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  • Prevención de desastres debe tener enfoque humano

Debemos saber por qué algunas personas acatan las alertas tempranas y otras las ignoran, dice Sudhir Kumar, experto en prevención de desastres.

El Gran Terremoto del Este de Japón y el tsunami que lo siguió el 11 de marzo de 2011 desafiaron las ideas a nivel mundial sobre la respuesta a los desastres. Éste demostró que las defensas estructurales por sí solas, incluyendo rompeolas, diques costeros y barreras contra maremotos no pueden proporcionar protección ante tsunamis de tal magnitud.

Los eventos de ese día enfatizaron la importancia de los sistemas de alerta temprana de ‘fin a fin’ (sistemas que abarcan todos los pasos, desde la detección de peligro hasta la respuesta de la comunidad). Un estudio del gobierno japonés, publicado en Japan Times en agosto de 2011, encontró que solo 58 por ciento de los habitantes de áreas costeras de las prefecturas de Fukushima, Iwate y Miyagi prestaron atención a las alertas de tsunami inmediatamente después del terremoto y se dirigieron a un terreno en altura.

Entre aquellos que intentaron evacuar tras escuchar la alerta, solo cinco por ciento fueron alcanzados por el tsunami.

El informe genera interrogantes sobre por qué algunas personas actúan ante las alertas tempranas mientras que otras las ignoran.

Barreras para la acción

A medida que el cambio climático altera el riesgo que representan los eventos meteorológicos extremos, la forma en que una comunidad responda a las alertas tempranas será un factor decisivo en cómo les vaya a las personas con eventos hidrometeorológicos, incluyendo ciclones, tempestades de nieve, grandes nevadas, avalanchas, marejadas de tormentas costeras, inundaciones, sequías, olas de calor y heladas.

Hay barreras para la acción. La primera podría ser el lenguaje técnico empelado por los sistemas de alerta. Los individuos y comunidades podrían no entender el significado de términos poco conocidos, tales como ‘ciclón categoría 4’, o el significado de una determinada velocidad del viento.

Incluso cuando una comunidad recibe una alerta, la percepción de riesgo de las personas puede disuadirlas de buscar seguridad.

En 2008, por ejemplo, el Departamento de Meteorología e Hidrología de Myanmar detectó el ciclón Nargis en su etapa temprana, pero las personas subestimaron su intensidad y creyeron que permanecer bajo techo ofrecería protección contra los vientos, inundaciones y marejadas.

El mismo sistema de alerta temprana podría subestimar el riesgo, como ocurrió con las inundaciones que afectaron a Mumbai, India, el 26 y 27 de julio de 2005. Una comisión investigadora establecida con posterioridad encontró una brecha significativa entre las precipitaciones pronosticadas (entre 65 y 124,9 milímetros) y la lluvia caída realmente (944 milímetros, la octava precipitación más intensa registrada en un lapso de 24 horas). Varios cientos de personas perdieron la vida con las inundaciones.

La decisión de una comunidad de actuar en las alertas también es influida por la cultura y las creencias. Algunos podrían ver un desastre como ‘un acto de Dios’ o, incluso, como en partes de Nepal, como un 'Devi-Prakop' —‘castigo de Dios’— frente a los cuales los humanos son impotentes y por lo tanto no actúan.

La percepción de beneficios al actuar podría no ser clara. A veces las personas dudan en dejar sus casas por temor a perder sus pertenencias y recursos. La gente podría además no confiar en que las autoridades les proporcionen instalaciones y protección en los centros de evacuación.

Otro factor clave es si la infraestructura o servicios requeridos para la evacuación están en orden. En el caso del ciclón Nargis, las comunidades locales no tenían dónde refugiarse, ya que faltaban albergues seguros y protocolos y procedimientos de evacuación.

Sacar lecciones de los desastres

Se han aprendido importantes lecciones sobre por qué pueden instaurarse sistemas de alerta temprana.
Por ejemplo, Myanmar ha adoptado un enfoque de cinco colores, que van desde ‘amarillo’ (que significa que un ciclón se está formando en el Mar de Andaman o la Bahía de Bengala) a ‘verde’ (que significa que un ciclón se ha debilitado y pasó) para facilitar que las personas entiendan y reaccionen a las alertas de ciclones.

En Mumbai se está instalando un radar Doppler para ayudar a detectar lluvias severas localizadas, lo que permite aumentar la credibilidad de las alertas tempranas y por lo tanto, la confianza de las personas en su precisión.

En Nepal, los desastres ahora se dividen en tres componentes: peligro (eventos naturales, tales como terremotos, lluvias o ciclones); vulnerabilidad (estructuras inseguras, degradación ambiental, falta de conciencia sobre lo que se debe y no debe hacer ante un desastre); y exposición (la localización de los elementos vulnerables en zonas de inundaciones y otras áreas de peligro).

Desenmarañar lo que constituye un ‘desastre’ ayuda a cambiar las actitudes hacia el manejo de desastres y de esa manera aumentan las posibilidades de que una comunidad preste atención a las alertas tempranas.

Además, se han construido refugios y preparado procedimientos de evacuación en muchos países, incluyendo Bangladesh, India y Myanmar. Esto ha fortalecido el último eslabón de un sistema de alerta temprana.

Forjando un futuro más seguro

Pese a esos avances, el desarrollo de sistemas de alerta temprana de fin a fin tiene un largo camino por delante. Por ejemplo, el sistema de alerta de cinco colores de Myanmar tiene que ser reexaminado a la luz de esquemas similares en otros países, y se debe desarrollar un sistema de códigos de color estándar.

Muchos países usan alertas por televisión y radio, pero si son leídas por quienes habitualmente dan las noticias en su tono de voz usual, las alertas podrían ser consideradas como ‘lo mismo de siempre’ y ser ignoradas por muchos televidentes y auditores. La forma en que un lector de noticias anuncie una alerta —e incluso el esquema de color de fondo del estudio— también es importante para transmitir la seriedad de un mensaje. Esto requiere más estudios.

Los desastres están siempre con nosotros, y el cambio climático parece comenzar a incrementar la intensidad y frecuencia de los eventos extremos. Hacerles frente es una disciplina en evolución que requiere un enfoque integrado que involucre tecnología, comunicación, ciencias sociales y psicología.

Sudhir Kumar, director de proyecto en el Centro Asiático de Preparación para Desastres (ADPC), dirige la implementación del proyecto de reducción de riesgos de desastres (RRD) en el Sudeste asiático y Sur de Asia. Tiene más de diez años de experiencia en RRD en el gobierno de Gujarat, India, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y ADPC. Sudhir puede ser contactado en sudhir.adpc@gmail.com



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