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Los efectos de una cantidad récord de incendios en la selva amazónica desde enero pueden ir mucho más allá de las fronteras de Brasil y sus vecinos, con impactos en el clima global.

La selva amazónica, además de albergar millones de especies, es un enorme sumidero de carbono que ayuda a enfriar las temperaturas globales. Sin embargo, la quema incontrolada del bosque durante los últimos meses está liberando gran parte del dióxido de carbono (CO2) almacenado en su biomasa, advirtió Divino Vicente Silvério, biólogo del Instituto de Investigación Ambiental del Amazonas (IPAM, en portugués), Brasil.

“Eso podría contribuir a un aumento de las concentraciones de CO2 y otros aerosoles en la atmósfera, lo que podría afectar drásticamente la formación de nubes y el patrón de precipitación”, dijo Silvério a SciDev.Net.

Como resultado, la cantidad de lluvia podría reducirse a la mitad en las dos ciudades más grandes de Brasil, São Paulo y Río de Janeiro, donde viven 33 millones de personas.

Pero más allá de estas ciudades, Silvério señala que el humo resultante de los incendios puede extenderse por todo el continente y alterar el equilibrio energético de la Tierra, porque las partículas de humo retienen la radiación solar y evita que vuelva a la atmósfera. “Los cambios en el balance de radiación de la superficie podrían afectar el proceso de fotosíntesis de las plantas y alterar la forma en que los bosques participan en ciclo del agua y el carbono”, explicó.

Luiz Augusto Toledo Machado, meteorólogo del Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil (INPE, en portugués), agregó que las partículas producidas por esos incendios “también pueden llegar al Océano Atlántico e incluso al sur de África, interfiriendo en el clima de esas regiones”.

“La recuperación de todos los bosques afectados por los incendios podría llevar hasta 200 años”.

Miguel Crespo, director de Probioma

 
Impactos regionales
En América Latina, además de Brasil, Bolivia combate los incendios forestales en el bosque de Chiquitano, una de las últimas regiones de bosque tropical seco en América del Sur. Esta área también es una transición entre la cuenca amazónica y El Gran Chaco, uno de los bosques secos más grandes del mundo y el segundo ecosistema forestal más grande de América del Sur.

Según Miguel Crespo, director de Probioma, ONG ambientalista de Santa Cruz, Bolivia, los incendios han consumido un millón de hectáreas entre julio y agosto. “La recuperación de todos los bosques afectados por los incendios podría llevar hasta 200 años”, dijo Crespo a la prensa. El 27 de agosto, después de varias semanas, el presidente boliviano, Evo Morales, que actualmente se postula para presidente por un cuarto mandato, finalmente aceptó la ayuda internacional que primero rechazó, a impulso de las protestas populares.

En Perú, el Ministerio del Medio Ambiente informó en un comunicado que existen “posibilidades remotas” de que los incendios brasileños lleguen a la Amazonía peruana, pero las nubes de humo podrían causar grave contaminación del aire. Para monitorear esto, las autoridades instalaron equipos automáticos para medir la calidad del aire en la región sureste de Madre de Dios, la más cercana a los incendios brasileños y hogar del Parque Nacional Manu, declarado Patrimonio de la Humanidad y una de las pocas selvas vírgenes que aún quedan.

“El humo producido por los incendios forestales contiene partículas finas capaces de penetrar profundamente en los pulmones y causar enfermedades cardiopulmonares graves”, dijo Toledo Machado. “Si esta situación persiste, las tasas de incendios en Amazon tienden a empeorar en los próximos meses cuando el clima en la región es seco”, dijo a SciDev.Net.

Las nubes de humo también llegaron a los países del sur del continente. En Uruguay, el Instituto de Meteorología confirmó a fin de agosto que la niebla que afecta al país “como un velo grisáceo” persistirá durante varios días, incluso en la capital, Montevideo, ubicada en la costa sur.

Un triste récord
Usualmente, los agricultores y los productores forestales en la región amazónica usan fuego controlado para limpiar la tierra, principalmente para cultivar y alimentar al ganado. Sin embargo, un aumento en la quema ilegal para la expansión agrícola y la deforestación, y una disminución en la aplicación de las leyes ambientales se consideran las principales razones para el actual el aumento de incendios en la Amazonía, exacerbados por las condiciones durante la estación seca (junio a noviembre).

En la Amazonía se registraron más de 90.000 incendios desde enero, según el INPE, que utiliza imágenes satelitales para monitorear los lugares en llamas en todo el país.

La cantidad de incendios forestales en esa región aumentó más de 60 por ciento en comparación con 2018, según informó el centro de investigación espacial de Brasil. También es la mayor cantidad de incendios desde que el centro de investigación espacial comenzó a realizar un seguimiento en 2013.

La situación es especialmente preocupante en los estados de Mato Grosso y Pará, donde INPE identificó 17.201 y 12.873 focos de incendio, respectivamente, desde enero. En tercer lugar está el estado de Amazonas, con 7.843 deportes de fuego registrados en 2019. La sabana occidental de Brasil también se vio afectada: se detectaron 28.468 incendios desde el 1º de enero. “La situación empeoró a medida que el gobierno ha minado las actividades de la principal agencia del país a cargo de la protección de la selva tropical y la lucha contra incendios ilegales [Ibama]”, dice José Antonio Marengo, climatólogo en el Centro Nacional de Monitoreo y Alerta Temprana de Desastres Naturales, en São Paulo, y miembro del comité científico del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPPCC)

Desde que el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, asumió el cargo el 1 de enero de 2019, el presupuesto de Ibama se redujo 25 por ciento como parte del ajuste del gobierno.

Marengo dice que los recortes provocaron una caída en la cantidad de agentes ambientales de campo que controlan la propagación del fuego, especialmente durante la estación seca.

Silvério explicó que 10 de los 516 municipios amazónicos fueron responsables de 37 por ciento de los brotes de incendios registrados hasta julio.

Uno de ellas, ocurrido en el estado de Rondônia el 19 de agosto, produjo una enorme columna de humo que se extendió por el país como una nube oscura, y viajó miles de kilómetros hasta llegar a São Paulo, la ciudad más poblada de Brasil, a media tarde.


> Con reporteo adicional de Zoraida Portillo y Daniela Hirschfeld.