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La experiencia en manejo de situaciones de desastres y en contención de enfermedades infecciosas, acumulada por los médicos cubanos a lo largo de varias décadas, está permitiendo el envío de brigadas médicas a diversos países del mundo para ayudar en la lucha contra la COVID-19. El suministro al exterior de servicios médicos se ha convertido en una importante fuente de ingreso de divisas al país.
 
Según declaraciones de Jorge Bustillo, director de la Unidad Central de Cooperación Médica del Ministerio de Salud al programa televisivo Mesa Redonda, 25 brigadas, con 2.041 profesionales de la salud, han partido de Cuba desde marzo a combatir la COVID-19 en 23 países.
 
Sudáfrica, Angola, Togo, Italia, Andorra, Venezuela, Nicaragua, Surinam, Jamaica, Dominica, Belice, San Vicente y las granadinas y Honduras son algunos de esos países, pero en total son 51 los que han solicitado la ayuda, según informó Marcia Cobas, vicetitular de Salud en una emisión anterior del referido programa de la televisión local. Añadió que continúan evaluando las solicitudes recibidas de otros países.

Brigada de médicos cubanos enviada a Belice para luchar contra el COVID-19.
Crédito de la imagen: Twitter de de Eugenio Martínez Enriquez, DG de América Latina y el Caribe del Ministerio de RREE de Cuba.

Los profesionales integran el contingente Internacional de Médicos Especializados en situaciones de desastres y graves epidemias Henry Reeve, creado en 2005 por el entonces presidente Fidel Castro para asistir a las personas afectadas por las inundaciones del huracán Katrina en Estados Unidos, ayuda que fue rechazada por el entonces presidente George W. Bush.
 
Sin embargo, su experiencia se remonta a 1960, cuando un grupo de médicos y enfermeras capacitados en atención de desastres fueron enviados a Chile a ayudar en las tareas de rescate y atención de víctimas de un devastador terremoto.
 
Bustillo afirmó que de los colaboradores “más de mil se encuentran atendiendo casos positivos de COVID-19, el 43 por ciento del total se encuentra en zona roja (es decir de alto riesgo) y el resto en centros de aislamiento”.
 
Desde su fundación, los especialistas del contingente Henry Reeve han estado presentes en países como Liberia, Sierra Leona y Guinea Conakry enfrentando al ébola y los terremotos de Pakistán y Haití, entre otras situaciones de emergencia.
 
En más de una oportunidad, han pagado un alto precio por esa ayuda. Reportes de prensa, dan cuenta de la historia del doctor Félix Sarria Báez  que se infectó de ébola en Sierra Leona, sobrevivió y regresó al país de África para continuar el enfrentamiento a la enfermedad.

Félix Sarria Báez, sobreviviente del ébola que volvió a Sierra Leona con sus pacientes, cuando se curó.
Crédito de la imagen: Stephany Saporito, Organización Mundial de la Salud.

Por su trabajo, la Organización Mundial de la Salud otorgó a ese contingente el premio Dr. LEE Jong-wook en 2017, que reconoce a las personas o grupos gubernamentales o de otra índole que contribuyen a la salud pública y realizan una labor que va más allá del cumplimiento de las obligaciones esperadas.
 
“El modelo cubano de Henry Reeve debería adaptarse para futuros desastres y pandemias”, dijo a Scidev.Net vía Messenger Conner Gorry, editor senior de la revista MEDICC Review.
 
“Se trata de un equipo formado especialmente para estas situaciones, con entrenamiento específico para prestar servicios en instituciones públicas de salud; cuyos integrantes y especialistas son seleccionados según el tipo de desastre, por ejemplo terremotos, que necesitan ortopédicos/fisio- terapeutas; epidemias, que necesitan epidemiólogos, etc.”, resaltó.
 
“Lo que más me ha impresionado de estas brigadas es que siempre envían un equipo muy capacitado, con mucha experiencia en el campo que van a tratar y con muy buena voluntad de coadyuvar, de ponerse al servicio del país al que llegan en todas las tareas de salud que les asignen”, señaló a SciDev.Net por vía telefónica Nila Heredia, exsecretaria ejecutiva del Organismo Andino de Salud-Convenio Hipólito Unánue.

“El modelo cubano de Henry Reeve debería adaptarse para futuros desastres y pandemias”.

Conner Gorry - editor senior de la revista MEDICC Review.

