27/07/26
Adaptar intervención a la cultura mejora salud cerebral
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[SÃO PAULO, SciDev.Net] Intervenciones terapéuticas en el estilo de vida —como dieta, nuevos hábitos y actividades de esparcimiento— que estén adaptadas a las culturas de distintos países y comunidades pueden mejorar significativamente la memoria, el pensamiento y la función cognitiva general de personas mayores con riesgo de demencia en América Latina.
La conclusión proviene de un estudio realizado entre 2023 y 2025 con personas de entre 60 y 77 años de 11 países de la región, en el marco del ensayo clínico Iniciativa Latinoamericana para la Intervención en el Estilo de Vida para Prevenir el Deterioro Cognitivo (LatAm-FINGERS).
“Es la primera vez que una intervención multidominio, realizada a gran escala y adaptada culturalmente a la realidad de América Latina, logra retrasar el deterioro cognitivo en una población históricamente poco representada en estudios sobre la prevención de la demencia”.
Claudia Suemoto, geriatra, Universidad de São Paulo
En los últimos años, diversos estudios han demostrado que intervenciones basadas en cambios en el estilo de vida pueden mejorar el rendimiento cognitivo de adultos mayores con riesgo de desarrollar demencia —un conjunto de enfermedades sin cura que provocan la muerte progresiva de células cerebrales y conducen a la discapacidad y, finalmente, a la muerte.
Uno de ellos, el Estudio Finlandés de Intervención Geriátrica para Prevenir el Deterioro Cognitivo y la Discapacidad (FINGER), de 2015, se convirtió en un referente en la prevención de la demencia al demostrar que las personas podrían reducir significativamente el riesgo de deterioro cognitivo mediante la adopción de un estilo de vida saludable.
Sin embargo, todavía existían dudas sobre la capacidad de este tipo de intervenciones para adaptarse, implementarse a gran escala y mantener su eficacia en regiones con contextos étnicos, socioeconómicos y sistemas de salud distintos, como los de América Latina.
En el estudio, publicado en julio en la revista científica The Lancet, los investigadores buscaron identificar qué componentes de la intervención debían mantenerse estandarizados y cuáles podían adaptarse a las realidades locales, teniendo en cuenta la cultura, el clima, la disponibilidad de alimentos, el acceso a la tecnología y las preferencias de los participantes.
Para ello, reclutaron a 1.065 participantes de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Perú, República Dominicana y Uruguay, y los asignaron aleatoriamente a dos grupos.
En uno de ellos, 526 participantes recibieron educación sanitaria periódica y recomendaciones generales sobre hábitos saludables. Los otros 539 recibieron asesoramiento y apoyo continuos, que incluyeron ejercicio físico supervisado, orientación nutricional, entrenamiento cognitivo computarizado y control de los factores de riesgo cardiovascular. Además, participaron en reuniones grupales destinadas a fortalecer la interacción social y el seguimiento de las actividades.
Los programas de actividad física incorporaron actividades culturalmente familiares, como la salsa y el tango, además de ejercicios grupales al aire libre en parques públicos. Por su parte, el asesoramiento nutricional fue adaptado a las tradiciones alimentarias de cada región. Para ello, se incorporaron alimentos locales como aguacate, quinua, açaí, aguaymanto, chía y semillas de calabaza, utilizados como alternativas más accesibles y culturalmente familiares.
Al finalizar el seguimiento, ambos grupos mostraron una mejora en la función cognitiva, pero el grupo que recibió la intervención estructurada y adaptada culturalmente presentó una mejora hasta un 55 por ciento superior.
Las mejoras se observaron tanto en la cognición global como en habilidades específicas, como la memoria episódica, la atención y las funciones ejecutivas, capacidades relacionadas con la planificación, la organización y la toma de decisiones.
“Es la primera vez que una intervención multidominio, realizada a gran escala y adaptada culturalmente a la realidad de América Latina, logra retrasar el deterioro cognitivo en una población históricamente poco representada en estudios sobre la prevención de la demencia”, dice a SciDev.Net la geriatra Claudia Suemoto, de la Universidad de São Paulo y una de las autoras del estudio en The Lancet.
Sin embargo, la psiquiatra y epidemióloga Cleusa Ferri, de la Universidad Federal de São Paulo, que no participó en el estudio publicado en The Lancet, señala que los resultados no significan que sea posible prevenir por completo la aparición de la demencia, sino “que cambios sostenidos en el estilo de vida pueden retrasar el deterioro cognitivo y reducir el riesgo de progresión de la enfermedad, y que los beneficios suelen ser mayores cuando las intervenciones se adaptan al contexto y al estilo de vida de la población local”.
Ferri, que participó en la actualización de directrices de la Organización Mundial de la Salud para la reducción del riesgo de demencia publicadas el 15 de julio, añade que, aunque los factores de riesgo de la demencia deben abordarse de manera integral, ya que suelen coexistir y acumularse a lo largo de la vida, existen importantes limitaciones para implementar y sostener este tipo de intervenciones, en especial entre las poblaciones de bajos ingresos y menor nivel educativo.
Se estima que el 8,5 por ciento de la población de América Latina vive con algún tipo de demencia, una carga especialmente elevada de la enfermedad. De mantenerse la tendencia actual, esa cifra podría alcanzar el 19,3 por ciento en 2050.
A pesar de ello, el acceso a biomarcadores, atención especializada y programas de prevención sigue siendo limitado. “Además, las poblaciones latinoamericanas continúan subrepresentadas en los ensayos clínicos sobre demencia, lo que amplía las desigualdades en la investigación y el acceso a tratamientos”, señala Suemoto.
Según la experta, los participantes del estudio en The Lancet serán monitoreados durante cuatro años más para evaluar si los hábitos adquiridos durante la intervención se mantienen y si los beneficios cognitivos persisten una vez finalizada la experiencia intensiva.
Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net
