Por: Zoraida Portillo
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[LIMA, SciDev.Net] La escoba de bruja, una enfermedad que afecta a la yuca (Manihot esculenta) no reportada anteriormente en las Américas, está amenazando los cultivos del norte de Brasil y de la Guayana Francesa y, de no tomarse las medidas precautorias, podría propagarse a otros países, en especial a los amazónicos, donde la yuca constituye un alimento básico.
Causada por un hongo (Ceratobasidium theobromae) que afecta a los árboles de cacao del sudeste de Asia y reduce significativamente su productividad, el “salto” de esta peste a la yuca aún es materia de investigación.
“La yuca podría no ser su hospedero primario”, comenta a SciDev.Net Saulo de Oliveira, investigador principal, responsable de estudios relacionados con las enfermedades de la yuca de Embrapa, la mayor organización de investigación agrícola de Brasil.
“Aunque en Brasil actualmente está restringido a la yuca, no se puede descartar la posibilidad de infección en otras especies vegetales, lo que exige una vigilancia fitosanitaria continua”, advierte.
En el sudeste asiático, el hongo no solo ha sido detectado en cultivos de yuca y cacao sino también en palta (aguacate), confirma a SciDev.Net, Wilmer Cuéllar, científico del Área de Investigación en Protección de Cultivos del Programa de Yuca de la Alianza Bioversity International y CIAT.
“Aunque en Brasil actualmente está restringido a la yuca, no se puede descartar la posibilidad de infección en otras especies vegetales, lo que exige una vigilancia fitosanitaria continua”.
Saulo de Oliveira, investigador principal, responsable de estudios relacionados con las enfermedades de la yuca de Embrapa, Brasil
A Cuéllar le preocupa cómo se comportará el hongo en la Amazonía, donde las condiciones de temperatura y alta humedad favorecen su esporulación, lo que podría crear un ambiente propicio para su expansión.
“Lo que sabemos es que el hongo existe, pero no sabemos a qué otros tipos de hospederos puede saltar. Los hongos, por su naturaleza, son difíciles de detectar. Y una vez que se establecen es muy difícil su erradicación porque se contagian o se esparcen muy rápidamente por condiciones propicias, como el monocultivo”, afirma Cuéllar, quien dirige el Laboratorio de Virología de la Alianza.
La Alianza y Embrapa lanzaron a fines de julio un plan de respuesta rápida cuyo objetivo principal es frenar la propagación de la enfermedad y estrechar los lazos de colaboración para mitigar lo que los científicos involucrados no dudan en calificar de “desastre devastador” para la seguridad alimentaria en la región si la enfermedad se extiende a otros países.
A diferencia del sudeste asiático, donde el cultivo es comercial y dedicado a la producción del almidón, en América Latina y el Caribe la yuca es parte de la dieta diaria de la población (ver infografías).
Los pueblos originarios del Amazonas la usan como alimento básico, en medicina tradicional y en sus rituales religiosos. Incluso, en muchas plantaciones agroforestales es aprovechada en asociación con el cacao, la palta y el copauzú (Theobroma grandiflorum), otro cultivo del género Theobroma.
Para los científicos, el riesgo es aún mayor en América Latina y el Caribe porque la región amazónica es centro de origen del cultivo, donde existe su mayor diversidad natural, incluyendo al menos 98 especies silvestres emparentadas. Además, en Sudamérica, al ser una enfermedad nueva, los expertos creen que tenga poca resistencia natural.
Las medidas más urgentes desde la investigación científica incluyen el monitoreo en campo —lo que ya está realizando Embrapa en Brasil y la Alianza en Guayana Francesa—; la determinación de la diversidad genética de los hongos aislados en esos dos países para saber si hay algún cambio respecto de los del sudeste asiático; y la identificación de la resistencia natural en algunas variedades de yuca, para incorporarlas en nuevas líneas de mejoramiento, pues actualmente no existe tratamiento contra la enfermedad.
“Es bueno que se esté haciendo investigación básica, pero queda por estudiar cómo se transmite el hongo. Podría ser por el viento (esporas), o de forma sistémica por los insectos, especialmente los chupadores-picadores, que comen y, al estar contaminados, se van a otra planta y al consumirla pueden estar pasando el patógeno”, subraya la entomóloga Verónica Cañedo, especialista en líneas de base de Recursos Genéticos del Ministerio de Agricultura del Perú, quien no forma parte de la Alianza.
