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  • Revistas ‘cuestionables’ engañan a científicos

Ciertas ‘revistas’ trabajan para lucrarse, no realizan revisión por pares y están dirigidas a científicos del mundo en desarrollo, dice Yojana Sharma.

Bajo la presión por publicar para avanzar en sus carreras, muchos científicos, especialmente en los países en desarrollo, están en riesgo de ser presas de un creciente número de revistas de baja calidad y pobre ética que adoptan prácticas dudosas y deshonestas para obtener rápidas ganancias.

En un artículo publicado en Nature en setiembre, Jeffrey Beall, bibliotecario de la Universidad de Colorado, en Denver,  Estados Unidos —quien monitorea revistas ‘sospechosas’ en su blog Scholarly Open Access— dice que algunos editores explotan el modelo de acceso abierto al pedirles a los autores un pago para aparecer en revistas “cuestionables y claramente de baja calidad”. [1]

DE UN VISTAZO

  • Ciertas revistas se aprovechan de los investigadores, les piden dinero y no brindan adecuada revisión por pares
  • La presión por publicar lleva a los científicos, especialmente en países en desarrollo, a optar por esas revistas
  • Se requiere investigar y regular para garantizar la adecuada revisión por pares, según expertos

Beall afirma que lo que él llama “revistas depredadoras” son “deshonestas y carentes de transparencia. Pretenden embaucar a los investigadores, especialmente a aquellos sin experiencia en la comunicación académica”. Muchas de esas revistas aceptarán casi cualquier artículo en la medida que los autores paguen las tarifas.

Mientras que las revistas de acceso abierto son de gran ayuda para los investigadores de los países en desarrollo y las bibliotecas de investigación, las publicaciones depredadoras y de escasa calidad “están por debajo del radar de todos”, dice a SciDev.Net Kenneth Foster, profesor de bioingeniería de la Universidad de Pennsylvania, Estados Unidos.

Foster comenzó a interesarse por estas revistas en la India, conjuntamente con la Sociedad de Valores Científicos (SSV por sus siglas en inglés), un organismo de control independiente del país con sede en Nueva Delhi, después de que su primera investigación fuera plagiada y mal usada.

Deslealtad como principio

Por lo general, los científicos empiezan a sospechar de las revistas una vez que sus trabajos han sido plagiados en ellas, o cuando sus nombres aparecen integrando los consejos editoriales sin su conocimiento o permiso.

Las revistas que causan particular preocupación son las que cobran a los autores por publicar sus artículos sin una revisión por pares o edición de alta calidad, de modo que las investigaciones plagiadas, recicladas o falsas no son eliminadas. A menudo ostentan “nombres que suenan importantes”, señala Foster, que generalmente comienzan con ‘internacional’, ‘británico’ o ‘americano’ para ganar prestigio, sin importar si en realidad tienen esos vínculos.

No hay términos internacionalmente aceptados para describir tales revistas. Después de todo, investigación de baja calidad o falsa aparece ocasionalmente en revistas prestigiosas, a pesar del fuerte énfasis que ponen en la revisión por pares. E “incluso revistas por suscripción tienen ‘oportunistas’ que hacen poca o ninguna revisión por pares”, señala Stevan Harnad, profesor de ciencia cognoscitiva en las universidades de Quebec, en Canadá, y Southampton, en el Reino Unido.

Sin embargo, cualquiera sea el término que se use para referirse a ellas —baja calidad, cuestionables, falsas o depredadoras— estas revistas usan prácticas poco éticas.

Algunas de las que tienen bajo estándar de calidad “cuentan con comités editoriales que suenan genuinos; sin embargo un examen más detallado puede revelar que no son expertos en el campo al que se dedica la revista”, puntualiza Iván Oransky, cofundador de Retraction Watch, blog que rastrea las retracciones de las revistas científicas derivadas de mala conducta.

A diferencia de las revistas con fines de lucro que realizan adecuada revisión por pares, las de menor calidad aceptan cualquier artículo que se les ofrece

Flickr/Nic's events

Más que sumar conocimientos, “esto es solo negocio”, dice el presidente de SSV, Kasturi Chopra.

Pero a diferencia de las revistas con fines de lucro que realizan una adecuada revisión por pares, muchas revistas de baja calidad aceptan cualquier artículo que se les ofrezca, rastreando materiales mediante correos electrónicos no solicitados o extrayendo listas de los participantes en conferencias.

Presión para publicar

Los investigadores jóvenes de los países en desarrollo pueden ser presas fáciles. La presión para publicar ha crecido sustancialmente debido a que el avance de sus carreras depende de eso: las publicaciones pueden embellecer una solicitud de empleo.

La Comisión Nacional de Universidades de Nigeria (NUC por sus siglas en inglés) insiste en que los profesores publiquen en revistas académicas extranjeras para convertirse en profesores, dice Farooq Kperogi, comunicador académico en la Universidad Estatal Kennesaw de Georgia, Estados Unidos, que ha escrito en los diarios de Nigeria sobre las revistas sospechosas.

Hace unos años, una encuesta de la NUC encontró que el 23 por ciento de los artículos de una muestra de hojas de vida de académicos nigerianos había sido publicado en revistas de calidad inferior con sede en Nigeria y el extranjero.

Aunque la NUC no definió lo que considera calidad inferior, señaló a una revista en la que alrededor del 90 por ciento de los artículos de cada edición habían sido escritos por los docentes de una universidad, con “unos cuantos amigos” de otras universidades para “dar la apariencia de difusión".

