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Los incendios asociados a la deforestación de áreas extensas de la Amazonía pueden diseminar a los entornos urbanos diversas enfermedades transmitidas por virus, parásitos, bacterias y otros vectores, advirtió un panel internacional de investigadores.

Entre esas enfermedades están la fiebre amarilla, dengue, zika y chikungunya, pero también otras menos conocidas, como las fiebres oropouche y mayaro, dijeron los expertos en un comunicado conjunto publicado este mes en la revista Travel Medicine and Infectious Diseases.

Según los expertos, los incendios forestales fuerzan el desplazamiento de insectos portadores de agentes infecciosos, pero cuando son de gran magnitud, progresivos y persistentes pueden cambiar la distribución geográfica de los vectores de esas enfermedades.

“Creemos que las enfermedades transmitidas por vectores y las zoonóticas —transmitidas por animales como ratas, perros, armadillos entre otros— son las que tienen mayor probabilidad de reemerger o emerger en zonas próximas a los incendios”.

Alfonso Javier Rodríguez-Morales - Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad Tecnológica de Pereira, Colombia.


La declaración de los especialistas en medicina tropical y enfermedades zoonózicas pertenecientes a diversos centros de investigación de América Latina y Estados Unidos, es resultado de una reunión realizada en la ciudad de Pereira, Colombia, para discutir la situación ambiental brasileña y los posibles impactos de los incendios en la Amazonía sobre la dispersión de algunas enfermedades transmisibles por vectores y otros animales.

Desde enero pasado, miles de hectáreas del bosque amazónico, especialmente en Brasil y Bolivia, han sido consumidas por incendios propiciados por quemas ilegales para deforestación y expansión de las tierras agrícolas.

En su declaración, los científicos argumentan que el fuego favorece la interacción entre las personas con insectos y animales que actúan como reservorios de enfermedades que se encontraban aislados en la vida silvestre y que se ven forzados a migrar de sus actuales territorios en busca de otros nichos ecológicos lejos de las llamas.

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Desde inicios de año, miles de hectáreas de bosque amazónico han sido consumidas por el fuego.
Crédito de la imagen: Ibama / Wikimedia [Licencia CC BY 2.0].

Sus conclusiones se basan en el cruce de datos epidemiológicos con imágenes captadas por satélites, las cuales muestran las áreas más afectadas por los incendios forestales.

“Creemos que las enfermedades transmitidas por vectores y las zoonóticas —transmitidas por animales como ratas, perros, armadillos entre otros— son las que tienen mayor probabilidad de reemerger o emerger en zonas próximas a los incendios”, dice a SciDev.Net Alfonso Javier Rodríguez-Morales, experto en enfermedades tropicales y profesor de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Tecnológica de Pereira, Colombia.

“Otras enfermedades transmitidas por insectos, como la enfermedad de Chagas y la malaria también podrían incrementarse”, afirma.

“Los estados brasileños del Maranhão, Piauí, Tocantins, Mato Grosso, Goiás, Acre, Rondônia y Amazonas serían seriamente afectados por la emergencia o reemergencia de enfermedades zoonóticas y transmitidas por vectores”, añade Rodríguez-Morales. “Hasta los territorios fronterizos con Brasil, como Bolivia y Paraguay, podrían ser afectados”, asegura.

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Los incendios obligan a muchos insectos portadores de enfermedades infeccionsas a salir de sus hábitats silvestres.
Crédito de la imagen: Ibama / Wikimedia [Licencia CC BY 2.0].

Epidemias anteriores, como la de fiebre amarilla, que comenzó en Brasil en 2016 y tuvo como vectores a los mosquitos silvestres Haemagogus leucocelaenus y H. janthinomys, fueron impulsadas por modificaciones del paisaje, con fragmentos de bosques que se superponen en áreas periurbanas, permitiendo suficiente interacción para producir una epidemia de este tipo, señala el estudio.

“El sector salud debe considerar estos riesgos en las zonas afectadas e incrementar la vigilancia de esas enfermedades, así como promover mayor prevención y educación sobre este tipo de implicaciones, buscando reducir o mitigar el impacto de los incendios forestales sobre la posible reemergencia y emergencia de enfermedades zoonóticas y transmitidas por vectores”, señala a SciDev.Net.

En una investigación anterior, el médico Pedro Vasconcelos, investigador del Instituto Evandro Chagas, en Belém, Pará, comprobó que cualquier modificación en el medio ambiente —como minería, construcción de presas, entre otras actividades que modifican los ecosistemas establecidos— puede tomar dos direcciones diferentes: si el cambio es positivo para la supervivencia del virus, este se propaga y puede infectar a los humanos. Pero si ya los estaba infectando, puede causar epidemias limitadas o explosivas, dependiendo de la distribución y abundancia de sus vectores. Vasconcelos estudia desde muchos años los posibles efectos de los cambios en el uso del suelo en los bosques amazónicos sobre la emergencia de arbovirus.

Para la bióloga Margareth de Lara Capurro-Guimarães, del Departamento de Parasitología do Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de São Paulo, aún es difícil saber cuáles serán las consecuencias de las prácticas de quemas y deforestación sobre la incidencia de algunas enfermedades en la región.

“Las dinámicas no son lineales”, dice a SciDev.Net. “Otros factores aún desconocidos también pueden actuar en paralelo a estas actividades y aumentar la incidencia de esas enfermedades”.

Cita como ejemplo los moquitos silvestres. “No sabemos lo que se pasa con esos insectos tras este tipo de perturbación de su ambiente nativo”, precisa. Según ella, se requieren más estudios para tener una visión más profunda de los impactos epidemiológicos de las quemas y deforestación en la región Amazónica.


> Enlace al resumen en Travel Medicine and Infectious Diseases