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Iniciativas de participación pública sobre CyT deben transparentar sus objetivos y sus impactos deben ser evaluados, dice Carla Almeida.

México acaba de dar un paso importante hacia una mayor participación ciudadana en los debates sobre ciencia y tecnología. Entre noviembre de 2012 y enero de este año, los mexicanos fueron alentados a elegir a través de Internet tres de una lista de diez grandes desafíos a ser abordados en esas áreas en pro de una mejor calidad de vida.

DE UN VISTAZO

  • Cada vez más países de la región están promoviendo la participación pública en el desarrollo de políticas sobre temas científicos
  • Los efectos concretos de estas consultas no siempre son adecuadamente evaluados y se entrega poca retroalimentación a quienes votan
  • Si bien son acciones loables, es importante transparentar cómo se utilizarán los resultados de la participación pública

La respuesta al llamado, tratándose de temas científicos complejos, fue significativa: la consulta pública recibió un total de 364.803 votos, que representaron las opiniones de cerca de 150.000 mexicanos, para quienes la modernización del sistema educativo, la seguridad del agua potable para la población y la preservación del ambiente deben tener prioridad en la agenda científica del país.

La participación de la comunidad científica y de las autoridades políticas mexicanas en la iniciativa también merece destacarse. Investigadores de las principales universidades del país se reunieron para identificar los desafíos y preparar material informativo sobre ellos. Los políticos, por su parte, apoyaron públicamente la consulta, resaltando la importancia de que los ciudadanos participen en la toma de decisiones en el área.

Este año Argentina, Brasil y Colombia deben realizar esfuerzos similares. Los tres países, además de México y España, lideran la Agenda Ciudadana de Ciencia e Innovación para Iberoamérica, una iniciativa de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología que busca justamente promover nuevos mecanismos de participación pública en procesos de políticas sobre temas científicos.

La idea es que las prioridades para el sector señaladas por los ciudadanos en cinco países conformen una nueva agenda científica para Iberoamérica, que será votada por los habitantes de todas las naciones de habla portuguesa y española. El resultado de esa amplia consulta será llevado a la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, que tendrá lugar a final del año en Panamá.

Fortaleciendo el movimiento

Aunque sea innovadora para América Latina en su ambición y alcance, la Agenda Ciudadana integra un movimiento más amplio hacia un debate democrático sobre los rumbos de la ciencia. Iniciado en Europa y Estados Unidos en la década de 1980, este gana cada vez más fuerza.

Considerando el rápido avance de los conocimientos científicos y de sentimientos ambivalentes de la sociedad en relación con sus impactos, algunos países comenzaron a buscar maneras de involucrar a los ciudadanos —que financian la investigación y que conviven con sus aplicaciones— en las discusiones sobre los temas importantes de la ciencia.

De esa búsqueda surgieron algunas herramientas innovadoras para la consulta pública, como las conferencias de consenso y los jurados de ciudadanos, que de a poco se fueron extendiendo, sobre todo en países con fuerte tradición científica y democrática.

Desde la década de 2000 se vienen realizando iniciativas puntuales en América Latina como consecuencia de ese movimiento, como los Diálogos Ciudadanos de Argentina, en 2000 —sobre genética, organismos genéticamente modificados e informática y democracia— y la Conferencia de Consenso Ciudadano, realizada en 2003 en Chile, sobre lo que debería incluir un expediente médico.

Más recientemente, Brasil fue sede de un evento similar en el ámbito del proyecto internacional Visiones Globales sobre Biodiversidad, cuyo objetivo era llevar a la Conferencia de las Partes de la ONU (COP 11), celebrada en octubre de 2012 en India, las opiniones de los ciudadanos de 25 países acerca de qué se debe hacer en relación con la pérdida acelerada de la biodiversidad en el planeta.

Paraguay, por su parte, está abriendo espacio a la participación ciudadana en el proceso de consolidación de la nueva política científica del país. Hasta fines de este mes el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) está promoviendo el debate público sobre los nuevos instrumentos, líneas de acción y prioridades de la propuesta en curso.

Intenciones x Impactos

Estas iniciativas son, sin duda, muy importantes. Sin embargo, poco se sabe sobre sus impactos reales. ¿Será que ellas han logrado influir en las decisiones?

Es difícil responder a la pregunta. Los efectos concretos de estas consultas no siempre son adecuadamente evaluados y se ha hecho poco por retroalimentar a quienes les han dedicado tiempo.

Algunos defienden que, independientemente de su impacto político, estas iniciativas serían un ejercicio importante para una implicación más profunda con la ciencia, capaz de fomentar una discusión pública ampliada y de fortalecer la cultura científica en los lugares donde se realizan.

Aun cuando puede ser así, es importante que haya transparencia en relación con los objetivos de las acciones de participación pública en la ciencia y sobre cómo se pretende utilizar sus resultados. Las personas tienen derecho a saber si están allí para ejercer la ciudadanía o para influir en las decisiones. En ese caso, también deberían ser informadas posteriormente sobre cómo sus opiniones fueron (o no) consideradas.

En la práctica, sin embargo, esto no es tan simple. Los procesos deliberativos son complejos. Aun cuando son consideradas, las opiniones de los ciudadanos son apenas uno de varios elementos —entre análisis técnicos, económicos, políticos y de otro tipo— para basar una decisión. Ni los países con más experiencia de participación han encontrado la fórmula para transformar las opiniones en decisiones.

De todos modos, se debe celebrar la promoción de acciones en América Latina como la Agenda Ciudadana. Si ella, efectivamente, irá a influir en las decisiones sobre el rumbo de la ciencia en la región, hay dudas. Pero atraer de verdad a ciudadanos, científicos y tomadores de decisiones y establecer un diálogo más simétrico en favor de mejores condiciones de vida ya será una contribución importante.

 

 

Carla Almeida

Carla Almeida es periodista científica brasileña y ha colaborado con SciDev.Net desde 2005. Actualmente es editora de Ciência Hoje en línea, un sitio web de comunicación de la ciencia, y hace investigaciones en el área de la comprensión pública de la ciencia.

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