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  • Energía para todos: un enfoque de acción conjunta

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El acceso universal a servicios energéticos es técnicamente posible, pero requiere nuevos enfoques, dicen Kandeh Yumkella y Morgan Bazilian.

Alrededor de 1.500 millones de personas en el mundo en desarrollo no tienen acceso a electricidad y unos 2.500 millones dependen de biomasa tradicional, como madera, para emplearla como combustible, de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía.

La falta de acceso a servicios de energía asequible, limpia y confiable dificulta el desarrollo humano, social y económico y es un gran impedimento para alcanzar las Metas de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas.

Pero los esfuerzos actuales por cubrir esta ‘brecha energética’ son insuficientes en escala y alcance. Si continuamos haciendo lo mismo, la cantidad absoluta de personas que no tienen acceso a servicios modernos de energía no bajará en las próximas décadas, lo que es un resultado inaceptable.

Los obstáculos para el acceso a la energía no son técnicos: sabemos cómo construir sistemas de energía, diseñar buenas cocinas y hacer frente a la demanda de energía de manera eficiente.

Lo que necesitamos es un compromiso global para poner el acceso a la energía en lo alto de las agendas políticas y de desarrollo, de manera que se convierta en una prioridad clave.

Igualmente importante es entender que las intervenciones deben ser guiadas por la conciencia sobre las situaciones y necesidades particulares de las comunidades locales.

Y debemos enfatizar que el acceso universal a la energía presenta una nueva oportunidad de mercado, pero una que necesita el apoyo correcto para prosperar.

Actividades para construir

Varios programas están empezando a estimular el apoyo al acceso a la energía en estas líneas, como aquellos que llevan a cabo instituciones financieras internacionales, agencias de las Naciones Unidas, organizaciones No Gubernamentales y empresas del sector privado.

Un ejemplo es la campaña Iluminar Mil Millones de Vidas, en el estado de Bengala Occidental, que busca reemplazar lámparas de keroseno y parafina por faroles solares en zonas rurales. Esta campaña, liderada por el Instituto de Energía y Recursos de India, muestra las oportunidades para movilizar la participación de la industria en el desarrollo.

Otra de las grandes campañas es Luz para África, una iniciativa del Grupo del Banco Mundial que tiene como fin darle acceso a energía asequible, segura y confiable a unas 250 millones de personas para 2030.

Y Acción contra la Pobreza de la Energía, una iniciativa conjunta del Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible, el Consejo Mundial de la Energía y el Foro Económico Mundial, apunta a mostrar enfoques orientados a los negocios para dar energía moderna a las comunidades.

Soluciones financieras innovadoras como aquellas usadas por Grameen Shakti y SELCO en Bangladesh e India también brindan antecedentes importantes, pero requieren de una enorme redimensión.

Es esencial que estos programas estén bien alineados y sean apoyados por las políticas nacionales. Un reciente informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) mostró que 68 países en desarrollo han establecido metas de acceso a la electricidad. Lograrlas requerirá capacidad de desarrollo, mejores estructuras de gobierno y regulación y, algo no menor, apoyo financiero.

Aquellos que trabajamos en organizaciones internacionales debemos apoyar el desarrollo e implementación de estos planes y metas nacionales y regionales.

La cuestión monetaria

Son muchas las implicaciones financieras del acceso universal a la energía, pero no son abrumadoras si las ponemos en el contexto de los grandes beneficios. La Agencia Internacional de Energía estima que asegurar el acceso universal a la electricidad requeriría unos US$800 mil millones en las próximas dos décadas, es decir, unos US$40 mil millones por año, o diez por ciento de toda la inversión anual del sector energético.

Pero calcular los requerimientos de inversión para cambiar a combustibles modernos, donde hay decisiones como la elección de combustible, la cultura local y los temas de género, es más difícil. En este caso, será necesario un conjunto de mecanismos financieros que pongan especial atención en abordar una serie de riesgos reales y potenciales.

La realidad es que tanto para la electricidad como para los combustibles modernos, hay requerimientos y ambientes de inversión variados y complejos.

Poniendo a trabajar a la energía

Aumentar el acceso a la energía no es simplemente brindar luz o mejores cocinas. Para promover el desarrollo económico y el crecimiento, también hay que poner a los servicios de energía a trabajar en la creación de riqueza, brindando energía a los negocios y mejorando la atención de salud, la educación y el transporte.

La experiencia ha mostrado repetidamente que los esquemas de subsidios ineficientes no pueden sostenerse a largo plazo y no abordan efectivamente estos temas. Por ejemplo, la electricidad gratuita para los agricultores en algunos estados de India ha generado un enorme déficit gubernamental, irrigación ineficiente y falta de financiamiento para aumentar la electrificación, mejorar las plantas de energía y las redes eléctricas en otras partes.

Mientras que las buenas políticas tarifarias y regulatorias son fundamentales, los gobiernos deberían primero enfocarse en crear infraestructuras viables, fortalecer capacidades humanas e institucionales, incentivar a las empresas públicas y del sector privado a brindar electrificación y crear condiciones favorables para la inversión a largo plazo.

Una nueva dirección

La Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), junto a nuestros socios, priorizó el acceso a la energía en nuestra conferencia sobre energía realizada en Viena el año pasado, enfatizando la necesidad tanto de aumentar el reconocimiento internacional sobre los aspectos del acceso, como de un marco internacional robusto que articule claramente las metas de acceso a la energía.

Esto debe ser complementado con la implementación de directrices detalladas, mecanismos para mejorar la inversión en acceso a la energía y capacitación dentro del país en los sectores político, gubernamental, tecnológico, financiero y operacional.

Como reconoció el Foro de Ministros de Energía en África en 2007, lograr esto significa “reemplazar la lista ideal de proyectos existentes por proyectos financiables, instaurando políticas regulatorias que mejoren el atractivo de invertir en el país y estableciendo instituciones que tengan roles claros y recursos suficientes”.

La importancia del acceso universal a la energía está ganando reconocimiento rápidamente. Ahora debemos usar este consenso para ampliarlo hacia modelos efectivos existentes y crear nuevas formas de destrabar las enormes oportunidades.
 

Kandeh Yumkella es director general de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI).

Morgan Bazilian es consejero especial del director general de ONUDI sobre energía y cambio climático.

Esta opinión está basada en un artículo publicado en Making It: Industry for Development
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