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  • África requiere nuevo sistema para medir escasez de agua

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El modo de evaluar la escasez de agua en África hoy en día debe modificarse y diseñarse según las realidades locales, dice Richard Taylor.

Garantizar que las personas tengan acceso seguro y asequible al suministro de agua será un reto primordial para muchos países en desarrollo en las próximas décadas, a medida que la población crezca y la agricultura y la industria se expandan.

Una de las amenazas más grandes para la seguridad hídrica es, simplemente, la escasez, donde la demanda supera a la oferta. Esto puede resultar de la geografía, de la sobre explotación o de una infraestructura inadecuada. Pero el cambio climático ejercerá más presión sobre la disponibilidad de agua dulce en muchas partes del mundo.

Las naciones o regiones que están sufriendo escasez pueden alcanzar seguridad hídrica mediante la estrategia dual de aumentar la disponibilidad de agua (mejorando sus sistemas de almacenamiento, reciclando aguas servidas o desalinizándolas) y reducir la demanda (por ejemplo, con riego más eficiente o alimentos importados).

De lo contrario, puede haber consecuencias devastadoras. La escasez de agua puede arruinar los cultivos, aumentar la incidencia de enfermedades transmitidas por y relacionadas con el agua, y dañar los ecosistemas acuáticos (la disminución del lago Chad es un claro ejemplo). La escasez de agua también puede alimentar la guerra civil.

Las políticas que ayuden a evitar estas crisis requieren formas sólidas de medir la escasez de agua para fijar las áreas en mayor riesgo. Pero predecir la escasez de agua, particularmente mientras el clima está cambiando, es difícil y en la actualidad el principal método para hacerlo —el llamado índice de estrés hídrico— no responde a las expectativas.

Sobrestimando la demanda...

Usando este sistema de medición, los investigadores estiman que para el 2025, el número de naciones con restricción de agua en el sub Sahara africano aumentará de 14 a 25, afectando casi a la mitad de la población proyectada de 1.4 mil millones de habitantes en la región.

Pero tales evaluaciones pueden tergiversar la escala y naturaleza de la crisis del agua en el continente, debido a que el índice de estrés hídrico sobrestima la demanda de agua y malinterpreta la oferta de agua dulce.

Por ejemplo, el índice de estrés hídrico asume que el consumo doméstico es de aproximadamente 40 metros cúbicos por persona al año. Se asume que la demanda de agua para uso industrial y agrícola es veinte veces mayor.

Estos supuestos se basan en los estilos de vida del mundo desarrollado y no reflejan la realidad del uso del agua en el África. El uso actual combinado del agua para fines domésticos e industriales en el continente es más cercano a los 25 metros cúbicos por persona al año, casi un diez por ciento del promedio combinado en Europa y 6.5 por ciento del promedio combinado en Norte América.

Es más, la agricultura bajo riego representa más de dos tercios de todas las extracciones mundiales de agua fresca, mientras que más del 95 por ciento de toda la producción de alimentos en el sub Sahara africano es de secano. Pese a los llamados para aumentar sustancialmente la agricultura bajo riego con el fin de alcanzar la seguridad alimentaria en el África sub sahariana, no está claro de dónde provendría esta agua, especialmente cuando el medio ambiente y el clima están cambiando.

Por lo tanto, la demanda real de agua para riego en el sub Sahara africano es, y probablemente seguirá siendo, una pequeña fracción de la que se usa en países como Australia, China, India y los Estados Unidos.

... y subestimando la oferta

Por el lado de la oferta, la disponibilidad de agua dulce en el índice de estrés hídrico se calcula a partir de observaciones y simulaciones del flujo promedio de los ríos, las descargas medias anuales del río (DMAR). Pero la descarga de los ríos en África con frecuencia puede cambiar sustancialmente de una estación a otra.

De hecho, el sub Sahara africano alberga a algunos de los ríos más variables del mundo, donde los flujos en las estaciones secas pueden ser igual a cero, o solamente una pequeña fracción de los flujos de la temporada lluviosa.

Se espera que esta variabilidad aumente solamente como resultado del cambio climático. El uso de DMAR para estimar la disponibilidad de agua en el índice de estrés hídrico ignora esta variabilidad, a pesar de su importancia fundamental en la planificación de la seguridad hídrica.

Otro problema significativo con el uso del DMAR para estimar la disponibilidad de agua en el Sub Sahara africano es que excluye a la humedad del suelo derivada de la lluvia. Pero en una región donde casi toda la agricultura es de secano, la humedad del suelo proporciona la única y más grande fuente de agua dulce para la producción de alimentos.

Hacia una nueva métrica

Necesitamos dejar de lado el índice de estrés hídrico como una manera de definir la escasez e inseguridad hídrica en el sub Sahara africano, porque tergiversa de manera fundamental la crisis actual y futura de agua en la región.

De lo contrario, hay un serio riesgo de que el precioso pero limitado recurso sea desperdiciado por políticas que abordan la ‘escasez’ de agua en regiones donde se ha sobrestimado gravemente la demanda de agua fresca, como en la cuenca alta del Nilo, y que pasan por alto la actual escasez de agua en regiones donde los flujos promedios de los ríos enmascaran la escasez estacional de agua, como en las cabeceras del Limpopo.

Se requiere urgentemente un nuevo indicador métrico adaptado a las realidades locales de la demanda de agua en el sub Sahara africano, que tome en cuenta tanto la humedad del suelo, como la variabilidad estacional de una región en cuanto a sus recursos de agua dulce.

Hay algunos progresos en esta dirección. En una investigación en África oriental, un equipo multidisciplinario bajo el programa de Servicios Ecosistémicos y de Alivio a la Pobreza (ESPA, por sus siglas en inglés) del gobierno del Reino Unido, está desarrollando un indicador métrico que considera la demanda estacionalmente variable, la humedad del suelo y el almacenamiento de agua fresca para informar mejor a los proyectos de planificación de la seguridad hídrica en el sub Sahara africano.

Es con este tipo de indicadores que los formuladores de políticas pueden diseñar estrategias eficaces y dirigidas a abordar la real escasez de agua de hoy y en el incierto futuro.

Richard Taylor es profesor de hidrogeología en el departamento de geografía de la University College London del Reino Unido.

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