“Los investigadores de Nigeria son las víctimas desproporcionadas de estas estafas editoriales”, dice Kperogi a SciDev.Net. Confiesa estar sorprendido por la falta de concientización en Nigeria acerca de estos fraudes que ofreciendo ‘gato por liebre’ atraen a los científicos para que envíen un artículo, y solamente después se les informa que hay un cargo por la publicación.

A menudo los investigadores no se dan cuenta que están siendo engañados, continúa. “De hecho, en los círculos académicos de Nigeria está muy arraigada la hipótesis de que mientras más alta sea la tarifa [cobrada por la revista], mayor es su calidad”, afirma.

Sospecha en Pakistán

Isa Daudpota, académico pakistaní que investigó el tema en su país natal cruzando los nombres de los científicos de los comités editoriales y contactándolos por correo electrónico para ver si sabían que figuraban como tales, dice que ha descubierto casos de “uso de revistas falsas”, algunas aprobadas incluso por la Comisión de Educación Superior de Pakistán (HEC por sus siglas en inglés).

Esas revistas pueden exigir pagos elevados para la pronta publicación del material sin una adecuada revisión por pares ni edición, y pueden incluir los nombres de prominentes académicos internacionales sin su conocimiento. Cuando fueron alertados, los académicos “se horrorizaron de encontrar que sus nombres habían sido usados”, remarca.

Raghavendra Rau, profesor de finanzas en la Escuela de Negocios Judge de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, dijo que se enteró por sus colegas que su nombre estaba siendo usado en una revista.

Daudpota ha investigado el tema mediante verificación cruzada de nombres de académicos de consejos editoriales y contactándolos por correo electrónico

Flickr/Nic's events

En otro caso, un académico tomó medidas para cerrar un sitio web, aunque Daudpota cree que esto debería dejarse a la HEC.

A veces, subraya Daudpota, las revistas y los académicos se usan uno al otro. “Puede ser un atajo para promoción y privilegios. Algunos editores y autores que han estado asociados con revistas falsas han ganado recompensas financieras, incluyendo honores y promociones nacionales”.

Por su parte, la HEC ha señalado que investiga “todas las denuncias que se reciben”.

Lucha por la calidad

China parece ser el hogar del mayor número de revistas cuestionables y de baja calidad.

La mayor parte de revistas chinas se publican bajo los auspicios del Estado y algunas empezaron a surgir fuera del país colocando unas cuantas noticias en inglés para reforzar la aparición de académicos chinos en ‘publicaciones internacionales’.

China ahora dice que lleva a cabo inspecciones anuales de sus revistas y está impulsando la calidad mediante inversiones en estándares editoriales.

Pero Cao Xingion, profesor asociado en la Escuela de Derecho de la Universidad Zhejiang de Hangzhou, que ha analizado la mala conducta académica en China, afirma que algunas revistas de calidad inferior pagan a los evaluadores académicos para obtener una puntuación más alta en las inspecciones.

En África los bibliotecarios universitarios están participando en la batalla para mantener la calidad.

“Nos aferramos a las principales revistas con niveles obvios de calidad”, sostiene Nasra Gaathoni, presidente de la Asociación de Bibliotecas e Información de Salud en África, con sede en Nairobi, Kenia. “En nuestra situación, siempre tratamos de involucrar a la facultad. Ellos nos pueden asesorar sobre la calidad en nuestras disciplinas”, añade.

Libertad versus regulación

En todo el mundo, la necesidad de regulación, particularmente en el ámbito nacional, está ampliamente reconocida. Sin embargo, las revistas no pueden cerrarse simplemente sobre la base de unas cuantas sospechas, precisa Foster. Si tienen un Número Internacional Normalizado de Publicaciones Seriadas (ISSN por sus siglas en inglés), son legales. “Existen temas reales de propiedad intelectual”, anota.

Algunos investigadores dicen que es riesgoso confiar en las alertas de correo electrónico de los académicos preocupados. Las publicaciones éticas podrían ser incluidas en esas listas, de manera inadvertida o maliciosamente.

Entonces, ¿qué se puede hacer?

La mayoría de los entrevistados para este artículo afirma que los organismos reguladores como la Comisión de Becas Universitarias en la India, la NUC en Nigeria y la HEC en Pakistán deberían emitir consejos para que las universidades puedan actuar posteriormente, sea interrumpiendo o mejorando la calidad de las revistas que pertenecen a la universidad.

Chopra sostiene que los ministerios y las agencias de cooperación deberían tener sus propias listas negras e insiste en que los científicos publiquen solamente en revistas legítimas como una condición para el financiamiento, lo que a su vez plantea nuevamente la cuestión de definir ‘legítimas’ y ‘calidad inferior’.

Daudpota en Pakistán va más allá.

"La HEC debe investigarlas enérgicamente y luego conseguir que esas revistas sean sacadas de la web; obligar a los académicos pakistaníes asociados como editores o colaboradores a cortar sus conexiones inmediatamente y eliminar la mención de tales publicaciones de sus hojas de vida”, propone. 

“Deben quitárseles los beneficios — financieros y profesionales— obtenidos a través de tales publicaciones. Los peces gordos en particular necesitan ser enjuiciados en un tribunal de justicia”, concluye.

 

Referencias

[1] Nature doi:10.1038/489179a (2012)