Por: Humberto Basilio
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[CIUDAD DE MÉXICO, SciDev.Net] El tráfico ilegal de loros en México persiste, pese a las restricciones introducidas hace casi dos décadas, y se ha desplazado hacia los centros urbanos, según un estudio que analizó decomisos registrados entre 1997 y 2024 y desarrolló un modelo para identificar posibles rutas de tráfico en el país.
La investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), encontró que 20 de las 22 especies nativas de loros de México han sido afectadas por el comercio ilegal. Según los autores, mientras antes de 2008 la pobreza aparecía asociada con la captura de estas aves, en los últimos años el crecimiento de la población urbana se ha convertido en un factor más relevante.
“En América Latina hay una cultura muy arraigada de tener loros como mascotas”.
Rodrigo León Pérez, oficial de vida silvestre para WWF
México es un centro mundial de diversidad de loros. Durante décadas estas aves han sido capturadas para abastecer mercados nacionales e internacionales. Como resultado, muchas de sus especies están amenazadas. En 2008, el país reformó su Ley General de Vida Silvestre para prohibir la captura, posesión y tráfico de loros, pericos y guacamayas silvestres.
Sin embargo, el nuevo estudio muestra que el comercio ilegal no desapareció. Lo que cambió, observó el trabajo, fueron sus puntos de detección: los operativos comenzaron a concentrarse cada vez más en áreas urbanas.
La permanencia del tráfico “no es un secreto”, dice a SciDev.Net el biólogo Rodrigo León Pérez, oficial de vida silvestre para WWF y coautor del estudio. El problema era que en México existía “un gran vacío de información con respecto a cómo y cuánto ha aumentado”, agrega.
Para abordar este vacío, el equipo analizó más de 6.000 registros públicos de decomisos de loros entre 1997 y 2024, y los combinó con datos sobre la abundancia de las especies y características sociodemográficas de la población.
Con esos datos desarrolló, además, una herramienta interactiva que permite estimar las rutas con mayor probabilidad de ser utilizadas para transportar loros.
Así, los científicos concluyeron que, antes de la aplicación de la ley de 2008, la pobreza era uno de los factores asociados con la caza furtiva, porque podía representar un ingreso adicional para los pobladores rurales de esas zonas.
Sin embargo, con los años y el endurecimiento de las leyes, la pobreza dejó de ser un factor determinante. Los científicos encontraron que el tráfico responde más al crecimiento poblacional en las urbes del país y que los decomisos se realizan con mayor frecuencia en esas zonas.
“La ley en teoría debió haber minimizado el tráfico”, dice León Pérez. Sin embargo, sus resultados muestran lo contrario. Aunque el biólogo reconoce la poca eficacia de la ley ambiental, también dice que el problema se debe a que la compra de especies no ha parado, pese a que el discurso público ha condenado cada vez más esta práctica. “En América Latina hay una cultura muy arraigada de tener loros como mascotas”, dice.
Frente a estos resultados, algunos especialistas hacen otra interpretación. El zoólogo Donald Brightsmith, de la Universidad A&M de Texas, que trabajó con loros en varios países de la región, pero no participó en el estudio, comenta a SciDev.Net que los decomisos son una muestra sesgada del verdadero tráfico de especies.
Para Brightsmith, esto se debe a que quienes son detenidos, normalmente son pequeños comerciantes que trafican estas especies. Las especies caras, agrega, son traficadas de manera mucho más sofisticada. Asimismo, señala que el estudio “no muestra evidencia que demuestre un cambio radical” en la disminución de la pobreza como factor importante del tráfico.
Predecir las rutas
Con la información obtenida en el nuevo estudio, los científicos también crearon una herramienta interactiva para detectar y predecir rutas de tráfico de aves en el país.
Utilizaron una técnica conocida como teoría de circuitos, en la que trataron los hábitats de los loros como puntos de origen, las ciudades como destinos y las carreteras como vías de conexión. Así, identificaron corredores de alta probabilidad, especialmente en el sureste de México y alrededor de ciudades como Villahermosa, Tuxtla Gutiérrez, Mérida y Campeche.
El mapa es público y la idea es que las autoridades la puedan utilizar para reforzar las medidas de vigilancia en esas zonas.
Es “una gran herramienta”, dice Marco Antonio Altamirano González Ortega, ornitólogo de la Red para Conservación de los Psitácidos de Chiapas, porque “da una muy buena idea de cómo identificar las rutas de tráfico no sólo de loros, sino de otras especies”.
Advierte, sin embargo, que las capacidades de la autoridad ambiental en México aún están muy limitadas para poder detener de manera eficaz todo el tráfico de especies que hay en el país. “Voluntad hay”, dice Altamirano González Ortega, pero “no hay suficiente personal capacitado para hacer detenciones, ni recursos para atender y reinsertar a todos los loros recuperados”.
León Pérez reconoce que un gran problema para los científicos es reinsertar a los loros recuperados de los operativos contra el tráfico. Una de las limitaciones del mapa que desarrolló el equipo es que no cuenta con información precisa de las zonas específicas donde los loros son capturados; lo que dificulta regresarlos a casa una vez que son salvados.
El genetista del King’s College london George Olah, autor principal del estudio, dice que el siguiente paso en la investigación será crear un banco genético que les permita a los investigadores identificar el origen de los loros en México y facilitar tareas de reinserción de las especies en sus hábitats naturales.
Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net
