Acercar la ciencia al desarrollo mediante noticias y análisis

  • En perspectiva: ¿brecha fatal entre ciencia y política?

Periodistas pueden ayudar a que mundo desarrollado tome responsabilidad por cambio climático haciéndolo relevante para lectores, dice David Dickson.

Hace poco más de 30 años, una importante conferencia de las Naciones Unidas sobre ciencia y tecnología para el desarrollo realizada en Viena, Austria, terminó con una optimista nota de acuerdo de principios para establecer un fondo de US$250 millones con el fin de financiar proyectos que crearan capacidades.

DE UN VISTAZO

  • La COP 18 acordó establecer un fondo que compensara a las naciones pobres por el daño del cambio climático
  • La historia confirma que en política climática los políticos no actúan a pesar de que la evidencia científica sea cada vez mayor
  • Los periodistas deben informar lo que se sabe y lo que se ignora del cambio climático y motivar la acción de sus audiencias

Lamentablemente, el gran optimismo de los delegados, que recuerdo como si fuera ayer, no duró mucho. No se recibieron donaciones contundentes y la ciencia quedó fuera de la agenda de cooperación internacional en las siguientes dos décadas, tiempo en el cual la brecha de capacidad científica entre los países ricos y pobres se hizo más grande.

¿Está ocurriendo lo mismo con el cambio climático?

Las más recientes negociaciones, COP 18, terminaron en Doha, Qatar, a inicios de este mes con un acuerdo similar para establecer un mecanismo de trasferencia de dinero de las naciones ricas a las pobres para compensar las “pérdidas y daños” causados por la adicción de los países ricos a los combustibles derivados del carbono.

A juzgar por los informes de los medios, esta decisión fue recibida con un entusiasmo similar al de la conferencia de Viena en 1979.

Pero no hay un compromiso vinculante, y la posibilidad de disponer de sumas significativas de dinero parece remota debido a que los países ricos han fracasado en sus intentos de cumplir su promesa de 2010 de recaudar US$100 mil millones anuales hasta 2020 para ayudar a los países en desarrollo a enfrentar el cambio climático.

Cerrando la brecha

El resultado de la COP 18, por demás decepcionante, refleja la brecha creciente entre la ciencia y las políticas de cambio climático. Mientras se endurece la adopción de medidas científicas, la habilidad de los políticos para actuar apropiadamente —por ejemplo mediante el reemplazo del Protocolo de Kioto, próximo a culminar— parece estar disminuyendo, creando el escenario para un desastre global.

Los divulgadores científicos en general –y los periodistas científicos en particular— tienen un papel clave para acortar esta brecha. Debemos presentar evidencia científica a los políticos y al público de tal forma que siente las bases para tomar decisiones de impacto.

Sin embargo, con el cambio climático no es tan simple. Uno de los retos más grandes ha sido transmitir la incertidumbre de una manera que haga justicia a la ciencia sin menoscabar la acción.

Hasta el momento, pareciera que hemos fracasado. A pesar de los sucesivos informes sobre la severidad del calentamiento global emitidos por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), el número de personas en el mundo desarrollado que reconocen su propio papel en el cambio climático ha ido disminuyendo considerablemente. Sin embargo, es precisamente a estas personas a las que se les pide compensar al mundo en desarrollo.

Incertidumbre sobre la incertidumbre

El IPCC debe compartir algo de culpa. En un seminario organizado en Oxford, Reino Unido, el mes pasado por el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo se dijo cómo por buscar un consenso científico sobre el tema, el IPCC se ha vuelto vulnerable a las críticas sobre las fallas —no obstante, pequeñas— de sus argumentos, como las relativas a la tasa de desaparición de los glaciares de la India.

La importancia otorgada a tales fallas, así como la discusión informal entre investigadores puesta de manifiesto a raíz del Climategate’ en la Universidad East Anglia del Reino Unido, ha contribuido a la desconfianza creciente entre los científicos del clima.

Incluso los propios esfuerzos del IPCC para hacer frente a la incertidumbre pueden haber fracasado.

En un intento por simplificar su mensaje, el panel dijo en su evaluación de 2007 que las opciones del calentamiento global inducido por los humanos eran “muy probables”, definiéndolas como una probabilidad de al menos 90 por ciento.

Sin embargo, la investigación de los científicos sociales encontró que el público entiende de manera diferente el término “muy probable”, interpretándolo como aplicado a situaciones donde hay solo un 75 por ciento o menos de probabilidades, de acuerdo a una nueva encuesta citada durante la reunión de Oxford.

Y, un reciente informe [1] elaborado sobre los resultados de encuentros de grupos focales conformados por público del Reino Unido encontró que ninguna admisión de incertidumbre por parte de los científicos —incluso justificada— parecía poner en duda todo el caso científico sobre el calentamiento global inducido por el ser humano.

Acumulando la ayuda

El reto tanto para el IPCC como para los periodistas científicos es transmitir simultáneamente lo que se conoce y lo que se ignora sobre el cambio climático, de tal forma que incluso haga que los lectores apoyen los llamados a la acción.

Esto no se alcanzará mediante más titulares dramáticos (que fascinan a los editores). Con la confianza del público en los científicos climáticos en declive, tales encabezados pueden ser fácilmente tomados como un truco para avanzar en una agenda política o para obtener financiamiento.

Por el contrario, significa comenzar por la experiencia directa de los lectores (como el aumento en la severidad de las tormentas en las regiones tropicales), proporcionando evidencia que la vincule al cambio climático, sopesando esta evidencia contra cualquier otra en contra y citando las advertencias sobre cuán mal se podrían poner la cosas si las predicciones de los científicos se hacen realidad.

Esta combinación de informes “de abajo hacia arriba” y “de arriba hacia abajo” no es practicada de manera general por los periodistas científicos, quienes están mucho más familiarizados con el modelo de arriba hacia abajo o “modelo de déficit” de la comunicación científica.

Sin embargo, es esencial para cerrar la brecha entre ciencia climática y política climática. De otra manera, el resultado de la reunión COP 18, y de las que le sigan, se convertirá en una prueba más de que el camino del infierno está pavimentado con buenas intenciones.

David Dickson es un periodista científico que ha trabajado en Nature, Science and New Scientist, especializándose en informaciones sobre política científica. Fue director fundador de SciDev.Net de 2001 a 2011.

 

Referencias

[1] Climate Science, the Public and the News Media (2012) (en ingles)