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  • Partido en el ciberespacio: la ciencia nutre a las redes

[KATHMANDU] Al igual que los sitios que conectan a quienes buscan su pareja por Internet, las nuevas redes sociales académicas están conectando a científicos basándose en sus intereses de investigación profesional.

Esos sitios obviamente carecen del atractivo general de Facebook, que llegó a mil millones de usuarios el mes pasado.

Pero en los últimos cinco años ResearchGate, Mendeley y Academia.edu han generado individualmente una base de usuarios de casi dos millones de personas. Tan solo Mendeley ha visto un aumento de 1,5 millones en solo 12 meses.

Después de los Estados Unidos, Europa y el Reino Unido, los países más populares en ResearchGate y Mendeley son Brasil, China, India e Indonesia, con 19.000 a 250.000 usuarios en cada país.

Una vez registrados en alguno de estos sitios, los usuarios puedan subir sus artículos más recientes publicados en revistas, o imágenes de laboratorio, unirse a algún grupo de discusión y seguir las actualizaciones de sus colegas. Los sitios ofrecen un espacio para que los investigadores compartan, revisen y colaboren, y quizás incluso un ambiente seguro en el cual llevar a cabo una investigación.

Quienes no pueden permitirse el lujo de suscribirse a revistas y bases de datos pagadas —un problema común de los científicos en muchos países en desarrollo— pueden buscar los artículos publicados por sus propios autores.

“Mendeley hace que sea más fácil para las personas del Sur mantenerse al tanto de la investigación que se está haciendo en todo el mundo”, subraya Víctor Henning, cofundador y director ejecutivo de la red en línea y gestora de referencias, que tiene una base de datos de casi 290 millones de documentos en línea.

Científicas trabajando

Las redes sociales agrupan a científicos para comunicarse y colaborar

Shutterstock/wavebreakmedia

Debido a que a los científicos de los países en desarrollo con frecuencia se les dificulta asistir a conferencias, es “más difícil mantenerse en contacto”, dice Henning. Las redes sociales académicas ofrecen a los laboratorios de investigación “de zonas alejadas, difíciles de alcanzar” un espacio para conectarse, agrega.

Comportamiento de los usuarios

Devendra Gauchan, economista agrícola del Consejo de Investigación Agrícola de Nepal, afirma usar Mendeley y ResearchGate, para encontrar “nueva información científica”.

“No tenemos acceso adecuado a los últimos artículos e información publicados en revistas para realizar un trabajo de investigación de calidad. Pero a través de estos sitios se puede acceder a esa información”, señaló a SciDev.Net.

El Programa de Colaboración en Investigación de Cultivos de la fundación McKnight , que financia la investigación agrícola en África Subsahariana y en los Andes, usa Mendeley para informar a los estudiantes de posgrado sobre la investigación existente a fin de evitar que la repitan.

Johnny Stiban, profesor asistente en la Universidad Birzeit de Palestina, tiene otra razón para usar esos sitios: dice que publicar su trabajo en línea le da “una ventaja” en las conferencias. A menudo la gente se pone en contacto con él de antemano para conocer más sobre su investigación, establecer colaboraciones o buscar trabajo en su laboratorio.

Nian Wang, estudiante de doctorado en botánica de la Academia China de Ciencias, está más familiarizado con los sitios chinos como la comunidad y el blog científico en línea ScienceNet.cn, o la sociedad médica virtual DXY.cn. Estos actúan como centros de comunicación, a los cuales Nian acude en busca de las noticias científicas más recientes, blogs de científicos reputados y oportunidades de trabajo.

Los sitios especializados en intercambio de experiencias son particularmente útiles.

Por ejemplo, en 2008, MedicineAfrica diseñó un espacio tutorial en línea y una red social inspirada en Facebook pero dirigida específicamente a los profesionales de salud. Aunque conformada modestamente por unos mil usuarios, casi todos los participantes están activamente comprometidos. En una de sus iniciativas, los médicos con posgrado de la región semi autónoma de Somalilandia están vinculados a través de la red con especialistas del Reino Unido para tutorías y mentorías semanales.

“En lugar de subir fotos de noches de diversión, amigos o hijos, es posible subir radiografías, resultados de análisis de sangre o imágenes clínicas, y reunirse con grupos de tutoría para discutir en línea sobre un caso”, indica Faisal Ali, becario clínico de dermatología de la Universidad de Manchester, Reino Unido y afiliado a MedicineAfrica.

La red también ofrece un sistema de apoyo entre pares. Recientemente ha comenzado a facilitar el intercambio regular de casos difíciles entre odontólogos de diferentes partes de Sri Lanka.

Progresión natural


Pero también existe un fuerte potencial para la ciencia, no solo para las carreras científicas.

“Espero que estos sitios sean realmente usados por la gente para hacer ciencia”, señala Matthew Todd, profesor principal de química y abierto defensor de la ciencia de la Universidad de Sydney, Australia. Ello implica ir más allá de hacer y responder preguntas, a fin de compartir cómo se hace la investigación y permitir el escrutinio público en tiempo real del trabajo de cada quien.

“Eso no está sucediendo mucho en este momento”, precisa Todd.

En 2008, Todd tuvo la iniciativa de desarrollar medicamentos más baratos para combatir la esquistosomiasis, una infección parasitaria. El proyecto comprometió a una comunidad de investigación en línea —The Synaptic Leap— en un proceso de desarrollo científico de código abierto. Todos los hallazgos fueron publicados en un ‘cuaderno electrónico de laboratorio’ en tiempo real.  

