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  • Innovación social: enfrentar pobreza a través del cambio

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Maria Clara Couto Soares, investigadora de innovación pide un nuevo debate para ampliar el alcance de las innovaciones sociales de base.

La importancia de la innovación para el desarrollo es ampliamente reconocida. Sin embargo, sus beneficios no son fácil o equitativamente distribuidos entre los países o dentro de ellos. De hecho, nunca ha habido tanta innovación con tan pocos beneficios para el bienestar social de largo alcance.

La innovación ha creado inmensas capacidades para mejorar las condiciones de vida en áreas como la producción de alimentos y las tecnologías de la información, pero éstas coexisten con niveles crecientes de pobreza, hambre generalizada y malas condiciones de salud  para gran parte de la población mundial.

Una razón para esto es la cuestión de las relaciones mundiales de poder, lo que influye en cómo están organizados los mercados y quién se beneficia del progreso tecnológico. Los sistemas de innovación no son neutrales; los efectos de la ciencia y la tecnología puramente regidos por el mercado y las innovaciones asociadas tienden a agravar las desigualdades existentes.

Esto debe cambiar. El proceso de innovación y su lugar en el desarrollo debe ser revisado y alineado con las preocupaciones sociales.

Buscando alternativas

En la era actual, el capital financiero y las corporaciones transnacionales tienen una concentración de poder sin precedentes.

Con una filosofía basada en el mercado dominando como la lógica en las organizaciones sociales, el progreso tecnológico tiende a poner presión sobre los recursos naturales y las sociedades a través de la combinación perversa de rápida acumulación de capital junto a la profundización de las desigualdades y la degradación ambiental.

Los movimientos sociales y políticos han alentado alternativas a este sistema, basadas en la solidaridad, la inclusión social y la conservación ecológica.

La innovación social es una de esas alternativas: un proceso de cambio societal que no solo mejora las condiciones de vida, sino que también alienta nuevas formas de organización social. Esto allana el camino para el surgimiento de nuevos actores sociales —agricultores familiares, por ejemplo— y no trata la lucha contra la pobreza y la desigualdad como una cuestión residual o compensatoria, sino como una prioridad.

Desde esta perspectiva, la innovación social no es simplemente un acto para que las tecnologías ‘apropiadas’ estén a disposición de la gente pobre, sino que es un proceso social y sistémico de desarrollo y de introducción de nuevos productos, procesos, tecnologías y prácticas organizativas dentro la sociedad que son soluciones efectivas para el cambio social.

Las intervenciones diseñadas como soluciones a la pobreza que carecen de un acercamiento sistémico e ignoran las metodologías participativas tienden a no ser sostenibles a mediano y largo plazo.

La innovación social, por otra parte, tiene un foco claro en la inclusión social. Está construida y reaplicada a través de procesos que son proactivos, colectivos, democráticos y caracterizados por la solidaridad. Y ocurre junto a una fuerte conciencia de la comunidad sobre cómo manejar los problemas colectivamente.

Lecciones de Brasil

En Brasil hay varios ejemplos de innovaciones sociales que se están aplicando exitosamente, permitiendo el acceso al agua en regiones semiáridas, brindando seguridad alimentaria en áreas pobres y otorgando créditos a gente que antes era excluida.

Uno de esos proyectos es ASA —la Articulación del Semiárido Brasileño—, una red que trabaja con pequeños agricultores e instituciones de la sociedad civil para ayudar a democratizar el acceso al agua en regiones semiáridas.

La primera innovación social de ASA fue una cisterna para recolectar agua de lluvia. Fácil de construir y de bajo costo, la cisterna fue desarrollada usando la experimentación y el conocimiento local, y el proceso de mejora tecnológica se realizó a través del diálogo entre universidades y organizaciones de la sociedad civil.

La movilización de muchas personas para discutir colectivamente formas de solucionar problemas específicos resultó en el fortalecimiento de organizaciones locales, agricultores familiares y mujeres, así como también de su capacidad de influir en la política pública. A la fecha, más de 385.000 cisternas han sido construidas con el apoyo del gobierno, y sirven a casi dos millones de personas.

Actualmente, ASA incluye más de mil organizaciones, cuya actividad no se restringe a luchar por la seguridad del agua, sino que buscan desarrollar un proceso de transformación social que una a diferentes actores, territorios y regiones alrededor de una propuesta de desarrollo integrado para la región semiárida del noreste de Brasil.

Creando el ambiente correcto

Innovación social significa nuevos productos, técnicas y metodologías que son ‘reaplicables’, desarrolladas en colaboración con la comunidad y que presentan soluciones efectivas para la transformación social.

La idea de la reaplicabilidad de las innovaciones es diferente a la de la ampliación de la innovación. La reaplicabilidad implica que cuando se usa una innovación social en un contexto diferente al que fue desarrollado, necesitará ser recreada y adaptada para ese nuevo contexto, incorporando nuevos valores, conocimientos y significados.

Esto tiene aplicaciones concretas. Significa que ampliar el alcance de innovaciones básicas a pequeña escala requiere esfuerzos para construir capacidades políticas e institucionales en apoyo al proceso.

Podría requerir interacciones con varias instituciones públicas y privadas, como autoridades locales, universidades y otras organizaciones especializadas en asistencia técnica y entrenamiento, así como también instituciones de financiamiento, organizaciones no gubernamentales (ONG) y empresas privadas.

A menudo, las prioridades políticas requieren ser reformuladas y la voluntad política necesita ser construida para permitir los cambios necesarios para la reaplicabilidad a una escala mayor. Esto podría implicar hacer frente a conflictos potenciales que pueden emerger.

Por ejemplo, en las regiones semiáridas de Brasil, los partidos políticos suelen usar el acceso al agua como un modo de obtener apoyo político, revelando cómo la ampliación del alcance de las innovaciones sociales de ASA a veces interfiere con las estructuras locales de poder.

Para construir estructuras institucionales que puedan apoyar la reaplicación de las innovaciones sociales se necesitan actores sociales capaces de conducir estas iniciativas y asegurar su éxito.

La participación popular, así como la fuerte organización, la movilización y el trabajo en red, son ingredientes clave para el éxito.

María Clara Couto Soares es investigadora senior de RedeSist en el Instituto de Economía de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil. María Clara puede ser contactada a través del correo electrónico [email protected]

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