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  • 'Código de conducta' científica debe alentar la apertura

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Para que la ciencia se ejerza con integridad hace falta una cultura basada en el apoyo, en lugar de normas y sanciones severas. 

El año pasado en un caso ampliamente publicitado, dos investigadores de la Universidad Jinggangshan, al sur de China, fueron despedidos tras descubrirse que 70 artículos científicos que habían publicado en una revista internacional contenían datos inventados. 

La universidad atribuyó la falsificación a la “falta de integridad moral” de los investigadores. Pero los críticos también señalaron la intensa presión que existe sobre los científicos chinos por competir con otros investigadores y elevar el estatus de sus universidades. 

Por ejemplo, se sabe que la Universidad de Jinggangshan habría ofrecido premios de 5.000 yuanes chinos (US$733) a cualquier científico que publicara en una revista científica internacional reconocida. Se dice que otras universidades han ofrecido el doble de esa cifra. 

En este tema, el mundo en desarrollo no está solo. Muchos científicos en países desarrollados lidian con un sistema de ‘publicar o morir’ y su consiguiente persecución de ranking internacionales. 

Frente a las críticas hacia su estrategia, la Universidad Jinggangshan ha detenido las recompensas financieras a las publicaciones científicas. La decisión es un bienvenido reconocimiento de que, aunque la competencia sigue siendo importante en las ciencias, al incentivarla puede producir el efecto contrario si el beneficio personal y el estatus institucional se anteponen al cometido científico.

Hacer conciencia 

Los participantes en la Segunda Conferencia Mundial de Integridad en la Investigación realizada el mes pasado en Singapur, reconocieron un doble peligro: el del fraude científico y la conducta impropia por una parte, y el de enfocarse en los síntomas más que en las causas, por la otra. 

La conferencia reconoció que tales fraudes se incrementan a nivel mundial, y apoyó los esfuerzos por compilar una “guía de prácticas de investigación profesionalmente responsable”, que deberá ser publicada dentro de poco en la Declaración de Singapur sobre Integridad en la Investigación

Este es un bienvenido reconocimiento internacional de que la falta de una conducta adecuada se está expandiendo en forma creciente. Sin importar el rigor de la revisión de pares, el sistema científico todavía se basa en la confianza. Cuando se abusa de esta confianza, el proceso científico en sí se vuelve corrupto. 

Igualmente bienvenido es el reconocimiento hecho en la reunión de que la política de mano dura no es la solución. La ciencia prospera bajo códigos de conducta reconocidos, pero no bajo reglas y regulaciones draconianas, las que podrían, por ejemplo, limitar la especulación informada y la toma de riesgos intelectuales. 

Razonablemente, el borrador de la declaración de Singapur se centra en principios, más que en métodos para exigir su cumplimiento. 

Asegurar la confianza del público 

Asegurar que la investigación se conduce de forma honesta — e informada — es importante para la integridad y solidez de la ciencia misma. Pero es igualmente esencial si la ciencia apunta a generar y mantener el apoyo público. Esto significa que cualquier código de conducta debe incluir la apertura y la transparencia. 

Las recientes disputas sobre la validez de la información científica que se tomó como base para apoyar los llamados a la acción por el cambio climático lo demuestran con la mayor claridad. Para alivio de los científicos involucrados, varias investigaciones los han absuelto de los cargos de falsificación deliberada y no han encontrado evidencia de faltas a la conducta científica. 

Pero la falta de transparencia de los investigadores de la Universidad de East Anglia, en el Reino Unido — cuyos correos electrónicos revelaron una reticencia a compartir información con sus críticos — ha dañado la confianza pública. Esto, a su vez, ha levantado escepticismo y ha debilitado el apoyo a una acción urgente contra el cambio climático. 

La ciencia no sólo debe operar con integridad; también debe verse operando con integridad. Este es un desafío creciente en un mundo donde los registros de comunicaciones electrónicas introducen una nueva dimensión al escrutinio público. Y es algo que requiere ser reflejado en cualquier código de ética. 

Cultura de la integridad 

Nada de esto se logrará con reglas duras y castigos (pese a que las sanciones siguen siendo importantes para las transgresiones significativas). En cambio, debemos desarrollar una cultura de buenas prácticas, incluyendo comunicación abierta, que asegure que el conocimiento científico permanece sólido y sensible a las percepciones públicas. 

Debemos comenzar a construir esta cultura de integridad en el sistema educativo, particularmente en las universidades. Los futuros científicos deben aprender que el éxito depende no sólo de lo que uno logra, sino de cómo lo logra. 

Y la comunidad científica más amplia también debe desarrollar mecanismos para construir y sustentar esta conciencia. Aquí la responsabilidad descansa sobre los científicos individuales, las instituciones en las que trabajan, y aquellos que patrocinan su investigación. 

Si la Declaración de Singapur sobre Integridad en la Investigación propuesta puede apoyar la buena práctica en la totalidad de estos tres niveles, se convertirá en un documento significativo. 

David Dickson
Director, SciDev.Net

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