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El uso excesivo de agroquímicos en los campos está comprometiendo el futuro de las abejas, desencadenando consecuencias que pueden ir más allá de los aspectos ambientales pues estos insectos polinizan los principales cultivos del mundo. Se estima que el 75 por ciento de la alimentación humana depende directa o indirectamente de la acción de los insectos polinizadores.
 
Estudios recientes ponen de manifiesto diversos riesgos para las poblaciones de algunas especies de abejas asociados al uso de esas substancias.
 
Mientras muchos países en la Unión Europea han restringido el uso de los agroquímicos, debido a sus efectos nocivos para las abejas —entre otros problemas ambientales y para la salud— en Brasil, se ha aprobado el uso de casi 300 plaguicidas para una amplia gama de cultivos, desde que Jair Bolsonaro asumió la presidencia del país en enero de 2019, según reportes de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria.

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El uso excesivo e indiscriminado de agroquímicos conlleva diversos riesgos para las abejas.

El objetivo de las autorizaciones sería satisfacer a la llamada ‘bancada ruralista’, un frente parlamentario que actúa en defensa de los intereses de los terratenientes en el Congreso brasileño, que presiona por ‘ablandar’ los requisitos para el registro de nuevos agroquímicos. Precisamente, la ministra de agricultura, Tereza Cristina, nombrada por Bolsonaro responde a esos intereses.
 
Paralelamente, entre fines de 2018 y principios de este año, grupos de apicultores han encontrado más de 500 millones de abejas muertas en cuatro estados brasileños. Las asociaciones de apicultores y las secretarías de agricultura de esos estados sospechan que la causa es el uso generalizado de dos clases de pesticidas: fipronil y neonicotinoides, en cultivos en floración cercanos.

“Hay sectores en Brasil que todavía no reconocen el valor de los polinizadores en la producción de alimentos y su relevancia para la diversidad de los paisajes agrícolas; para ellos, los polinizadores son una amenaza a las empresas”.

Vera Lúcia Imperatriz-Fonseca - Instituto de Biociencias de la Universidad de São Paulo.

 
Los neonicotinoides son una clase de insecticidas derivados de la nicotina usados para controlar plagas agrícolas. Suelen aplicarse en las semillas de las plantas y pueden propagarse por toda su estructura, incluyendo flores, ramas, raíces e incluso el néctar y polen.
 
En años recientes muchas investigaciones han abordado los riesgos de los neonicotinoides para las poblaciones de abejas de todo el mundo, debido a que estos insectos son vitales para la producción global de alimentos al ser los polinizadores de las tres cuartas partes de todos los cultivos.

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Las abejas polinizan aproximadamente las tres cuartas de todos los cultivos.
Crédito: Natuurbeleven (con licencia CC BY-SA 4.0).

Y una investigación publicada hoy (5 de agosto) en Proceedings of the National Academy of Sciences verificó que las moscas y avispas que se alimentan de la melaza de las abejas expuestas a los neonicotinoides también pueden contaminarse, muriendo hasta en 3 días.
 
Hay más de 4.000 géneros y aproximadamente 20.000 especies de abejas distribuidas en diferentes regiones del mundo, que polinizan más del 90 por ciento de los 107 cultivos globales principales. Se estima que el valor de la polinización que ofrecen las abejas a la agricultura excede los US$200 mil millones anuales a nivel mundial.
 
Debido a sus proporciones continentales y ricos ecosistemas, Brasil posee hasta 5.000 de estas especies distribuidas en cinco familias. Además, 85 de los 141 cultivos brasileños dependen de las abejas como polinizadores. Los servicios de polinización generan un mercado de aproximadamente US$12 mil millones anuales.

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En el mundo hay más de 20.000 especies de abejas. En la foto una Apis mellifera.
Crédito: John Quine (con licencia CC BY-NC-SA 2.0).

