Por: Ogechi Ekeanyanwu, Luisa Massarani and Bothina Osama
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[LAGOS, LISBOA Y EL CAIRO, SciDev.Net] El limitado acceso a servicios de salud, la escasa influencia local en las prioridades de investigación y la desigual distribución de los beneficios científicos están socavando la confianza pública en la ciencia, advierten expertos consultados tras la publicación de una encuesta mundial sobre el tema.
El Wellcome Global Monitor 2026 encuestó aproximadamente a 140.000 personas en 140 países en 2025 y descubrió que la confianza en la ciencia había caído por debajo de los niveles previos a la pandemia.
Para seguir la evolución de los cambios a través del tiempo, los investigadores compararon los resultados de 108 países encuestados en 2018, 2020 y 2025. La proporción de encuestados que expresaron al menos algún grado de confianza en la ciencia cayó de 77 por ciento en 2018 a 72 por ciento en 2025, tras haber aumentado a 80 por ciento durante la pandemia de COVID-19 en 2020.
En el mismo periodo, el porcentaje de quienes respondieron tener poca o ninguna confianza en la ciencia aumentó de 13 por ciento –cifra registrada tanto en 2018 como en 2020– a 19 por ciento en 2025.
La confianza en los científicos también disminuyó. El porcentaje de personas que dijeron tener “mucha” confianza en los científicos cayó a 32 por ciento en 2025, mientras que en 2018 era de 34 por ciento y de 43 por ciento en 2020.
“No es un colapso generalizado”, precisó Mark Henderson, director ejecutivo de asuntos corporativos y participación de Wellcome, al presentar los hallazgos durante la Cumbre Mundial de Salud realizada en Berlín el 12 de octubre.
Los resultados muestran una brecha creciente en las expectativas que tiene la gente respecto de la ciencia y sus experiencias acerca de sus beneficios reales. La menor confianza se registró entre las personas con dificultades económicas y la mayor, entre quienes confiaban en sus instituciones locales de cuidado de la salud.
“Las personas pueden reconocer la autoridad del conocimiento científico y, al mismo tiempo, cuestionar la manera en que se distribuyen sus beneficios”.
Carmelo Polino, profesor de la Universidad de Oviedo, España
En general, un 26 por ciento de encuestados dijo confiar “mucho” en la ciencia. Pero el porcentaje subió a 43 entre quienes respondieron tener mucha confianza en los hospitales y centros de salud de sus países.
A nivel mundial, el 39 por ciento de personas que reconoció vivir con holgura económica confiaba “mucho” en la ciencia, en comparación al 20 por ciento de quienes tenían dificultades financieras.
Evelyn Gitau, directora científica de la Fundación Ciencia para África, quien también intervino en la ceremonia de presentación, dijo a SciDev.Net que “es la gente diciendo: mi vida es dura, y aunque sé que la ciencia puede componerla, no lo está haciendo. Por lo tanto, no confío”.
Las percepciones sobre quiénes se benefician de la investigación también varían. Si bien un 81 por ciento de encuestados respondió que el trabajo científico beneficia a las personas, solo 37 por ciento señaló que beneficia a la mayoría de personas de su país. Uno de cada cinco dijo que la ciencia beneficia a muy pocas personas.
John Besley, especialista en comunicación científica de la Universidad Estatal de Michigan, Estados Unidos, quien no fue parte de la encuesta, comentó a SciDev.Net que “la investigación dice que debemos hacer algo más que solo hablarle a la gente de los beneficios. Para generar confianza, los científicos deben demostrar que escuchan, actúan con integridad y realizan investigaciones que responden a necesidades reales”.
Para él, un aspecto sustancial es que los datos muestran que las personas que afirman confiar en la ciencia también tienden a considerarla beneficiosa.
Al abordar los resultados de la encuesta en Asia Occidental, donde los países difieren notablemente en cuanto a inversión en investigación, estabilidad política y acceso a los avances científicos, Tarek Kabil, profesor emérito de biotecnología de la Universidad de El Cairo afirmó a SciDev.Net que mientras “Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos invierten fuertemente en inteligencia artificial e investigación científica, países como Yemen, Siria, Irak y Palestina se enfrentan a una grave inestabilidad”.
Kabil, quien es autor principal del capítulo sobre los Estados Árabes del Informe de la UNESCO sobre la Ciencia, y que no fue parte del reporte de Wellcome, añadió que “tales desigualdades pueden socavar la confianza entre las personas que se sienten desconectadas del progreso científico”.
Algo similar sucede en África. “No es que la gente no crea que la ciencia funciona. La cuestión es de quién son esas prioridades”, afirmó Gitau, quien lleva 30 años investigando en ese continente. “Algunos de mis descubrimientos se convirtieron en productos que luego volvieron aquí para ser comercializados”, comentó.
América Latina: no hay crisis de confianza
En América Latina, las tendencias varían entre países. En Brasil, el porcentaje de personas que expresaron aunque sea algo de confianza en la ciencia creció de 64 por ciento en 2018 a 74 por ciento en 2025. En Chile, aunque se llegó a 81 por ciento en 2020, cayó a 63 por ciento en 2025.
Carmelo Polino, profesor de la Universidad de Oviedo, España, que ha trabajado en encuestas sobre percepción de la ciencia en América Latina y que no participó en el estudio de Wellcome, indicó que el informe aporta evidencia valiosa sobre la evolución de la confianza en la ciencia, pero sus resultados deben interpretarse con cautela, pues no implican “una crisis generalizada de confianza”.
“Las encuestas nacionales de percepción de la ciencia realizadas en América Latina, que incluyen indicadores más amplios, muestran desde hace años que los niveles relativamente elevados de confianza y prestigio de la ciencia conviven con actitudes críticas hacia determinadas aplicaciones tecnológicas o decisiones institucionales”, explicó.
Citó los datos de la última encuesta nacional de Chile, publicados en 2026, que muestran que un alto porcentaje de personas (85,4 por ciento) aún espera ver beneficios significativos de la ciencia y la tecnología en el futuro, proporción similar a la encontrada hace casi una década.
“La confianza no depende únicamente de lo que las personas saben sobre ciencia, sino también de sus condiciones de vida, de la calidad de las instituciones y de cómo perciben la distribución de los beneficios. En otras palabras, las personas pueden reconocer la autoridad del conocimiento científico y, al mismo tiempo, cuestionar la manera en que se distribuyen sus beneficios”, afirmó.
En una región marcada por la desigualdad, Polino cree que la preocupación legítima por la ciencia debe ir acompañada de otro desafío: “cómo lograr que la ciencia sea más accesible, participativa y socialmente relevante”.
Este artículo fue producido por la redacción de habla inglesa para el África subsahariana de SciDev.Net, en colaboración con las secciones de América Latina y de Oriente Medio y el Norte de África (MENA) de SciDev.Net.
