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Sostenibilidad urbana debe mirar más allá de la ciudad

Crédito de la imagen: Chris Stowers / Panos

De un vistazo

  • Zonas rurales influyen en las ciudades al enviar migrantes, alimentos y otros insumos

  • Sin embargo, habitantes, investigadores y planificadores de la ciudad ven la pobreza rural como algo lejano a los problemas urbanos

  • La planificación urbana y el desarrollo rural necesitan integrar sus diferentes enfoques

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Investigación y planificación de ciudades sostenibles no puede funcionar sin el desarrollo rural, dice Edwin Castellanos.

Los países en desarrollo no escapan a la tendencia mundial de urbanización. Por ejemplo, en América del Sur, el 75 por ciento de la población vive en ciudades y esa cifra crece al 90 por ciento si consideramos solo a los países del Cono Sur, en donde megalópolis como Sao Paulo y Buenos Aires albergan la mayor parte de la población.

En esas megaciudades, que usualmente son el centro del poder político o económico de un país, la gente en general disfruta de una calidad de vida comparable a la de los países desarrollados. Pero lejos de ellos se encuentran las ciudades más pequeñas que luchan por gestionar un crecimiento que es caótico y sin planificación, principalmente por la fuerte migración procedente de las zonas rurales aledañas.

Las zonas rurales empobrecidas juegan un papel fundamental en muchos aspectos de la vida urbana, en especial, aunque no solamente, en fomentar los cinturones de pobreza periurbanos alrededor de la mayoría de las ciudades del mundo en desarrollo. Al ignorar la pobreza rural, investigadores y profesionales que trabajan para transformar las ciudades en comunidades más sostenibles están dejando de lado una parte clave del rompecabezas.

A pesar de muchas décadas de discurso sobre el desarrollo rural, las regiones no urbanas todavía carecen de servicios básicos, como centros de salud, educación y saneamiento. Esto obliga a muchas personas a emigrar a los centros urbanos.

La constante migración rural hacia la ciudad complica cualquier intento de planificación para la sostenibilidad en las ciudades, si es que existen tales intentos.

El hacinamiento en las áreas periurbanas, donde se asienta la mayoría de los migrantes rurales, hace que sea muy difícil para los planificadores brindar los servicios y la infraestructura adecuados para servir a la gran afluencia de nuevos residentes.

Por otra parte, estas áreas periurbanas, donde la pobreza es alta, son usualmente las primeras en ser golpeadas por la tragedia cuando ocurren eventos extremos, como deslizamientos de tierra e inundaciones, algo que se está volviendo más frecuente con los efectos del cambio climático.

Falsa dicotomía
 
Los vínculos no se limitan a la migración: los entornos rurales también 'alimentan' a los centros urbanos con muchos insumos básicos, que por supuesto incluyen alimentos y suministros de agua limpia. Por lo tanto, los planes para la sostenibilidad urbana deberían mirar más allá de las ciudades: los planificadores urbanos necesitan trabajar más estrechamente con los funcionarios del gobierno encargados de los programas de desarrollo rural y reducción de la pobreza.
 
En los países en desarrollo, estos programas están a menudo desconectados de las iniciativas de sostenibilidad urbana. Además, los planificadores de ciudades con frecuencia se centran en la ingeniería, mientras que los desarrolladores rurales ven la reducción de la pobreza desde la perspectiva de las ciencias sociales. Esta diferencia de referencia y enfoque hace que la comunicación entre ellos sea difícil.

“Para muchos habitantes de las ciudades, incluyendo tomadores de decisión nacionales, sus entornos rurales parecen un mundo distante, a menudo olvidado”.

Edwin Castellanos

Las recientes iniciativas relacionadas con la adaptación al cambio climático pueden ayudar a romper esta brecha entre la planificación urbana para la sostenibilidad y el desarrollo rural para reducir la pobreza.
 
Los asentamientos urbanos sufren muchas de las vulnerabilidades e impactos esperados —y observados— en entornos rurales. Brindar servicios esenciales como agua, salud y energía en un clima cambiante tendrá que tener una visión integrada que se aleje de la tradicional dicotomía rural-urbano.

Por ejemplo, el reciente aumento de las enfermedades transmitidas por vectores ya no es un problema principalmente de las zonas rurales, sino que ahora está afectando a muchas ciudades tropicales. El control efectivo de estos brotes no puede diferenciarse entre zonas urbanas y rurales: ambas deberían ser incluidas, aunque no necesariamente con las mismas estrategias.

Las tormentas tropicales que azotaron Mesoamérica (la región desde el centro de México hasta el norte de Costa Rica) en la última década ofrece ejemplos vívidos sobre cómo cualquier impacto en la infraestructura productiva en áreas rurales puede afectar e incluso cortar el flujo de alimentos y otros bienes a los centros urbanos.
 
Es tiempo de cerrar la brecha
 
Ahora más que nunca es el momento adecuado para cerrar la brecha entre lo rural y lo urbano. Las ciudades se están acercando a las zonas rurales y las distancias se achican tanto física —a través de mejores redes viales— como virtualmente, a través de una mejor red de teléfonos móviles y conexiones a Internet. Sin embargo, para muchos habitantes de las ciudades, incluyendo tomadores de decisión nacionales, sus entornos rurales parecen un mundo distante, a menudo olvidado.
 
Una iniciativa interesante para cerrar esta brecha mental sucedió recientemente en Guatemala. Los líderes de la clase privilegiada en Ciudad de Guatemala invitaron a gente de la ciudad a pasar un fin de semana con una familia que vive en condiciones de pobreza en la zona rural circundante. La iniciativa tuvo un éxito limitado en la captación de voluntarios, pero cobró importancia cuando el presidente del país participó como uno de los visitantes de la ciudad.
 
Quienes participaron definitivamente se llevaron una impresión de primera mano de cómo es la vida rural en un mundo en desarrollo y empobrecido. La participación del presidente también aumentó la conciencia dentro de la clase política sobre la necesidad de satisfacer las necesidades de las comunidades rurales con el fin de mejorar también aspectos importantes de la vida urbana.
 
Los tomadores de decisión en los países en desarrollo y en las agencias internacionales de cooperación necesitan encontrar maneras de romper la brecha mental entre las áreas rurales y urbanas. Y necesitan fomentar que los programas de desarrollo empiecen a pensar en términos de comunidades urbano-rurales más integradas. Reunir a grupos de trabajo multidisciplinarios integrados por funcionarios de la planificación urbana y desarrollo rural sería un punto de partida.
 
El flujo de mercancías e información entre las comunidades rurales y urbanas crece constantemente, haciendo que el concepto de una verdadera aldea global esté más cerca de la realidad. Los tomadores de decisión necesitan reconocer la realidad de este proceso e incorporarlo en su investigación y práctica con el fin de construir ciudades más sostenibles.
 
Edwin Castellanos es co-director del Centro de Estudios Ambientales y de Biodiversidad, CEAB, de la Universidad del Valle en Guatemala, y autor principal del Quinto Informe sobre Cambio Climático del IPCC. Puede ser contactado a través de [email protected]
 
Este artículo forma parte del especial de SciDev.Net sobre ciudades sostenibles

La versión original de este artículo se publicó en la edición global de SciDev.Net


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