“Las abejas promueven la polinización cruzada de vegetales por medio del transporte de polen de unas plantas a otras y así aumentan la diversidad genética de muchas especies y mejoran la producción de frutos y semillas”, ilustra la bióloga Adna Dorigo, investigadora del Instituto de Biociencias de la Universidad Estatal de São Paulo.
 
El asesino de las abejas
Respecto a la toxicidad de los neonicotinoides para las abejas, un artículo publicado en Science en 2017, que analizó 33 lugares de tres países europeos que usan este plaguicida, encontró que en Hungría el número de abejas obreras de las colonias cercanas a los cultivos de canola tratados con clotianidina —plaguicida perteneciente a los neonicotinoides— había  disminuido en 24 por ciento.
 
Otro estudio, realizado paralelamente por otro equipo de investigadores en Canadá y publicado en la misma edición de Science, encontró que las colonias de Apis mellifera expuestas a los neonicotinoides en campos de maíz durante cuatro meses también tenía menos abejas obreras e incluso algunas colmenas se habían quedado sin la reina.

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La organización dentro de la colmena puede verse afectada por algunos pesticidas evidencias algunos estudios.
Crédito: Cícero R. C. Omena (con licencia CC BY 2.0).

Por su parte el fipronil actúa sobre las células nerviosas de los insectos. Se usa comúnmente contra las plagas de los cultivos de manzanas, soja y girasol, y puede causar cambios de conducta en las abejas, como agitación, espasmos, temblores y parálisis.
 
Este pesticida es altamente tóxico para las abejas melíferas adultas derivadas del África (Apis mellifera L.), lo que conduce a una función motora deteriorada de estos polinizadores, según un estudio publicado el año pasado en Annals of the Brazilian Academy of Science.
 
Mortalidad a nivel mundial
Breno Freitas, ingeniero agrícola de la Universidad Federal de Ceará, dice que los pesticidas son solo uno de los varios factores identificados que afectan a las abejas en todo el mundo. Otros son la deforestación, urbanización, el cambio climático, cambios en el uso de la tierra, pérdida y reducción de hábitats, propagación de enfermedades, especies invasoras.

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La deforestación también afecta a las abejas y demás insectos polinizadores.
Crédito: CIFOR (con licencia CC BY-NC-ND 2.0).

“Todos estos [problemas] amenazan a muchos especies de abejas al mismo tiempo y aún no conocemos la extensión del problema sobre la población mundial de esos insectos”, concuerda Roberta Nocelli, bióloga del Centro de Ciencias Agrícolas de la Universidad Federal de São Carlos.
 
Ella remarca que “tan importante como saber cuál es el insecticida más dañino para las abejas es discutir cómo se están usando esos productos”. Y es que según Nocelli, la mayoría de casos de mortalidad de abejas reportados están vinculados directamente con uso inadecuado de plaguicidas.
 
Freitas precisa que la mayor parte de los casos de mortalidad de abejas registrados en el mundo incluyen a especies mantenidas en colmenas por los apicultores con el fin de producir miel. “Aunque para los apicultores esas pérdidas son desastrosas, se conoce muy poco sobre el impacto de los pesticidas en las poblaciones de abejas silvestres fuera de las colmenas”, señala a SciDev.Net.
 
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Los apicultores también enfrentan mortalidad de abejas en sus colmenas sin saberse si se debe a los plaguicidas usados en campos cercanos.
Crédito: Souss-Massa National Park (con liencia CC BY-SA 3.0).

Añade que es posible que “la situación de algunas especies silvestres sea estable, debido a que están en el bosque, donde no llegan los pesticidas, o tal vez peor de lo que se piensa, debido a que muchas tienen cortos radios de vuelo y tienden a construir sus nidos en zonas agrícolas”.
 
No todos los plaguicidas tienen los mismos efectos
Pero hay otro problema: incluso los pesticidas usados en la agricultura brasileña, considerados inocuos para algunas especies de abejas, podrían ser tóxicos para otras.
 