Danielle Bengsch, jefe de relaciones públicas de ResearchGate, dice que dos investigadores —uno en Italia y el otro en Nigeria— se reunieron en ResearchGate. Juntos descubrieron la existencia de una levadura patógena en Nigeria: después de su reunión en línea, el investigador italiano, Orazio Romeo, que estaba siguiendo la pista de la levadura específica en todo el mundo, pero no podía darse el lujo de viajar mucho, recibió muestras de la levadura de Emmanuel Nnadi, microbiólogo de la Universidad de Jos, Nigeria. Posteriormente publicaron su trabajo en Medical Micology y luego en ResearchGate. [1]

Investigadores colaborando

Abrir canales de comunicación es particularmente importante para científicos de países en desarrollo

Flickr/X.Fonseca, CIMMYT

Estos sitios también ofrecen exposición a los científicos y “la oportunidad de recibir comentarios de la comunidad internacional de expertos”, afirma Bengsch.

Si estos ejemplos van a ser la regla y no la excepción, tienen que darse cambios en la forma en que los científicos usan las redes sociales. En primer lugar, se necesita que más gente se suscriba. “Estos sitios pueden contribuir a la ciencia, pero la gente no está al tanto de ellos”, dice Sanjay Batra, investigador científico principal del Instituto Central de Investigación de Medicamentos en Lucknow, India, que participó en los proyectos de Descubrimiento de Fármacos para la Malaria y Tuberculosis con Código Abierto (OSDD por sus siglas en inglés).

Para muchos científicos de los países en desarrollo, el factor limitante es la conectividad. “Los investigadores tienen escaso acceso a Internet regularmente”, explica Gauchan.

Otros dicen que tienen que convencer a sus empleadores de que las redes sociales se pueden usar para el trabajo y no solo para jugar. Con frecuencia “los sitios están bloqueados en las oficinas porque la gente siente que se entusiasman con otros datos, con interactuar con amigos personales en lugar de hacer el trabajo científico”, precisa Batra.

Encontrar ‘núcleos de actividad’

Luego de generar una comunidad importante, el siguiente problema es convertir una base de usuarios mayormente pasivos en participantes activos. Todd describe cómo “en muchos casos estos sitios son lugares a los que se suscriben y cuentan con millones de usuarios y prácticamente nadie hace algo”. Aparte de unos cuantos nodos de charla densa, muchos sitios son simplemente depósitos de información.

Sudarsan Tamang, profesor asistente de la Universidad Sikkim, de la India, cree que ello podría ser resultado de la vastedad del campo científico, y la dificultad de crear espacios productivos para un nicho de investigadores.

“Alguien como yo, que trabaja con nanocristales semiconductores, no puede tener demasiado entusiasmo por hacer amigos en línea con quienes trabajan en teorías de cuerdas o universos paralelos; incluso si nos conocemos, y si es puramente por un fin social, puede que este científico de teoría de cuerdas ya sea mi ‘amigo’ en Facebook”, puntualiza Tamag.

La solución es que las comunidades se unan para resolver problemas bien definidos.

“Es una falacia que los productos de código abierto surjan espontáneamente; por lo general hay núcleos de actividad derivados de trabajos financiados ante lo cual responde la comunidad”, dice un artículo sobre el experimento de la esquistosomiasis, del que Todd es coautor. Desde entonces ha participado en otros proyectos de código abierto en malaria y tuberculosis.

Batra, quien revisó uno de los sitios de OSDD sobre malaria, describe la actividad en línea como “fructífera” y “significativa”. “Dado que los objetivos son mucho más definidos, es mucho más científico”, afirma.

Nuevas mediciones

El obstáculo más grande, sin embargo, es el secreto que envuelve al proceso científico, con científicos temerosos de que se roben sus ideas antes de que sean publicadas formalmente.

A diferencia del sitio de OSDD, incluso un usuario avanzado de Mendeley, como Stiban de la Universidad de Birzeit “nunca ha visto algo inédito o prematuro” en el sitio. La comunidad científica es muy competitiva, reconoce, “y si se comparte algo demasiado pronto puede ser objeto de apropiación muy fácilmente”, precisa.

Del mismo modo, Susan Varghese, estudiante de doctorado de la Universidad Pondicherry en el sur de India, dice que la ciencia académica india se realiza a puerta cerrada. “Discutir tu investigación con otros científicos sería la última razón para reunirnos” en un sitio de redes sociales, admite.

Mendeley y ResearchGate están desafiando esos hábitos que ya son costumbre. El mes pasado, ResearchGate lanzó el Score RG, una medición que evalúa cómo se compromete la comunidad en línea con un producto de investigación académica. La herramienta tiene como objetivo permitir que los investigadores “conviertan todo su trabajo en una fuente de reputación”, así sea “incipiente, negativo o con datos inconclusos”. La puntuación se redondea basándose en la calidad de los insumos de los usuarios, el tipo de interacción y el calibre de las redes sociales.

Leslie Chan, profesor principal de la Universidad de Toronto, Canadá, y director asociado de Bioline Internacional, organización sin fines de lucro que ofrece acceso abierto a revistas editadas en los países en desarrollo, ve una promesa en las aplicaciones que evalúan el impacto científico.

“Ahora yo puedo usar [las puntuaciones en línea del impacto de la investigación] para mostrarle a los financistas o a mi jefe que las cosas que hago por ahí no son frívolas, porque en realidad hay gente que las está usando, hablando sobre eso, mensajeándolas, citándolas y difundiéndolas”, señala.

En última instancia, se espera que compartir el trabajo que tradicionalmente se realiza a puerta cerrada permita un proceso más transparente y acelere el ritmo del descubrimiento... si las redes sociales logran ganarse la confianza de los científicos.

 



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