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La falta de equipos de protección personal y las incertidumbres sobre el papel que deben cumplir en la pandemia del nuevo coronavirus son algunos factores que han puesto en riesgo a aproximadamente 286.000 trabajadores comunitarios de salud, que atienden al 75 por ciento de los 210 millones de habitantes de Brasil.
 
Esos trabajadores “son los cimientos del Sistema Único de Salud (SUS) de Brasil”, explicó por teléfono a SciDev.Net Gabriela Lotta, profesora de la Fundación Getúlio Vargas y una de las autoras de un documento publicado en la revista The Lancet, que detalla la situación que confrontan estos agentes comunitarios.
 
Lotta agregó que cada trabajador comunitario suministra cuidados primarios de salud a 200 familias a través de visitas domiciliarias dentro de su comunidad, "y establece una relación de confianza entre las comunidades y el sistema de salud".
 
“Saben donde están los jóvenes, los ancianos y las áreas vulnerables. Esta proximidad a las comunidades es vital para la vigilancia de los brotes en el terreno”, añadió Lotta, quien integra el equipo de coordinadores del Centro de Estudios Metropolitanos en São Paulo.
 
En el documento, científicos de Brasil, Reino Unido y Estados Unidos, denuncian que el programa comunitario –que en algún momento fue considerado un referente mundial– ha sido dejado de lado por la administración federal.

“El Sistema Único de Salud ha luchado por atender a la población, incluso con un gobierno autoritario”

Roseni Pinheiro, Instituto de Medicina Social, Universidad Estatal de Río de Janeiro

“Es una analogía de lo que ha pasado en el país desde el inicio de la pandemia, un caso que refleja las decisiones equivocadas del gobierno brasileño y el fracaso del presidente Jair Bolsonaro y su administración en reconocer la severidad de la pandemia”, dijo.
 
Brasil ha reportado 3,3 millones de casos y 107.879 muertes desde que apareció el primer caso de COVID-19 en el país el 26 de febrero. Es el segundo país del mundo con mayor número de casos y muertes por la pandemia, antecedido solo por Estados Unidos.
 
La politóloga recuerda las grandes expectativas generadas por el papel de los trabajadores comunitarios de salud en la lucha contra la COVID-19.
 
En marzo, científicos del renombrado Imperial College de Londres mostraron a Brasil como modelo de respuesta a la pandemia, debido a que esos trabajadores forman parte del SUS, a diferencia de otros países que también tienen estos trabajadores, como India, Pakistán, Ruanda y Colombia, pero donde trabajan sin equipo de apoyo, ni un respaldo detrás.
 
En Brasil, el SUS también les proporciona un equipo de otros colaboradores profesionales, como médicos y enfermeras.
 
Gabriela Lotta dice que “ser parte del SUS implica trabajar en la atención básica, que incluye la prevención y promoción de la salud y es la 'puerta de entrada' al sistema nacional de salud”.
 
Los agentes comunitarios de salud están muy vinculados a la población a la que deben atender.
Tony Winston/Agência Brasília bajo licencia Creative Commons.

La amplia cobertura de atención de estos trabajadores a la población más vulnerable hizo pensar a los científicos que podrían ayudar a evitar que el país se convirtiera en epicentro de la pandemia en la región dada su cantidad de habitantes, pero las incertidumbres acerca del papel de estos agentes llevó al fracaso al gobierno brasileño en cuanto a políticas de atención básica, señala el documento.
 
Entre otras cosas, los autores temen que los 50 trabajadores comunitarios muertos como resultado de la COVID-19, cifra dada por los sindicatos que los agrupa, “esté muy subestimada”, porque en las estadísticas oficiales sobre la mortalidad de los trabajadores de salud no se registra a los agentes comunitarios.
 
También señalan que solamente el 9 por ciento de los trabajadores comunitarios había recibido equipos de protección personal hasta finales de junio. Aunque Lotta no tiene datos actualizados disponibles, cree que la situación no ha variado.
 
Los datos publicados por The Lancet concuerdan con los resultados de una investigación realizada por la Escuela Politécnica de Salud Joaquim Venâncio, vinculada a la Fundación Oswaldo Cruz -escuela técnica integrada al SUS- que tuvo como objetivo analizar los impactos de la pandemia en la salud de estos trabajadores durante abril y mayo.
 
Según los resultados, el 95,6 por ciento de los 1.978 participantes dijo haber presentado alguno de los síntomas de COVID-19; sin embargo, el 53,8 por ciento no tuvo acceso a la prueba de descarte de la enfermedad.
 
Otro 14,8 por ciento dijo que su unidad de salud no proporciona equipos de protección personal, y un 46,9 por ciento dijo no haber recibido ningún tipo de entrenamiento para el abordaje de COVID-19. Pese a ello, 83 por ciento indicó haber permanecido en su puesto de trabajo. Para Roseni Pinheiro, profesora del Instituto de Medicina Social de la Universidad Estatal de Río de Janeiro, los autores del documento publicado en The Lancet “deberían haber enfatizado más el potencial del SUS como sistema de salud universal y descentralizado, y la importancia para los agentes comunitarios de ser parte de él”.
 
Precisa que a pesar de todas las dificultades, si no fuera por el SUS, la situación de la pandemia en Brasil podría ser aún peor.
 
“El problema es cómo el gobierno federal reprime su potencial evitando que se salven vidas. Por la forma como está colocado en el documento, parece que no hubiera respuestas, y las denuncias de los trabajadores comunitarios y otros profesionales de la salud sugieren que no se estuviera haciendo nada”, dijo por teléfono Pinheiro.
 
La especialista en salud comunitaria agregó que, a pesar de contar con fondos insuficientes y precarios, “el SUS ha luchado por atender a la población, incluso con un gobierno autoritario”.

> Enlace al documento publicado en The Lancet
 
El Centro de Estudios Metropolitanos es financiado por FAPESP, donante de SciDev.Net

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