En un estudio publicado en marzo de este año en PLOS One, los investigadores evaluaron los efectos del dimetoato, usando como referencia internacional en las pruebas de toxicidad, sobre la especie Melipona scutellaris, una abeja sin aguijón de Brasil.

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Crías de Melipona scutellaris, abejas sin aguijón, que son muy sensibles al dimetoato.
Crédito: Cícero R. C. Omena (con licencia CC BY 2.0).

Las abejas sin aguijón polinizan cerca del 66 por ciento de las 1.500 especies de cultivos del mundo, lo que representa entre el 15 y 30 por ciento de la producción mundial de alimentos.
 
“Encontramos que una concentración letal capaz de matar el 50 por ciento de una población de Melipona scutellaris era 320 veces más baja que la que se necesita para matar a la especie Apis mellifera, especie cosmopolita adoptada en las pruebas de toxicidad para estimar los riesgos de contaminación para esos insectos en general”, refiere a SciDev.Net Adna Dorigo, una de las autoras del estudio.
 
Otra amenaza consiste en que algunas especies invasoras de polinizadores también pueden causar la desaparición o disminución de poblaciones de especies nativas como la Bombus dahlbomii, en Argentina.

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La abeja Bombus dahlbomii es una especie nativa de los Andes del sur amenazada por abejorros invasores.
Crédito: USGS Bee Inventory and Monitoring Lab (en el dominio público).

Poner en valor los polinizadores
La disminución de los servicios ecosistémicos proporcionados por los polinizadores pueden desencadenar muchos impactos negativos, como la pérdida del valor económico de los cultivos. Los investigadores advierten que ello puede conducir a un impacto social significativo debido a la falta de alimentos y a la disminución y extinción de varias especies de plantas.
 
“Hay sectores en Brasil que todavía no reconocen el valor de los polinizadores en la producción de alimentos y su relevancia para la diversidad de los paisajes agrícolas; para ellos, los polinizadores son una amenaza a las empresas”, comenta a SciDev.Net Vera Lúcia Imperatriz-Fonseca, bióloga del Instituto de Biociencias de la Universidad de São Paulo.
 
Informa que en Brasil los polinizadores ayudan a aumentar la producción de café en US$1.9 mil millones, del tomate en US$992 millones, algodón US$827 millones, cacao en US$533 y naranjas en US$522 millones.

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El café es uno de los cultivos que se beneficia de la acción de los insectos polinizadores.
Crédito: CIFOR (con licencia CC BY-NC-ND 2.0).

“El valor de este servicio en las áreas naturales es incalculable”, sostiene. “Las buenas prácticas agrícolas y la atención a la sobrevivencia de los polinizadores en los alrededores son fundamentales para establecer una buena coexistencia entre la agricultura y la conservación”, precisa.
 
Para la bióloga Cynthia Renata de Oliveira Jacob, de la Facultad de Agricultura Luiz de Queiroz de la Universidad de São Paulo, la sensibilización de la población y la supervisión de las agencias gubernamentales pueden ser herramientas importantes para ayudar a entender el rol de los polinizadores y revertir la disminución de las poblaciones de abejas. “Otro factor importante es la implementación de tácticas de control en los programas de manejo integrado de plagas, para que se reduzca el número de plaguicidas que se aplican a los cultivos”, señala a SciDev.Net.
 
Subraya que el gobierno debería vigilar el uso correcto de los productos de protección a los cultivos y la deforestación además de invertir más en investigaciones “que evalúen el grado de dependencia de los cultivos directamente relacionados con la nutrición humana por parte de los polinizadores, y la evaluación de los impactos de los pesticidas en esos organismos”.
 
El estudio publicado en PLOS One es apoyado por FAPESP, donante de SciDev.Net.


Los investigadores en Dakota del Norte están estudiando cómo la diversidad y la abundancia de los recursos de polen (proteínas) difieren con el uso de la tierra y producen resultados variables para las colonias de abejas melíferas.