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[CIUDAD DE MÉXICO] A pesar de que se ha demostrado la relación entre cepas patógenas de la bacteria Escherichia Coli con brotes de diarrea, en México la ausencia de estudios epidemiológicos impide identificar el tipo de microorganismos que la provocan, lo que imposibilita tratar el padecimiento adecuadamente.

En un artículo que será publicado en setiembre próximo en la edición impresa de International Journal of Food Microbiology, un grupo de investigadores del norte de México reportó presencia de E. coli en 43 por ciento (206 de 472) de muestras provenientes de distintos cuerpos de agua, incluidos canales de riego, en Sinaloa, uno de los estados más importantes por su producción agrícola que distribuye gran cantidad de verduras y frutas a todo el país.

Aunque los investigadores no encontraron las cepas de E. coli más peligrosas, de tipo enterohemorrágicas, sí identificaron presencia de cepas diarreogénicas en 29 de esas 206 muestras, como la enteroagregativa (EAEC) —relacionada con la diarrea acuosa persistente en lactantes— y la enteropatógena (EPEC), una de las principales causas de diarrea infantil en el mundo.

El verdadero problema es que México no hace estudios epidemiológicos de diarrea. Cuando un paciente llega al hospital por diarrea, le dan un antibiótico de manera automática. No hacen búsqueda intencionada para determinar cuál es el patógeno causante”.

María Teresa Estrada García - Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional


“Los principales cultivos que se riegan con agua de canal en Sinaloa son hortalizas, granos, frutas, oleaginosas y caña de azúcar. Sin embargo, en nuestro estudio no hemos evaluado el incremento o disminución de casos de diarrea por esta causa”, dijo a SciDev.Net Adrián Canizales, autor del artículo e investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Para algunos investigadores que no participaron en el estudio, los resultados del grupo de Sinaloa no resultan sorprendentes. “Convivimos todo el tiempo con cepas de E. Coli, podemos enfermar de diarrea si comemos alimentos contaminados pero no es un riesgo mortal. No depende de la bacteria sino del estado inmune del paciente; si son personas con problemas de salud es más probable que enfermen”, afirma José Molina, investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Pero si bien la baja probabilidad de morir por diarrea no es causa de preocupación, el estudio de Canizales sí pone en la superficie un problema mayor relacionado con la ausencia de estudios epidemiológicos que permitan a los médicos identificar rápidamente los causantes de las diarreas y tratarlas.

“El verdadero problema es que México no hace estudios epidemiológicos de diarrea. Cuando un paciente llega al hospital por diarrea, le dan un antibiótico de manera automática. No hacen búsqueda intencionada para determinar cuál es el patógeno causante”, explica a SciDev.Net María Teresa Estrada García, investigadora del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional.

“El esquema de diagnóstico que hacemos y en general la identificación de los patotipos de E. coli diarreogénicas no se encuentra implementado en laboratorios clínicos ni de vigilancia convencional”, confirma Canizales.

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La manipulación de frutas y verduras durante la cosecha debe estar rodeada de medidas de higiene para evitar la transmisión de enfermedades infecciosa.
Crédito: PAHO, bajo licencia Creative Commons BY-NC 2.0.

De acuerdo con los investigadores, desconocer el microrganismo que produjo la diarrea imposibilita afirmar cuáles son los agentes patógenos más importantes en el país o por zona, e incluso impide distinguir entre diarrea bacteriana y diarrea viral.

“Es uno de los problemas más grandes que tenemos: si pudiéramos identificar rápidamente la presencia de una bacteria entonces podríamos saber el agente causal y no tendríamos que recetar un antibiótico que no le va a servir de nada al niño”, afirma Estrada García.

Según datos del Instituto Nacional de Salud Pública, el 70 por ciento de los pacientes que presentan infecciones respiratorias y diarreicas agudas reciben recetas de antibióticos, sin embargo su uso sólo se justifica en un 10 a 15 por ciento de casos. La consecuencia de este tratamiento deficiente es, en parte, que los episodios de diarrea se vuelvan más frecuentes, especialmente en niños de zonas vulnerables.

“Si le dan 10 episodios de diarrea a un niño en un año, efectivamente no se muere pero queda bajo de peso y con un cociente intelectual bajo. Esto se ha visto en niños que viven en comunidades donde no tienen agua potable, ni drenaje, ni medidas de higiene”, afirma José Molina.

En México no hay datos actuales sobre mortalidad por enfermedades diarreicas agudas. Sin embargo, la Secretaría de Salud reporta cada semana el número de casos en niños menores de 5 años. Según el último reporte de vigilancia epidemiológica, fueron poco más de un millón de casos en 2018.

María Teresa Estrada considera que eso no es suficiente y que deberían hacerse estudios como los de Canizales en todo el país para mejorar la experiencia clínica de la diarrea. “No basta con reportar cuántos casos de diarrea tenemos por semana. Eso no tiene ningún sentido. Lo que realmente necesitamos saber es cuál es el agente causal y cómo es su resistencia a medicamentos. Eso nos transformaría como país. Seríamos un país con una vigilancia epidemiológica ejemplar”, subraya.

Enlace al resumen en International Journal of Food Microbiology

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