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Las partículas contaminantes del aire desmineralizarían los huesos a través de procesos de daño oxidativo sistémico e inflamación, según los investigadores.
  • Contaminación del aire aumenta riesgo de osteoporosis

Las partículas contaminantes del aire desmineralizarían los huesos a través de procesos de daño oxidativo sistémico e inflamación, según los investigadores.
Crédito de la imagen: Asian Development Bank/Carlos Pardo

De un vistazo

  • Exposición a material particulado menor a 25 micras y carbono negro aumenta riesgo de fracturas

  • Partículas menores a 2,5 micras son muy dañinas a la salud pero no se les asociaba con osteoporosis

  • Resultados son válidos para cualquier lugar del mundo

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Dos estudios paralelos muestran que existe una asociación significativa pero ampliamente ignorada entre la exposición a contaminantes atmosféricos y la desmineralización ósea en hombres y mujeres, con el consiguiente aumento en fracturas, especialmente en adultos mayores y personas de bajos ingresos.

Ambos estudios, publicados en la edición de noviembre de The Lancet Planetary Health se realizaron en Estados Unidos, pero se pueden extrapolar a cualquier lugar del mundo. Los estudios fueron liderados por investigadores de las universidades de Harvard y Autónoma de México y del Instituto Nacional de Cancerología de México (INCAN).

Estudios previos hacían sospechar un vínculo entre MP2,5 y fracturas óseas, pero esta sería la primera vez que se demuestra en un seguimiento a largo plazo de más de 700 mil hospitalizaciones, por lo que la evidencia epidemiológica parece más robusta”.

Manuel Oyarzún, Centro de Investigaciones del Medio Ambiente y Biomedicina


Uno de ellos analizó hospitalizaciones de 2003-2010 por fracturas asociadas a osteoporosis entre 9,2 millones de beneficiarios mayores de 65 años del sistema de salud Medicare, en 13 estados de la costa Atlántica. La información se cruzó con la concentración anual de material particulado menor a 2,5 micras (MP2,5) en las áreas analizadas.
El material particulado es el contaminante que más se asocia a morbimortalidad en la población, siendo las partículas finas menores a 2,5 micrones las más agresivas para la salud.

El segundo estudio evaluó durante ocho años la salud musculoesquelética y hábitos de vida (dieta, tabaquismo, actividad física) de 692 hombres de bajos ingresos blancos, negros e hispanos de 30 a 79 años residentes en el Gran Boston. Aquí se trabajó con los niveles de MP2,5 y carbono negro en sus lugares de residencia.

El carbono negro es un aerosol generado por la combustión incompleta de derivados del petróleo, causado principalmente por el tráfico vehicular.

El primer estudio mostró que por cada 4,18 microgramos por metro cúbico (µg/m³) anuales de MP2,5 aumentaron en 4,1 por ciento las hospitalizaciones por fracturas óseas asociadas a osteoporosis en adultos mayores.

Esta asociación fue más fuerte en áreas de bajos ingresos y es similar a la asociación entre contaminación atmosférica y riesgos de salud como infarto cardiaco, accidente cerebrovascular y mortalidad total.

El segundo estudio mostró que residentes en calles con mayores concentraciones de MP2,5 y carbono negro presentaban más reducción en su densidad mineral ósea durante los ocho años de seguimiento y niveles más bajos de la hormona paratiroidea. Esto también se observa en fumadores, para compensar la movilización de calcio desde el hueso, causada por el tabaquismo.

hueso contaminado
La concentración de carbono negro en el aire se asoció a mayor pérdida de densidad de masa ósea en múltiples sitios, incluyendo cuello del fémur y cadera (Foto: Engineering at Cambridge).

Manuel Oyarzún, director del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente y Biomedicina, en Chile, califica estas conclusiones como “impactantes, al agregar a los conocidos efectos cardiorrespiratorios otra causa de morbilidad como efecto de la contaminación atmosférica por MP2,5”.

Agrega que “estudios previos hacían sospechar un vínculo entre MP2,5 y fracturas óseas, pero esta sería la primera vez que se demuestra en un seguimiento a largo plazo de un gran número de hospitalizaciones (más de 700 mil), por lo que la evidencia epidemiológica parece más robusta”.  

Diddier Prada, investigador del INCAN y coautor del estudio mientras hacia su posdoctorado en la Universidad de Harvard, señala que las conclusiones son válidas para otras zonas del mundo.
Y como la asociación es lineal, “mientras mayor exposición a MP2,5 y carbono negro, mayor será el impacto sobre la hormona paratiroidea y el riesgo de fractura”, dice a SciDev.Net.

En las áreas estudiadas la media anual de MP2,5 fue 10,18 µg/m³, mientras que en Ciudad de México llega a 12,5 µg/m³, ejemplifica.

Asimismo, en EE.UU. el límite anual permitido de MP2,5 es de 12 µg/m³. “Pero aun bajo ese umbral encontramos efectos sobre la salud ósea”, dice Prada, quien advierte que las restricciones son todavía menos exigentes en Japón (15 µg/m³), la Unión Europea (25 µg/m³) o China (40 µg/m³).

“Los límites al MP2,5 deberían estar debajo de 12 µg/m³, para lo cual se debe seguir trabajando en promover el uso de coches eléctricos, de transporte público y la creación de áreas verdes. Esto permitirá reducir los costos de salud asociados a fracturas y mejorar la calidad de vida de la población”, concluye.

> Enlace al estudio completo en The Lancet Planetary Health

> Enlace a comentario sobre el estudio
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