencia familiar, la productividad científica en términos de publicaciones se ve también afectada por la maternidad.

Este fue uno de los puntos abordados durante el encuentro Mujeres y Ciencia, realizado en julio en el marco de la 58ª Reunión de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia.

"El investigador que pasa dos años sin publicar, pierde espacio y prestigio", dijo a la Agencia Fapesp Hildete Pereira, economista de la Universidad Federal Fluminense, quien hizo un llamado "a crear mecanismos en la comunidad científica que no castiguen la maternidad y el alejamiento de la mujer durante tal período".

El escaso reconocimiento de la propia comunidad científica es otra de las trabas para la consolidación femenina.

Según Meza, esto se refleja en que "aún hay actitudes de discriminación en el medio laboral, como considerar que las mujeres sólo pueden realizar labores secundarias o de apoyo".

Esto lleva a un círculo vicioso: la escasez de mujeres en cargos de decisión dificulta la implementación de políticas y medidas que estimulen una mayor participación femenina en ciencia y tecnología. 

Buscando enfrentar el problema, científicas de la región han estimulado la discusión sobre el papel de las mujeres en la ciencia a través de foros y estudios, además de generar redes de intercambio a nivel regional.

Una de éstas es la Cátedra Regional Unesco Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina. Además, en mayo, durante la Conferencia Ciencia Mujer 2006, nació la Red Latinoamericana de Mujeres en CyT (Ver Acuerdan creación de red latinoamericana de científicas).

Entre sus objetivos estas redes buscan incrementar el número de científicas en la región, impulsar políticas gubernamentales en género y promover becas y otros beneficios para mujeres.

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