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  • Investigación compartida: primero hay que entender

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El éxito en los esfuerzos para implementar una efectiva investigación compartida Sur-Sur requiere una mejor comprensión de lo que funciona mejor y por qué.

 A pesar de lo que muchos científicos piensan, la aplicación práctica con frecuencia puede preceder al conocimiento teórico en el campo de la innovación científica y tecnológica. La invención del avión es un ejemplo –sólo después del vuelo de los hermanos Wright se desarrolló la ciencia aeronáutica, aportando significativos refinamientos y mejoras a la tecnología.

Sucede lo mismo con la investigación compartida Sur-Sur. Aquí, la implementación práctica ha precedido a cualquier marco conceptual (o a la teoría). Con algunas notables excepciones (una de ellas, la encuesta sobre la cooperación para el desarrollo Sur-Sur publicada el año 2000 en la revista Cooperation South del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), hay una escasez evidente de reflexión sistemática y conocimiento profundo de los temas y desafíos fundamentales, lo que ha limitado el crecimiento de esta idea.
 
Algunas preguntas merecen un estudio más exhaustivo:
 
- ¿Qué impulsa a los países, instituciones y científicos del Sur a colaborar unos con otros en el desarrollo científico y tecnológico?

- ¿Qué tipo de diseños institucionales funcionan (y cuáles no funcionan)?

- ¿Qué temas son especialmente apropiados para la investigación compartida?

- La investigación compartida Sur-Sur ¿es la más buscada en un marco bilateral o multilateral?

- ¿Qué tipo de políticas pueden implementarse para promover tales iniciativas?

Marco normativo 

Las respuestas constituirían un marco general para guiar el desarrollo de la investigación compartida Sur-Sur. Tal marco encajaría todas las piezas del rompecabezas sin problemas. Sin embargo, la ausencia actual de respuestas, probablemente siga siendo una limitación significativa, sino un verdadero cuello de botella, aún cuando la investigación compartida pueda madurar en el tiempo.

Necesitamos desarrollar con urgencia tal marco general tanto para idear como para implementar la colaboración Sur-Sur en su aplicación bilateral y multilateral. Se basaría en diversas experiencias para abordar cada uno de los temas principales identificados más arriba.

Este marco usaría el conocimiento sobre las mejores prácticas internacionales, tomadas no solamente de las iniciativas existentes en la investigación Sur-Sur, sino también de las investigaciones compartidas Norte-Norte y Norte-Sur. Ello ayudaría a elaborar una guía de mejores prácticas para asegurar que las colaboraciones Sur-Sur funcionen efectivamente.

Un marco general también fomentaría un régimen de políticas basado en la evidencia para la colaboración Sur-Sur. Identificaría palancas políticas eficaces, iniciativas e intervenciones institucionales para nutrir el debate político, ayudando así a diseñar colaboraciones Sur-Sur que cumplan sus promesas.

Entender las motivaciones de los científicos sería un componente importante del régimen político basado en la evidencia. Ello ayudaría a diseñar incentivos que estimulen a los investigadores a trabajar bajo diferentes esquemas de cooperación.

Dicho marco estaría basado en la teoría y la práctica de la cooperación internacional en general para desarrollar una fórmula viable de colaboración científica multilateral. Tendría que evitar la generación de conflictos de interés, sean políticos o nacionales, explotando las similitudes y complementariedades de las capacidades científicas y superando las diferencias legislativas y normativas.

Institucionalidad basada en la evidencia

Tanto el marco en sí mismo como el proceso para lograrlo fomentarían la investigación compartida Sur-Sur de tres maneras.

En primer lugar, se evitarían los “experimentos” vagos, mal estructurados y no comprobados, proporcionándose una institucionalidad sólida basada en la evidencia. La colaboración podría estar basada en una adaptación de los centros modelos de excelencia, en la réplica de acuerdos de cooperación internacional, mediante la creación de instituciones similares al Centro Internacional de Física Teórica de Trieste (que financia un gran número de becas científicas), o incluso en una mezcla de todos ellos. En cada caso, es más probable que tenga éxito un régimen político enfocado en evidencias.

En segundo lugar, el proceso de creación y consecución de un marco general incrementará las opciones para un consenso político en su implementación. La colaboración científica internacional exige voluntad política al más alto nivel dentro de los países participantes. Y ello debe ser plenamente respaldado por un compromiso serio sobre los recursos. Solamente pasando del dicho al hecho se puede lograr que los formuladores de políticas se aseguren de que la investigación compartida Sur-Sur sea algo más que un slogan político que luce bien en el papel, pero ofrece poco valor sostenible.

 En tercer lugar, un enfoque general y multilateral para la investigación compartida Sur-Sur proporcionaría las bases para un marco común legislativo e institucional. De esta manera se podría liberar a las instituciones del papeleo burocrático que, de otro modo, podría restringir la colaboración internacional.

Al colocar la colaboración en un marco multilateral en lugar de bilateral, se crearían condiciones equitativas que permitirían a los países participar en términos apropiados, y garantizaría que los jugadores más grandes no exploten a los países más pequeños y con poca visión de su futuro político.

Para inspirarnos, podríamos mirar el acta Bayh-Dole de los años ochenta en los Estados Unidos. Proporcionó un marco para la colaboración entre la universidad y la industria y la comercialización tecnológica que eliminó los cuellos de botella e incrementó sustancialmente las licencias y la colaboración entre las instituciones académicas de ese país.

Si se diseña e implementa adecuadamente, un marco para la investigación compartida Sur-Sur podría tener un efecto vigorizante similar, energizando y empoderando esta importante forma de organizar la actividad científica.

Athar Osama tiene un doctorado en políticas de ciencia e innovación de la Escuela Pardee-RAND de Estudios Superiores de Santa Mónica, California, EE.UU. Trabaja como consultor principal en ANGLE plc del Reino Unido. Asimismo, es fundador de Muslim-Science.com. Puede enviarle sus comentarios a [email protected].

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