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Los gobiernos deberían resistir la presión de tabacaleras a abrir sus mercados a productos de tabaco calentado (PTC) y, donde ya estén presentes, deberían regularlos.

Así lo propone un editorial publicado en la revista The British Medical Journal (16 de septiembre) que criticó una decisión de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA) de catalogar a los PTC como de menor exposición a algunas sustancias dañinas, comparados con cigarrillos tradicionales.

Según los investigadores de la iniciativa STOP, un organismo de control de la industria tabacalera, y la Universidad de Bath (Reino Unido), que firman el texto, la resolución permitió específicamente a Phillip Morris International (PMI) —la tabacalera más grande del mundo— intensificar campañas de venta y tergiversar mensajes.

En un artículo publicado en la misma revista el 21 de septiembre, Moira D. Gilchrist, vicepresidenta de Comunicación Estratégica y Científica de PMI, describe las afirmaciones como “ataques injustificados a la experiencia de una de las principales agencias reguladoras del mundo” y señala que “intenta socavar las mejores opciones para los adultos que fuman”.

En el editorial de STOP, los autores subrayan las diferencias entre cigarrillos electrónicos y PTC. Mientras los e-cigarrillos no contienen tabaco sino que calientan líquidos que tienen nicotina (y, usados como apoyo, pueden ayudar a abandonar el hábito), los segundos —como el producto IQOS de PMI— calientan el tabaco con dispositivos a batería para que el fumador succione el aerosol por la boca.

Sobre esa base, las empresas que comercializan los PTC los promueven argumentando que son más seguros que los cigarrillos convencionales.

Para venderlos en EEUU y convencer a otros países de abrir mercados que los regulen de forma distinta a los cigarrillos y apliquen menos impuestos, PMI solicitó a la FDA que catalogara de “riesgo reducido” a sus IQOS. Para ello el producto debe cumplir dos estándares: ‘exposición modificada’ y ‘riesgo modificado’.

El primero requiere demostrar que inhalar las emisiones de tabaco calentado —directa o indirectamente— expone a menos químicos potencialmente dañinos que al fumar o inhalar humo de cigarrillos.

El segundo, de importancia mayor, es probar, por un lado, que las personas expuestas al producto tienen menor riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con el tabaco, comparado con los cigarrillos convencionales. Y, por otro, que hay un beneficio a la salud de la población, tanto usuarios como fumadores pasivos. PMI logró demostrar únicamente “exposición modificada”. Según la resolución (7 de julio) de la FDA, el sistema IQOS “reduce significativamente la producción de químicos dañinos y potencialmente dañinos”.

Para Sophie Braznell, coautora del editorial, la evidencia científica que presentó PMI para lograr esta resolución es cuestionable porque la mayoría de los estudios fueron desarrollados o financiados por la compañía. “PMI tiene una larga historia de malas conductas y manipulación científica”, dijo a SciDev.Net.

Al respecto Gilchrist respondió a SciDev.Net: “Si miran en el mundo farmacéutico, por ejemplo, cuando se somete un nuevo medicamento a la FDA las compañías desarrollan y financian la investigación (…) Nosotros producimos el producto, nuestra responsabilidad es caracterizarlo y proveer la evidencia necesaria”.

Otro tema de debate son las sustancias analizadas. El reporte de PMI sostiene que los aerosoles de IQOS tienen 90% menos niveles de tóxicos que el cigarrillo.

STOP afirma que PMI solo analizó 48 de las 93 sustancias dañinas reconocidas por la FDA, y muestra, a través de artículos independientes, que 56 sustancias son más altas en IQOS que en el humo de cigarrillo, reveló el reporte.

“IQOS no son seguros y presentan serios riesgos para la salud”, señaló Braznell. Gilchrist, en tanto, dijo que IQOS es “un nuevo producto que pueden usar (los adultos que fuman) en lugar de continuar fumando”. Para PMI, la resolución de la FDA es un “hito de salud pública”, dijo Gilchrist.

“PMI no maneja el producto como ‘exposición modificada’ sino como ‘riesgo reducido’, y dan la idea de que tendrás menos riesgos que el cigarro”, dijo a SciDev.Net Erick Antonio Ochoa, director de Salud Justa Mx, organización dedicada a control del tabaco en México.

“Es escandalosa la representación errónea de la resolución de la FDA en los medios en América Latina. Hemos rastreado noticias que muestran la resolución como un hito de la salud pública y los IQOS como seguros, y estas noticias se utilizan para presionar a gobiernos”.

Mercedes Carballo, iniciativa STOP para el Control del Tabaco, Universidad de Bath, Reino Unido

Con algunas excepciones, países de Latinoamérica firmaron el Convenio Marco para el Control del Tabaco, de la OMS, que estipula que los PTC deben ser regulados como productos de tabaco y que los países son responsables de evitar la injerencia de tabacaleras en sus políticas.

Pero este convenio no genera leyes ni sanciones, lo que explica una regulación heterogénea en la región. En este escenario, la resolución de la FDA sirva para que PMI busque comercializar IQOS como un producto distinto al cigarrillo. “La resolución es un ejemplo de cómo gobiernos y organizaciones de salud pública pueden regular alternativas libres de humo para diferenciarlas de cigarrillos y promover la salud”, dijo PMI.

“Es escandalosa la representación errónea de la resolución de la FDA en los medios en América Latina. Hemos rastreado noticias que muestran la resolución como un hito de la salud pública y los IQOS como seguros, y estas noticias se utilizan para presionar a gobiernos”, explicó a SciDev.Net Mercedes Carballo, de STOP.

Hasta ahora, México es el único país de la región que respondió ante la resolución de la FDA, a través de un comunicado (1 de septiembre) que ratifica la prohibición de los PTC.

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