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Radar Latinoamericano: 2015, de la luz al fango
  • Radar Latinoamericano: 2015, de la luz al fango

Crédito de la imagen: Nora Houguenade / Unesco

De un vistazo

  • La ONU proclama los Años Internacionales para elevar la conciencia pública sobre ciertos temas

  • De los 70 que ha habido desde 1959, la mayoría involucran a la ciencia

  • 2015 es el Año Internacional de la Luz, pero también de la Evaluación, de los Suelos y hasta del Lodo

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¿Con qué frecuencia piensa uno en la quinua? Fuera de las tiendas de alimentos orgánicos, uno puede pasar años enteros sin escuchar siquiera la palabra, aunque según la FAO las semillas de esta planta andina ancestral se pueden comparar en energía a frijoles, maíz, arroz o trigo, y es “una buena fuente de proteínas de calidad, fibra dietética, grasas poliinsaturadas y minerales”[1].

Paradójicamente, ante la moda de la quinua en ciertos mercados algunos científicos bolivianos advierten que está bajo amenaza su consumo en las localidades de origen, las prácticas ancestrales de producción y hasta el ambiente[2].

El mensaje que insinúo con el ejemplo de la quinua es simplón pero potente: conviene no tratar ciertos temas a la ligera, incluso si a primera vista parecen de interés acotado. Particularmente en América Latina tendemos a minimizar la relevancia de los temas que no caen en la muy estrecha agenda temática de los medios de comunicación masiva. Podría argumentarse, incluso, que una consecuencia de esa estrechez de miras es la falta de conciencia del público respecto de temas que le convendría atender más profundamente.

Esta idea aparece explícitamente en la resolución con la que la Organización de las Naciones Unidas declaró 2003 como el Año Internacional de la Quinua: “aumentar la conciencia del público respecto de sus propiedades nutritivas, económicas, ambientales y culturales”[3].

La lista completa de Años Internacionales de ONU ofrece una lectura intrigante. Ha habido 70 entre 1959 y 2014, y aunque el número exacto de temas de ciencia queda abierto a interpretación, es clarísimo que en la mayoría de ellos hay ciencia involucrada.

Este aún joven 2015 es el Año Internacional de la Luz. La resolución correspondiente lo justifica con una lección relámpago de historia: “2015 coincide con los aniversarios de una serie de hitos importantes en la historia de la ciencia de la luz, entre ellos la labor sobre la óptica de Ibn Al-Haytham en 1015, la noción del carácter ondulatorio de la luz propuesta por Fresnel en 1815, la teoría electromagnética de propagación de la luz formulada por Maxwell en 1865, la teoría de Einstein del efecto fotoeléctrico en 1905 y de la incorporación de la luz en la cosmología mediante la relatividad general en 1915, el descubrimiento del fondo de microondas del cosmos por Penzias y Wilson y los logros alcanzados por Kao en la transmisión de luz por fibras para la comunicación óptica, ambos en 1965”[4].

¿Sirven de algo?

Ana María Cetto, directora del Museo de la Luz de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), me habló de la utilidad de estas conmemoraciones. Como mínimo, me dijo, sirven como catalizadores de investigación científica. “El Año Internacional de los Polos[5] fue muy importante: por primera vez se pusieron de acuerdo grupos de investigación, de todas las latitudes (incluso algunos cerca del ecuador, como los brasileños), para hacer investigaciones conjuntas sobre el impacto del cambio climático en los polos”.

Mal asunto: las investigaciones sobre impactos del cambio climático no alcanzan la trascendencia que algunos deseamos. Aunque por eso mismo viene bien que 2015 sea también el Año Internacional de la Evaluación, con el objetivo explícito de “promover  las políticas públicas basadas en evidencia, en los niveles internacional, regional, nacional y local”[6].

Cetto ya preveía este nivel de importancia cuando me dijo el Año Internacional de la Luz “se trata de promover la investigación conjunta y la enseñanza, sobre todo en aquellos países donde está más atrasada; y se trata de promover la conciencia, sobre todo entre los tomadores de decisiones, de la importancia para el desarrollo sustentable de tecnologías ópticas”.

En América Latina, el Año Internacional de la Papa[7] dejó como herencia la Red Latinpapa. En contraste, temas más políticamente espinosos, como el conmemorado en 2010 por el Año Internacional de la Biodiversidad[8], encuentran muy congestionado el camino a las políticas públicas. Si estas celebraciones comparten el objetivo de elevar la conciencia pública, es necesario atender el análisis de David Dickson, según el cual una buena parte del fracaso se explica por las “deficiencias en la comunicación”.
 
Hagamos un lodazal

En este Radar Latinoamericano he abogado antes por examinar la ciencia que podría convenirle a América Latina, pero que no hace. Un buen ejemplo es la ciencia directamente bajo nuestras pisadas, y Naciones Unidas parece coincidir porque 2015 es también el Año Internacional de los Suelos[9]. Un editorial de Nature lo celebra como “una oportunidad importante para resaltar una esquina frecuentemente olvidada del mundo de la investigación”.

Cuando los científicos bolivianos advertían de las amenazas a la quinua, casi redactan la resolución de la ONU: “Necesitamos investigación integral de las prácticas (de cultivo de la quinua) para mejorar la fertilidad del suelo, el manejo adecuado del suelo, del espacio territorial y por lo tanto prevenir la erosión del suelo”, le dijeron a Cristina Pabón en una nota de SciDev.Net. Nature advierte que “un tercio de los suelos del mundo se han degradado ya, a menudo en los países que menos se pueden permitir perder estos recursos”.

Un paso más allá, la Sociedad Geológica de Londres propone que 2015 marque el Año del Lodo[10], y exhibe sus razones: “La ciencia del lodo beneficia a campos de estudio desde la exploración de gas de lutitas hasta la estabilidad de laderas, la búsqueda de depósitos potenciales para desechos radioactivos, avances en nanogeociencias y biogeología, el entendimiento de calidad de suelos y riesgo de inundaciones”.

Menos gente parece haberse tomado en serio esta iniciativa que la de la Luz, pero acaso haya que admirar su arrojo: ¿Y si pensáramos en un Año Internacional de la Ciencia latinoamericana?

Referencias

 

[5] Programa Año Polar Internacional 2007-2008. http://www.ipy.org/
[7]  FAO, 2008: Año Internacional de la Papa. http://www.fao.org/potato-2008/en/index.html
[8] ONU, 2010: Año Internacional de la Diversidad Biológica. http://www.cbd.int/2010/welcome/
[9] FAO, 2015: Año Internacional de los Suelos. http://www.fao.org/soils-2015/es/
[10] Sociedad Geológica, 2015: Año del Fango. http://www.geolsoc.org.uk/mud15
 

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