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[SÃO PAULO] Los efectos nocivos de los microplásticos en el medio marino están ampliamente documentados. Pero ahora, un nuevo estudio dice que estos pequeños residuos plásticos podrían actuar como portadores de contaminantes resistentes a la degradación ambiental, lo que aumenta los riesgos para los animales y los seres humanos.
 
Los microplásticos —también llamados gránulos de plástico— son esferas de pocos milímetros que se usan para fabricar ropa sintética, llantas de vehículos, bolsas, tazas y otros implementos de plásticos que luego son arrojados en vertederos, en el mar y en las playas alrededor del mundo.
 
En muestras de microplásticos recogidas en playas a lo largo de 39 kilómetros de la costa del estado de Paraná, al sur de Brasil, un equipo de investigadores de ese país identificó contaminantes orgánicos persistentes, compuestos altamente estables que resisten la degradación química y biológica, como el bifenilo policlorado (PCB) e hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP).
 
Ambos son compuestos resultantes de procesos químicos asociados a actividades humanas que involucran la exploración, transporte, quema de petróleo y de carbón, madera y tabaco.
 
Según explica Alexander Turra, biólogo del Instituto de Oceanografía de la Universidad de São Paulo y autor principal del estudio publicado este mes en la revista Chemosphere, cuando los organismos marinos ingieren los microplásticos, las partículas contaminantes ligadas a ellos se desprenden, contaminando sus tejidos y afectando su sistema nervioso y hormonal.

Las resinas que componen los microplásticos son capaces de atraer contaminantes, sobretodo compuestos orgánicos venenosos. Al hacerlo, esos gránulos de plástico se transforman en esponjas de suciedad, actuando como vectores de esos compuestos orgánicos, ampliando la contaminación de la fauna marina”.

Alexander Turra - Instituto de Oceanografía, Universidad de São Paulo.

 
“Las resinas que componen los microplásticos son capaces de atraer contaminantes, sobretodo compuestos orgánicos venenosos”, explica Turra. “Al hacerlo, esos gránulos de plástico se transforman en esponjas de suciedad, actuando como vectores de esos compuestos orgánicos, ampliando la contaminación de la fauna marina”, complementa Turra a SciDev.Net.
 
Más aún: los organismos diminutos absorben esos contaminantes que van ascendiendo en la cadena alimenticia. “Un zooplancton que consume una pieza de microplástico llena de PAH puede ser devorado por un organismo más grande, que a su vez sirve de alimento a otros de mayor tamaño hasta que el contaminante alcanza a predadores más grandes que son capturados y consumidos por los humanos”, añade.
 
La contaminación por plástico es un problema devastador para la vida marina. El mundo produce 300 millones de toneladas de plástico al año, de las cuales unos ocho millones de toneladas terminan en los océanos, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Asimismo, alrededor del 90 por ciento de los plásticos que se vierten en los océanos provienen de solo 10 ríos (ocho de Asia y dos de África) que sirven como vertederos de las zonas urbanas, señala.
 
Turra es uno de los pocos investigadores brasileños de este rubro en el país. En una encuesta aún en curso estima en aproximadamente 30 toneladas el total de gránulos presentes tan solo en las playas de la cuenca de Santos y San Vicente, en la costa del estado de São Paulo. “Este hallazgo es bastante preocupante, dado que las playas de la costa sur de Paraná en Brasil a menudo son consideradas relativamente prístinas y libres de la influencia del impacto humano”, subraya.
 
“Los resultados preocupan porque si los gránulos son portadores de contaminantes, que pueden causar toxicidad en la fauna, tenemos un problema adicional al simple efecto físico de la presencia de estos gránulos, especialmente en las zonas donde se acumulan, tales como playas y manglares”, comenta a SciDev.Net Denis Moledo de Souza, oceanógrafo de la Universidad Estatal de São Paulo.
 
Y añade: “como señalan los autores, es posible que muchos de estos gránulos de plástico hayan viajado desde regiones distantes como la de Santos, que mantiene actividades portuarias bastante intensas con barcos y botes que constantemente están echando al mar compuestos tóxicos relacionados con el petróleo”.
 
Turra espera proseguir con el monitoreo de esas y otras playas brasileñas y del mundo, junto con investigadores del International Pellet Watch, programa de monitoreo global del estado de contaminación de los océanos por microplásticos, lanzado en 2005, y que agrupa voluntarios de 80 países.
 
“Pretendemos levantar y reunir más informaciones sobre eso tipo de contaminación de modo que podamos desarrollar estrategias bien estructuradas de conservación de los ambientes marinos y costeros”, subraya Turra.

El estudio publicado en Chemosphere es apoyado por FAPESP, donante de SciDev.Net.

> Enlace al resumen del estudio en Chemosphere

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