“El hongo es del cacao y ha saltado a la yuca. En el cacao quizás ha convivido siempre, pero cuando pasa a otro hospedero que no tiene las defensas que tiene el cacao, se convierte en un problema sanitario. Entonces, el riesgo no es solo para la yuca. Y el tema es que todos los patógenos en general (hongos, bacterias, virus) van cambiando y se van adaptando a las condiciones ambientales, a los cultivos que encuentran”, añade.
Un reto mayor
Desde la vigilancia fitosanitaria, el desafío es aún mayor para evitar su propagación a otros países de la región, ya que la única forma de erradicar la enfermedad es recolectar todas las plantas infectadas y quemarlas.
Pero algunos tallos infectados no muestran signos externos de infección y dado que la yuca es un cultivo de subsistencia, el trasiego transfronterizo de estacas (el material principal para su propagación) a pequeña escala es constante y difícil de detectar.

Planta de yuca infectada por la escoba de la bruja: produce proliferación de peciolos y las hojas que se infectaron primero se mueren, pero quedan unidas al tallo, figurando una escoba. Crédito de la imagen: Alianza Bioversity International & CIAT.
En Brasil, “la vigilancia se realiza de forma activa, mediante visitas de técnicos a las propiedades rurales, y de forma pasiva a partir de notificaciones de productores, extensionistas o investigadores, como los de Embrapa”, informa de Oliveira.
“Además, se han implementado barreras fitosanitarias para restringir el tránsito de material vegetativo (hojas, tallos y raíces) desde zonas afectadas o sospechosas hacia otras regiones”, complementa.
Paralelamente se trabaja con las comunidades indígenas, afrodescendientes (quilombolas) y ribereñas en estrategias de mitigación de los impactos de la enfermedad “sin comprometer sus sistemas tradicionales de producción”.
Hasta fines de julio (2025) se habían realizado 760 inspecciones oficiales en propiedades rurales de los estados de Amapá y Pará, limítrofes con Guyana Francesa. En esa tarea se detectaron 43 casos confirmados en Amapá y 2 en Pará.
“Aunque la incidencia parece limitada en términos absolutos, los focos están concentrados en comunidades rurales donde la yuca representa la principal fuente de alimento e ingresos”, subraya el especialista.
En Amapá, donde hay siete municipios afectados, la producción conjunta de estas regiones supera las 42.000 toneladas de yuca por año, con un valor económico estimado en más de 23 millones de reales brasileños (unos US$ 4.153 millones).
En Guyana Francesa se han detectado síntomas de la enfermedad en áreas cercanas a la frontera con Surinam. Cuéllar remarca que ya se ha dado la alerta a las autoridades de que la enfermedad podría introducirse por allí “y como en Surinam la yuca tiene una enfermedad endémica, llamada cuero de sapo, se podrían mezclar ambos problemas”, alerta.
Cañedo señala que, si bien es prematuro emitir una alerta sanitaria regional sobre la enfermedad, dado que aún está confinada en dos países, “sí tenemos que estar preparados, ir viendo qué sucede”.
Sin embargo, cree que los servicios nacionales de sanidad agraria de la región deberían estar prevenidos y tener un plan de contingencia sin esperar que llegue la enfermedad para recién tomar medidas. Exhorta a tener cuidado con el comercio transfronterizo.
“La vigilancia fitosanitaria es necesaria”, reconoce Cuéllar, y por ello en un webinar sobre la enfermedad que viene preparando la Alianza para fines de agosto, se invitará no solo a los científicos involucrados en la investigación sino a especialistas de las agencias nacionales de fitosanidad de los países en riesgo.
“Este no es un problema de Brasil o de la Guyana Francesa, sino un problema regional. Los patógenos se van a mover, independientemente de las barreras que les podamos poner. La resistencia durable es la resistencia genética, que podamos encontrar variedades resistentes. Nosotros estamos en esa búsqueda, pero también tenemos que actuar a manera de contención, erradicar si es posible, cuarentenas, manejo en campo…”, remarca.
“Hemos visto que hay variedades resistentes a enfermedades de otras partes del mundo, es importante ver cómo se integra la colaboración Sur-Sur para obtener resultados más rápidos. Pero para eso tiene que haber también compromiso de los gobiernos a nivel regional, para compartir información e intercambiar experiencias”, finaliza.
Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net.