Heredia tuvo oportunidad de ver el trabajo de tres brigadas médicas cubanas cuando fue ministra de salud de Bolivia, en 2006 y en 2010.
 
“En los años 2006-2007 tuvimos una epidemia muy fuerte de dengue, complicada con exceso de lluvias, recibimos ayuda de varios países pero la de Cuba fue particularmente importante. Otra ayuda fue con las brigadas de extensión para atención sanitaria en comunidades donde teníamos hospitales de segundo nivel pero no había especialistas y por esa vía se logró brindar más cobertura. Y finalmente el Plan “Milagro”, que se hizo para el tema de cataratas, con una brigada muy especializada en oftalmología”, recuerda.
 
Según Heredia, médica y docente universitaria, “una cosa muy importante es que respetan la realidad de cada país, no es que llegan a imponer sus criterios, sino que siguen las directivas y política del país al que llegan”.
 
Gorry, quien ha seguido durante varios años el trabajo de la brigada, precisó que es importante “observar y aprender del modelo cubano y aplicar lo que sería factible en cada país y contexto”.
 
Y Heredia complementa: “más allá del hecho físico de la presencia de los especialistas, creo que está el simbolismo y el mensaje de que es posible trabajar en conjunto, con respeto, con colaboración cuando la humanidad lo requiere”.


Médicos cubanos integrantes de la brigada enviada a Italia para ayudar en la pandemia.
Crédito de la imagen: Esperanza digital, bajo licencia Creative Commons.

Solidaridad es la meta

Desde Beira, una ciudad a más de 1000 kilómetros de Maputo, la capital de Mozambique, en África, la pediatra cubana Danys Alvarez, integrante de la brigada de cooperantes cubanos en la región, asegura a SciDev.Net que como médicos han sido educados en la solidaridad como parte de su práctica profesional.
“Nos educan para salvar vidas, para ayudar a otros pueblos que lo necesiten y salimos a brindar nuestra cooperación siempre y cuando se necesite de nuestros servicios”, dijo a través de un video enviado vía Whatsapp.
 
“Una vez en estas misiones también aprendemos, aprendemos de otras culturas, aprendemos de enfermedades que en Cuba no se ven y que muchas veces las hemos estudiado solo en los libros, pero no hemos tenido la oportunidad de comprobarlas. De eso se trata, de crecer como profesionales y como seres humanos”, señaló.
 
Álvarez lleva seis meses en la ciudad mozambiqueña, a la que llegó por un pedido del gobierno de ese país a Cuba. Normalmente, un médico cubano permanece en este tipo de misiones entre dos y tres años, establecidos comúnmente en áreas remotas.
 
“Antes de salir recibimos capacitación relacionada con las normas del país, las enfermedades más frecuentes, medidas de bioseguridad”, añadió Álvarez.
 
Una vez en el terreno, los médicos reciben una remuneración por parte del país receptor, que es depositado en una cuenta en Cuba, según informó la viceministra Cobas.

Manejo de contención a COVID-19

A pesar del despliegue fuera de fronteras, el sistema de salud cubano parece tener suficientes reservas.
 
"Hoy disponemos de más de 90 mil médicos bien preparados, lo que nos permite enfrentar la COVID-19 en Cuba y colaborar con otros países", dijo a través de su cuenta de Twitter el ministro cubano de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca.
 
La cifra coloca a Cuba en una relación de 9 médicos por cada 1.000 habitantes, una de las más altas del mundo según IndexMundi, portal de datos que recopila hechos y estadísticas de múltiples fuentes.
 
Al 23 de mayo las autoridades cubanas reportaron 1931 personas positivas al nuevo coronavirus, 81 fallecidas y 1671 pacientes dados de alta.
 

El protocolo interno de atención a la población incluye la atención preventiva y el seguimiento de los contagiados.
Crédito de la imagen: Frente Antiimperialista Internacionalista, bajo licencia Creative Commons.

El protocolo de Cuba frente a la enfermedad incluye la pesquisa activa de salud, una práctica que consiste en que estudiantes de medicina y estomatología visitan diariamente los hogares indagando por el estado de salud de la familia. Si alguna persona presenta síntomas asociados a la enfermedad es puesto en vigilancia epidemiológica.
 
A esto se añade la utilización de un “pesquisador virtual”, una aplicación creada para que las personas puedan advertir a las autoridades sanitarias sobre posibles síntomas de la enfermedad de manera remota.
 
