01/07/26

Latinoamérica requiere ciencia para pasar a la economía azul

Ciencia economia azul
La economía azul debe mejorar las oportunidades económicas y las condiciones de vida de las comunidades costeras, incluyendo su seguridad alimentaria y resiliencia climática. Crédito de la imagen: L.Miguel Bugallo Sánchez/Wikimedia Commons, bajo licencia Creative Commons CC BY-SA 3.0 Deed

De un vistazo

  • IA, biotecnología y teledetección son algunas tecnologías necesarias para lograr una economía azul
  • El desarrollo económico debe incluir mejora de ingresos para comunidades costeras
  • Urge investigación para medir si los proyectos de economía azul benefician a las comunidades

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[CIUDAD DE MÉXICO, SciDev.Net] A pesar de su riqueza en ecosistemas marinos, la región aún está lejos de contar con la ciencia, la innovación y los datos que permitan aprovecharlos de manera sustentable para su desarrollo económico revela el nuevo Informe regional sobre Economía Azul Sostenible publicado por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF).

Según distintos especialistas en economía azul –como se llama al uso sostenible de los recursos oceánicos para el crecimiento económico–, el reporte es oportuno y necesario porque ofrece una visión regional integrada de este sector. Sin embargo, reconocen que hay múltiples desafíos para lograrla en Latinoamérica, que invierte alrededor del 0,6 por ciento de su PIB en investigación y desarrollo.

El reporte define Economía Azul Sostenible (EAS) como “un marco integral en el que el océano se reconoce como ecosistema único y bien común, cuya gestión responsable permite conjugar prosperidad económica, equidad social y resiliencia ambiental”.

Un aspecto para lograrlo, dice el documento, es la ciencia y la tecnología enfocadas en los recursos marinos: desde el uso de herramientas como la teledetección, la inteligencia artificial (IA) y el análisis de big data para combatir la contaminación marina, la pérdida de especies y pesca ilegal, hasta la biotecnología para explorar los recursos genéticos marinos para aplicaciones farmacéuticas y biotecnológicas.

Según el reporte, la ciencia también es necesaria para responder a problemas como la sobrepesca, la acidificación de los océanos, la pérdida de hábitats y la contaminación marina, a la que la región aporta cerca del 12 por ciento de la contaminación plástica mundial.

La investigación es necesaria también para contrarrestar los efectos del cambio climático como las olas de calor marino que, según el documento, entre 2023 y 2024 provocaron el blanqueamiento generalizado de los corales y dejó sólo el 18 por ciento de los sitios evaluados en buenas condiciones.

“Somos un continente que es muy vulnerable al cambio climático. Necesitamos desarrollar nuevas tecnologías de forma local y para ello mejorar la integración de sectores de impacto. La ciencia fundamental es la base de todo”, dijo a SciDev.Net la oceanógrafa Camila Fernández Ibáñez, investigadora en el Centro de Investigación Oceanográfica COPAS Sur-Austral de la Comisión Nacional Científica y Tecnológica de Chile, quien no participó en el informe.

“También necesitamos multiplicar los hubs tecnológicos en la región para que los avances científicos puedan madurar y concretarse en soluciones basadas en la naturaleza”, agregó.

A pesar de lo que falta, el documento también destaca algunos avances regionales como el aumento en la protección a las ecorregiones marinas, con un 27,41 por ciento de cobertura actual; el crecimiento del turismo marítimo y costero sostenible, que en 2023 generó más de 110.000 nuevos empleos en la región; así como un potencial técnico excepcional para generar energía renovable marina, en particular la eólica.

“El éxito debe evaluarse también por la mejora en los ingresos, la seguridad alimentaria, la resiliencia climática y las oportunidades económicas para pescadores artesanales, mujeres, jóvenes y comunidades costeras. Una economía azul exitosa debe ser también una economía azul inclusiva”.

Laura Canevari, directora y fundadora de ITACA Solutions

Para Laura Canevari, directora y fundadora de ITACA Solutions, consultora enfocada en el desarrollo de capacidades frente al cambio climático del Caribe, “estos avances sólo representan una verdadera economía azul si generan beneficios para las comunidades costeras y si se conservan los ecosistemas marinos”, dijo a SciDev.Net.

