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La sensación generalizada tras el cierre de la cumbre de la ONU sobre Cambio Climático (COP25) de Madrid, el último domingo, es que se perdió una nueva oportunidad de atacar con fuerza el problema global. Lo dijeron el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterrez, y ONG ambientalistas e incluso muchas de las partes intervinientes en las negociaciones.

Para muchos asistentes, la cumbre resultó un fracaso porque no se pudo avanzar en el artículo VI de la reglamentación del Acuerdo de París, que promueve diversos enfoques para ayudar a los gobiernos a implementar sus contribuciones nacionales mediante la cooperación internacional voluntaria. En ese sentido, podría ayudar a crear una base política para un sistema de comercio de emisiones, que lleve a un precio global sobre el carbono, lo que no se logró.

Tampoco se avanzó en el compromiso para que los países reduzcan más los gases de efecto invernadero: con las contribuciones presentadas en París el planeta se encamina a un aumento de temperatura por encima de los 3°C. Estados Unidos, China, e India, los tres mayores emisores, no asumieron ningún compromiso.

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Greta Thunberg, la adolescente y activista sueca que ha sido nominada Personaje del Año por New York Times, se presentó en una de las plenarias.
Crédito de la imagen: Cortesía de Nina Cordero para SciDev.Net.

Como en otras ocasiones, América Latina se mostró dividida en diferentes bloques y asumió diversos puntos de vista en las instancias de discusión. Dos de sus países tuvieron protagonismo central: Chile, por mantener la presidencia del evento, pese a que no pudo organizarlo en Santiago; y Brasil por su oposición a ciertos temas clave.

“El papel de Brasil fue preocupante, porque por ejemplo buscó una aprobación rápida de la decisión de la COP que excluyera a los derechos humanos. Para América Latina es muy grave la situación y buscamos que haya algún tipo de reacción”, señaló a SciDev.Net Javier Dávalos, del programa de cambio climático de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente.

“El papel de Brasil fue preocupante, porque por ejemplo buscó una aprobación rápida de la decisión de la COP que excluyera a los derechos humanos. Para América Latina es muy grave la situación y buscamos que haya algún tipo de reacción”.

 Javier Dávalos - Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente.


De hecho, las organizaciones ambientales reunidas bajo la sigla CAN (Climate Action Network) decidieron otorgarle al país que gobierna Jair Bolsonaro el irónico premio “Fósil colosal” el viernes 13 por obstaculizar las negociaciones como lo hace Estados Unidos, por atacar a los indígenas y por ser al menos indiferente con los incendios amazónicos, además de pedir beneficios exclusivos del Fondo Verde y en el mercado de bonos de carbono (que no pudo crearse en esta reunión y pasa para la COP26 de Glasgow, en noviembre de 2020).

También el papel de Chile fue cuestionado en tanto presidente de la COP por haber presentado lo que los observadores llamaron “borradores débiles” de acuerdo final, sin metas ambiciosas de reducción de gases de efecto invernadero por parte de los países.

Lo bueno
No obstante, América Latina se lleva un par de buenas noticias de Madrid, todas por fuera de las negociaciones oficiales de la COP. Por un lado, las acciones que se anunciaron como parte de la flamante plataforma Placa, que reunirá a los ministros de agricultura de los países de la región.

Por otro, se presentó un informe que muestra lo que ahorraría América Latina y el Caribe si lograra neutralidad en emisiones en 2050 para sectores de energía y transporte: un total de US$ 621 mil millones anuales, según los datos del Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas presentados en la COP.

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Proyecciones de emisiones de energía para América Latina y el Caribe
Crédito: CEPAL / Diseño de Olga Cajina.

Según el informe Carbono Cero América Latina y el Caribe 2019: la oportunidad, el costo y los beneficios de la descarbonización combinada de los sectores de energía y transporte en América Latina y el Caribe, “la conversión a un sistema de energía totalmente renovable sería el camino menos costoso para electrificar la región y lograr los compromisos climáticos del Acuerdo de París”. Y agrega que una matriz renovable requerirá inversiones acumuladas de US$ 800 mil millones para 2050, “menos de los US$ 1083 mil millones que serían necesarios para satisfacer la demanda de energía en el escenario de generación actual”.

Y hay más. Para Andrea Meza, directora de cambio climático de Costa Rica, incluso desde la preCop organizada en su país se le pudo dar un ímpetu a las soluciones basadas en la naturaleza y la importancia de los océanos. Pero la referencia es mínima en el texto final, y la cuestión quedó en agenda para una próxima sesión en junio, previa a la COP 26. “También estamos tras la meta 30x30, que significa resguardar el 30 por ciento de los ecosistemas terrestres y marinos para 2030. En ese sentido también es importante la cumbre de biodiversidad del año próximo en China”, dijo en una rueda de prensa con colegas latinoamericanos.

Además, Dávalos rescató otros dos asuntos ambientales. Por un lado, la firma de Colombia del acuerdo de Escazú de protección ambiental. “Es una muy buena noticia, ya hay 22 países firmantes y cinco ratificaciones (de los parlamentos). Cuando se llegue a once entrará en vigencia”, dijo.

“Y también me pareció interesante la participación de comunidades indígenas de Ecuador y Perú, que tienen un proyecto de cuencas sagradas que busca la planificación territorial, para que haya una moratoria a la explotación petrolera en la Amazonía”, concluyó.

Los textos y fotos de esta información fueron producidos como parte del Programa Latinoamericano de Cobertura Periodística COP25.