El otro pilar es el aislamiento para personas sospechosas, como contactos de casos confirmados. A estas personas se le aplica la prueba molecular (PCR en tiempo real) para comprobar si están o no contagiadas con la enfermedad.
 
El tratamiento a los pacientes confirmados incluye Interferón Alfa 2B, que se fabrica con tecnología cubana, el antirretroviral Kaletra y cloroquina, un inmuno-modulador.


Un enfoque innovador

El Programa de Cooperación Médica de Cuba funciona en diferentes modalidades. En una de ellas Cuba asume los gastos, en otra los gastos se comparten con el país receptor y en una tercera variante Cuba recibe ingresos, lo que le ha permitido un respiro económico.
 
Un informe elaborado por la Oficina Económica y Comercial de España en La Habana, actualizado a marzo de 2020, señala que desde 2005, las prestaciones de servicios médicos han sido la principal fuente de divisas del país. En 2015 llegaron a su pico más alto, con US$8.000 millones.
 
Según el Anuario Estadístico de 2018 la exportación de servicios de salud humana y de atención social en ese año (último dato disponible), ascendió a US$6.000 millones, superando incluso a otros rubros tradicionales de ingresos de la isla, como el turismo.
 
Sin embargo, las brigadas también han sido objeto de críticas y controversias. Por ejemplo, en diciembre pasado la Organización de los Estados Americanos (OEA), acogió la conferencia “La oscura realidad detrás de las misiones médicas cubanas”, durante la cual cuatro exintegrantes de las brigadas denunciaron, entre otras cosas, que no recibían su salario completo.


El gobierno ha implementado una serie de medidas para contener avance de la pandemia n su territorio, como el uso de mascarillas.
Crédito de la imagen: Sadiel Mederos/Periodismo de barrio bajo licencia Creative Commons.

En agosto de 2019, el portal Cuba Money Project reportó que la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) ofrecería 3 millones de dólares a organizaciones que “investigaran, recopilaran y analizaran información” relacionada con presuntas violaciones de los derechos humanos por personal sanitario cubano ubicado en estas misiones en el extranjero.
 
En Brasil, en abril de este año el Ministerio de Salud anunció que contrataría a los médicos cubanos que se quedaron en el país luego de que el actual presidente, Jair Bolsonaro, de tendencia ultra conservadora, cancelara el convenio firmado por la expresidenta Dilma Rousseff en 2013, acusándolos de ser espías.
 
Aproximadamente 8.000 médicos fueron enviados a Brasil en el marco de ese convenio, de los cuales aproximadamente un millar decidió permanecer en el país aunque impedidos de ejercer su profesión luego del cese del convenio. Sin embargo, ante el avance de la COVID-19, que prácticamente ha hecho colapsar el sistema sanitario brasileño, el Ministerio de Salud aceptó contratarlos aunque sin firmar un acuerdo de cooperación con Cuba sino como parte de un proceso de selección de especialistas.

“Una vez en estas misiones también aprendemos, aprendemos de otras culturas, aprendemos de enfermedades que en Cuba no se ven y que muchas veces las hemos estudiado solo en los libros, pero no hemos tenido la oportunidad de comprobarlas”.

Danys Alvarez - pediatra cubana destacada en Beira, Mozambique.

 
En la televisión nacional cubana, Cobas afirmó que la cooperación en el enfrentamiento a la Covid-19 se lleva a cabo sobre la base de “la complementariedad de servicios”, donde, “los profesionales reciben su salario íntegro en Cuba”, precisó.
 
“Hay que decir que los países han asumido la transportación, el alojamiento, la alimentación. Y hay algunos países desarrollados que también han buscado en este principio del derecho a la salud y de la complementariedad, una compensación en los servicios”, añadió. La indumentaria de bioseguridad también es asumida por los países.
 
Hoy las misiones médicas cubanas están en 61 países del mundo. En 59 naciones ya funcionaban antes de la emergencia de la Covid-19, y se suman las que salieron a Andorra y la región de Lombardía en Italia, bajo la nueva circunstancia.
 
Gory, afirma que “una de las lecciones más claras de COVID-19 es que la colaboración global en salud no es una opción. Es una obligación y clave para la salud de todos. “Y el Contingente Henry Reeve de Cuba es un ejemplo”.

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