La expansión de áreas marinas protegidas, el crecimiento del turismo sostenible, los mercados de carbono azul, la restauración de manglares y arrecifes, así como el desarrollo de energías marinas renovables son señales positivas, pero insuficientes, destacaron los especialistas consultados por SciDev.Net.

“No basta con medir hectáreas protegidas o inversiones movilizadas”, dijo Canevari. “El éxito debe evaluarse también por la mejora en los ingresos, la seguridad alimentaria, la resiliencia climática y las oportunidades económicas para pescadores artesanales, mujeres, jóvenes y comunidades costeras. Una economía azul exitosa debe ser también una economía azul inclusiva”, agregó.

Conocer para planificar

Otro de los aspectos esenciales que destaca el reporte, así como los especialistas, es la necesidad de contar con investigación y datos sobre ecosistemas clave como manglares, arrecifes coralinos, pastos marinos, pesquerías, biodiversidad marina, carbono azul y los impactos del aumento del nivel del mar, el calentamiento oceánico y fenómenos como el sargazo.

De acuerdo con Simone Pisu, consultor independiente en gestión del ambiente marino para América Latina y El Caribe, sin esa información, la región puede tener avances en economía azul, pero de forma desordenada y sin una planificación espacial marina.

“Ningún país de la región tiene una planificación marina. Lo que tenemos son distintos sectores atomizados –pesca, acuicultura, transporte, turismo- cada uno jalando agua para su molino. La economía azul propone un paradigma distinto: una gobernanza multisectorial, una visión integral que genere desarrollo económico, pero no a costa de la biodiversidad, sino poniéndola en el centro”, dijo Pisu a SciDev.Net.

Planificar el espacio marino requiere conocimiento y, de acuerdo con Pisu, todavía no existe conocimiento generalizado para manejar la cantidad de dinero disponible para el segmento azul.

Por ejemplo, en los últimos cuatro años el CAF ha invertido US$ 952 millones para apoyar proyectos que buscan preservar la salud de los océanos y promover una economía azul sostenible. En junio de 2025 anunció que aportará otros US$ 2,500 millones a la región hasta 2030.

Pero Pisu dice que antes de destinar más recursos a proyectos aislados, deberían construirse las condiciones habilitantes para planear a largo plazo: “no podemos trabajar sin conocimiento, necesitamos primero una escuela azul”.

Para Fernández Ibáñez la planificación es clave: “es muy importante establecer hojas de ruta coherentes con la realidad regional. La región está lista para coordinar mejor sus sistemas de observación, pero es importante incrementar la cantidad de datos para mejorar la gestión de operaciones marítimas. Es momento de potenciar la oceanografía costera y operacional de forma coordinada”.

De acuerdo con Pisu, una gestión basada en ecosistemas requiere datos no sólo ambientales, también económicos y sociales. Hay ejemplos como Chile, con plataformas actualizadas de datos pesqueros y biodiversidad o Perú que ha finalizado su banco de hábitats.

“Ahora necesitamos una gobernanza multisectorial suficientemente sólida donde pueda confluir toda esa información con la que cuenta la región y podamos decir: ‘estos somos, esto tenemos y para allá debemos ir’”, subrayó.

Canevari señaló que una de las mayores brechas en la región es la falta de sistemas robustos para medir el impacto real de las inversiones y proyectos de economía azul. “Necesitamos investigación que nos ayude a desarrollar mejores indicadores de resiliencia, bienestar comunitario, generación de empleo, seguridad alimentaria y salud de los ecosistemas”.

“Muchas veces sabemos cuánto dinero se invirtió o cuántas hectáreas se restauraron, pero no necesariamente si las familias costeras son más resilientes, si los pescadores tienen mejores ingresos o si los ecosistemas están recuperando sus funciones ecológicas. La próxima generación de ciencia para la economía azul debe ayudarnos precisamente a cerrar esa brecha entre la inversión y el impacto real”, concluyó Canevari.

Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net