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  • Bioeconomía, una encrucijada para el mundo en desarrollo

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La bioeconomía abre oportunidades para el desarrollo de Latinoamérica, pero también conlleva riesgos de distinto tipo, dice Federico Vasen.

La bioeconomía se presenta como una nueva esperanza para el desarrollo de América Latina, que traerá crecimiento económico, impulsará la industrialización y la demanda de empleo calificado. Brasil y Argentina se cuentan, junto a otras potencias emergentes, como India y China, entre los actores clave de la bioeconomía global.

DE UN VISTAZO

  • La bioeconomía se presenta como una oportunidad de crecimiento económico para América Latina
  • Ventajas como impulsar las capacidades locales de I+D pueden contraponerse a la generación de conflictos sociales
  • Para que sea una aliada de los países emergentes, la bioeconomía debe insertarse en una política de desarrollo socioeconómico más amplia

Otros países de la región, como Colombia, Paraguay y Chile, ya participan en este nuevo mercado y podrían consolidar o ampliar su posición en él.

‘Bioeconomía’ es un concepto que se acuñó en el ámbito de organismos internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Unión Europea (UE) para designar un sistema económico en el cual una parte sustancial de la producción depende del uso y el desarrollo de materiales biológicos.

Para la bioeconomía, ciertos sectores económicos como la biotecnología y las industrias alimentaria, agropecuaria, forestal y pesquera se vuelven estratégicos.

Efectivamente, son varios los motivos por los que la bioeconomía presentaría una oportunidad para los países en desarrollo. Sin embargo, no hay que perder de vista sus riesgos potenciales, los que pueden llevar incluso a que iniciativas de la bioeconomía no sirvan para los objetivos de desarrollo socioeconómico que motivan a sus impulsores.

Un impulso a la I+D+i

Los países en desarrollo tienen una amplia disponibilidad de los recursos naturales necesarios para un desarrollo económico basado en productos biológicos. De ahí que el desarrollo de los sectores ligados a la bioeconomía podría impulsar las capacidades locales de investigación y desarrollo e innovación (I+D+i).

Un ejemplo en marcha en gran parte de América Latina es el desarrollo de un modelo agrario basado en las biotecnologías y los cultivos genéticamente modificados (GM) para mejorar la productividad agrícola.

La bioeconomía les ofrece además el potencial de modificar el perfil de sus exportaciones, incluyendo productos con mayor valor agregado.

Así se plantea la posibilidad de que, a través de una modificación genética, especies vegetales y animales produzcan sustancias de interés comercial. Este es el caso de la vaca Pampa, desarrollada en Argentina, que produce en su leche la hormona de crecimiento humano. Otro ejemplo son las investigaciones del instituto brasileño EMBRAPA para desarrollar una lechuga transgénica que contenga mayor cantidad de ácido fólico.

En el área forestal, la empresa brasileña Suzano, avanza en conseguir la aprobación de una variedad de eucaliptus GM, que crece más rápido y produce más celulosa.

En el campo energético, el potencial está en el ámbito de la producción de energía a partir de biomasa y el desarrollo de la industria de los biocombustibles, lo que permite reducir el uso de combustibles fósiles y las emisiones de gases de efecto invernadero.

Un ejemplo es el programa PROBIOMASA, lanzado en 2012 por Argentina para promover la instalación de biorrefinerías que produzcan energía eléctrica a partir de leña y residuos de la industria forestal. Para 2015 se espera ampliar la participación de la biomasa en la matriz energética nacional del 3,5 por ciento al 10 por ciento. Estos avances evitarán la emisión de 9,5 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera y generarán 60.000 puestos de trabajo.

También el desarrollo de biocombustibles se presenta como una oportunidad estratégica en el sector energético. Brasil fue pionero en el mercado del bioetanol, y es hoy uno de los líderes en producción, investigación y transferencia de tecnologías asociadas.

Riesgos sobre la mesa

Pero más allá de sus beneficios, la bioeconomía también plantea riesgos. La adopción de los cultivos GM en América Latina ha sido muy alta a nivel de los productores agropecuarios, pero ha generado numerosos conflictos sociales.

A diferencia de lo que sucede en Europa, en América Latina, en tanto región predominantemente productora, las controversias no han estado ligadas a los riesgos del consumo de OGM, sino a sus condiciones de producción.

En este sentido, y a partir de estudios de caso en Argentina, Brasil, Chile y Paraguay, un dossier publicado en marzo por la revista Technology in Society [1], da luces sobre los desafíos que enfrenta Latinoamérica al entrar en la arena de la bioeconomía. Estos cruzan ámbitos como la participación pública, la producción de conocimiento científico, las regulaciones y la gobernanza.

Se llama la atención, por ejemplo, sobre el creciente uso de agroquímicos impulsado por los cultivos modificados genéticamente para resistirlos.

En Argentina, por ejemplo, vecinos, médicos y científicos, nucleados en el colectivo Paren de Fumigar han cuestionado la fumigación extensiva y resaltado posibles efectos nocivos sobre la salud del glifosato, el herbicida más usado.

Desde estos sectores denuncian el proceso de concentración de la propiedad de la tierra y el surgimiento de un modelo de agronegocios que podría dañar el medioambiente y desplazar la forma de vida tradicional de las poblaciones rurales. A su vez, denuncian que las exportaciones argentinas siguen primarizadas, sin agregado real de valor.

El marco de protección de la propiedad intelectual también puede generar un riesgo a nivel económico. Una protección excesiva podría aumentar el costo de las innovaciones desarrolladas por empresas transnacionales para los actores locales, mientras uno muy débil podría facilitar el acceso a la tecnología a más bajo costo, pero limitar las capacidades locales de innovación. En este sentido, las promesas de la bioeconomía de impulsar la I+D+i pueden no cumplirse si no se piensa un marco regulatorio adecuado.

Buscando el equilibro

Para que la bioeconomía pueda ser una aliada de los países emergentes es necesario que su desarrollo sea impulsado en forma integral y en relación a las necesidades nacionales y regionales.

Es necesario contar con una estructura adecuada de derechos de propiedad intelectual, que beneficie a las empresas innovadoras locales antes que a las grandes corporaciones.

También debe insertarse en el marco de una política de desarrollo socioeconómico más amplia, que sea discutida y cuente con legitimidad social.

Por último, el Estado tiene un rol imprescindible para equilibrar las múltiples dimensiones en tensión: el estímulo de las bioindustrias innovadoras locales, el resguardo de la biodiversidad y la protección de la salud de la población.

En el mundo de la bioeconomía, los intereses de los bloques regionales y las corporaciones siguen presentes, y solo con una estrategia que los reconozca y los desafíe, los países en desarrollo podrán insertarse virtuosamente en el nuevo orden mundial que se está estableciendo.

Federico Vasen es investigador posdoctoral en el Instituto de Estudios sobre la Ciencia y la Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes, Argentina. Se especializa en el análisis de políticas de ciencia, tecnología y educación superior.

 

Referencias

[1] Technology in Society. The multifaceted struggle for power in the bioeconomy (special issue)

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