09/07/26

Influenza: más información para optimizar el combate

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Cuando se combinan temperaturas frías y condiciones de baja humedad, tienden a aumentar los casos de influenza. Crédito de la imagen: stockking/Magnific.

De un vistazo

  • Casos de influenza elevan la presión sanitaria y económica en la región
  • Combinación de humedad y temperatura explica efectos diferenciados entre regiones tropicales y templadas
  • Cambio climático disminuirá magnitud del pico en áreas templadas e intensificará brotes en las tropicales

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[BUENOS AIRES, SciDev.Net] Los efectos combinados de la humedad y la temperatura explican el comportamiento diferenciado de la influenza en regiones templadas y tropicales, sostiene un estudio publicado en la revista PNAS Nexus que revisó datos de vigilancia en 81 sitios del continente americano.

La enfermedad causa hasta cinco millones de casos severos y 650.000 muertes anuales en el mundo. En las Américas ocasiona aproximadamente 772.000 hospitalizaciones y entre 41.000 y 72.000 muertes anuales, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Mientras las zonas templadas suelen experimentar picos agudos en invierno, las tropicales tienden a exhibir menor intensidad aunque una actividad más larga, sobre todo en la estación lluviosa.

“La influenza sigue generando una carga sustancial y recurrente en América Latina por su morbilidad y mortalidad, pero también por la presión sobre los sistemas de salud y los costos económicos asociados”, advierte en un correo electrónico a SciDev.Net Marc Rondy, asesor de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en enfermedades propensas a causar epidemias.

Durante los picos de la enfermedad, que puede derivar en síndromes respiratorios agudos severos, esa carga lleva a un aumento de la demanda hospitalaria, especialmente entre niños, jóvenes, adultos mayores y personas con comorbilidades.

Esa dinámica requiere “una planificación de la capacidad de respuesta de las unidades de cuidados intensivos (UCI), y de los servicios pediátricos y geriátricos, así como la vigilancia integrada de múltiples virus respiratorios”, agrega Rondy, quien no participó en el estudio de PNAS Nexus.

En relación al impacto económico, el experto menciona costos directos (hospitalizaciones, cuidados en UCI) e indirectos, como las pérdidas de productividad y ausentismo laboral.

“La influenza sigue generando una carga sustancial y recurrente en América Latina por su morbilidad y mortalidad, pero también por la presión sobre los sistemas de salud y los costos económicos asociados”.

Marc Rondy, asesor de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en enfermedades propensas a causar epidemias

Precisamente, a inicios de julio, la OPS emitió una alerta epidemiológica exhortando a las autoridades sanitarias a “no limitar la respuesta al conteo de casos, sino monitorear circulación viral, gravedad clínica, impacto hospitalario y grupos con mayor riesgo de complicaciones”, debido al aumento de la circulación de influenza en varios países de la región.

Representación tridimensional generada por computadora de un virus de la influenza. Crédito: Dan Higgins/ Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Imagen en el dominio público.

Diferentes temporadas, diferentes abordajes

En países templados, como Estados Unidos y Argentina, los brotes invernales de influenza son más concentrados, mientras que en los tropicales, como Nicaragua y Colombia, la actividad resulta más prolongada y dispersa a lo largo del año.

El trabajo de PNAS Nexus halló una relación “en forma de U” entre las condiciones ambientales y los contagios, donde tanto la humedad alta como la baja se asociaron con un alto riesgo de transmisión. La mayor cantidad de casos ocurrieron cuando se combinaron temperaturas frías y condiciones de baja humedad.

Por efectos de esa misma relación, los autores proyectan escenarios diferenciales al considerar el cambio climático hacia el 2080-2100: un declive en la magnitud del pico en áreas templadas y una mayor intensidad de brotes en las tropicales.

Ese contraste explica la necesidad de implementar respuestas diferenciadas, ya que “la estacionalidad varía de acuerdo a la latitud, la temperatura, las precipitaciones y la geografía”, recuerda Rondy.

Los entornos templados podrían requerir campañas de vacunación previas a la temporada de la enfermedad y preparativos de corto plazo ante picos de demanda, mientras que los tropicales, períodos de vacunación más flexibles y una vigilancia continua para abordar las olas prolongadas.

Las particularidades de la influenza deben abordarse incluso al interior de los países, coincide el epidemiólogo Wladimir Jiménez Alonso, que estudió su propagación en Brasil como una “ola fluctuante” entre la Amazonia y el sur subtropical.

En entrevista con SciDev.Net, el experto, que no participó en el estudio publicado en PNAS Nexus, cuestiona “la visión tradicional de que basta con dividir el mundo en hemisferios norte y sur para definir los calendarios de vacunación”.

“Muchas regiones tropicales siguen patrones propios que requieren recomendaciones adaptadas a su realidad”, afirma.

Un científico examina los resultados de una prueba de inhibición de la hemaglutinación (HI) que permiten determinar si los anticuerpos, desarrollados mediante la vacunación, también reconocen los virus de la gripe circulantes. Con estos datos, los científicos pueden decidir qué virus incluir en la vacuna antigripal estacional. Crédito: James Gathany/Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Imagen en el dominio público.

De las vacunas a la vigilancia

Los autores de ese estudio —que no respondieron a las consultas para esta nota— también advierten sobre la deriva antigénica, proceso por el cual el virus de la influenza sufre mutaciones que dificultan que el sistema inmunitario reconozca y combata nuevas cepas.

Por eso las vacunas deben actualizarse “en base a los hallazgos de la vigilancia y la caracterización viral dos veces por año”, precisa Rondy.

Los autores reconocen, además, que los cambios demográficos pueden alterar las proyecciones sobre el patrón de brotes.

“A medida que aumenta la densidad poblacional, también pueden subir las tasas de contacto”, coincide Rondy. “Los viajes y las migraciones pueden llevar a la propagación de epidemias y a la introducción de nuevas cepas”.

Así, resulta imperativo reforzar la vigilancia de virus respiratorios y fortalecer los sistemas nacionales y las redes internacionales como SARInet plus, que promueve la colaboración entre médicos, epidemiólogos y virólogos a lo largo de 31 centros nacionales de influenza y 13 laboratorios de referencia.

Alonso, por su parte, menciona la necesidad de dedicar mayor atención al papel de la salud metabólica en la susceptibilidad a infecciones respiratorias.

“La respuesta frente a un virus también depende del estado funcional del sistema inmunitario”, plantea. “La obesidad, la diabetes, el sedentarismo, una alimentación deficiente y posibles carencias de micronutrientes pueden influir en el riesgo de enfermedad grave”.

Otro estudio, que aborda el riesgo de futuras pandemias en The Journal of Infectious Diseases, sostiene que es crucial que los países cuenten con planes de preparación y respuesta “completos, actualizados y realistas”.

Los actuales, subraya, “no están alineados con las directivas globales”, con lo cual es necesario “revisarlos urgentemente” para incorporar las lecciones del pasado reciente.

Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net