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En Brasil, los negros, mestizos y mulatos tienen más probabilidades de morir por complicaciones de COVID-19 cuando ingresan en el hospital que las personas de raza blanca.

Un estudio publicado por The Lancet estimó que los mestizos y mulatos tienen 1,5 veces más probabilidades de morir por infección con el nuevo coronavirus que los blancos, mientras que entre la población negra la probabilidad es 1,3 veces mayor. Según el estudio, ser mestizo, mulato o negro es el segundo factor de riesgo más importante para la mortalidad por COVID-19 después de la edad.

Investigadores en Brasil y el Reino Unido utilizaron datos del Sistema de Información de Vigilancia Epidemiológica del Ministerio de Salud de Brasil (SIVEP-Gripe), que representan el total de infecciones respiratorias en el país.

Hasta el 18 de mayo, de los 19.940 pacientes que dieron positivo para coronavirus, se obtuvo datos sobre el origen étnico o del color de piel de unos 12.000 pacientes.

El estudio análisis 11.321 pacientes de ese grupo que fueron ingresados ​​en hospitales públicos o privados de Brasil. La mayoría de los hospitalizados (82 por ciento) era de la macro-región Centro-Sur del país, que incluye regiones Medio Oeste, Sudeste y Sur y alberga a 64 por ciento de la población.

El resto (18 por ciento) era en la macro-región Norte, que incluye Norte y Nordeste y reúne a 36 por ciento de los brasileños.

Para analizar el riesgo de mortalidad, los investigadores cruzaron datos de edad, sexo, etnia, enfermedades presentes (comorbilidades), y ubicación.

Las comorbilidades como la obesidad, la diabetes, el asma y otras enfermedades, que aumentan el riesgo de mortalidad por COVID-19, fueron más comunes entre los pacientes en la macro-región Norte que en el Centro-Sur, y la proporción general de muertes en el Norte también fue mayor.

“No son novedades, sino que muestran cómo COVID-19 abre la forma en que la vida y las condiciones materiales están distribuidas de manera desigual”.

Marko Akerman, Facultad de Salud Pública, Universidad de São Paulo

Esto refleja, según los investigadores, las disparidades estructurales en el acceso a los servicios y equipos de salud entre las macro-regiones.

Aunque 90 por ciento de la población brasileña está compuesta por mestizos, mulatos y blancos, la distribución es bastante desigual en el país. En la región sur, por ejemplo, 77 por ciento de la población se considera blanca, mientras que al norte, 72 por ciento se considera mestizo o mulato.

De los más de 11.000 pacientes analizados hubo resultados concluyentes para más de 7.000 de ellos: cerca de 3.300 muertos por COVID-19 y en torno a 4.000 recuperados de la infección. De este grupo, los mestizos, mulatos y los negros murieron más que los blancos en las dos macro regiones.

Valerio Marra, investigador del Departamento de Física de la Universidad Federal de Espírito Santo y coautor del estudio, señaló en una entrevista telefónica con SciDev.Net que el estudio “muestra las desigualdades que son conocidas, pero aún impactan cuando se cuantifican”.

Para Marra, una sorpresa fue la situación en el estado de Río de Janeiro, que, a pesar de ubicarse en una región socioeconómicamente fuerte, tenía un riesgo muy alto de mortalidad, solo detrás de Pernambuco, Amazonas y Paraíba.

“Creemos que esto se debe a las deficiencias de los hospitales públicos en la región metropolitana de Río de Janeiro. La crisis económica y la corrupción se están sintiendo en esta pandemia”, opinó Marra.

El objetivo del estudio es crear métodos de inteligencia artificial capaces de predecir la evolución de COVID-19 en pacientes ingresados ​​en hospitales brasileños. Con datos refinados sobre la pandemia, Marra señaló que será posible construir una herramienta, en asociación con la Universidad de Cambridge, para ayudar a los médicos a predecir la evolución y optimizar las decisiones.

Para el epidemiólogo Paulo Cesar Basta, de la Escuela Nacional de Salud Pública Sergio Arouca (ENSP) que no participó en el estudio, el estudio proporciona una descripción general de los casos más graves de infección, es decir, aquellos que requirieron hospitalización.

Para Basta, la separación de Brasil en dos macro-regiones es una limitación del estudio, ya que Brasil es un país muy heterogéneo. “Sería mejor analizar cada una de las cinco regiones brasileñas de forma aislada y compararlas”, observó.

Para Fernando Reinach, profesor de bioquímica en la Universidad de São Paulo (USP), es muy posible que las cifras que recoge el estudio sean bajas. “El sistema de vigilancia de muertes en el país, en muchos lugares, es muy malo, y en medio de la urgencia de la pandemia, completar estos datos no siempre es cuidadoso”, dijo a SciDev.Net por teléfono. “Pero estos son los únicos números que tenemos, por lo que el estudio tiene mérito”, destacó.

Reinach es, además, uno de los líderes de otro proyecto que mide la presencia del coronavirus en la ciudad de São Paulo, cuyo estado registra más de 16.000 muertes por COVID-19 y es el epicentro de la pandemia en Brasil.

Según su estudio, realizado en la segunda quincena de junio, la incidencia de COVID-19 en residentes mayores de 18 años es, en promedio, de 11,4 por ciento. Pero la infección entre los negros es 2,5 veces mayor que en los blancos (19,7 contra 7,9 por ciento).

Al color de la piel sigue la clase social: en los barrios pobres de la ciudad, se estima que 16 por ciento de los residentes fue infectados con coronavirus. En los barrios más ricos, el porcentaje cae a 6,5 por ciento.

Además, el COVID-19 también penaliza a más personas con menos educación formal: 22,9 por ciento de los infectados no han completado la escuela primaria, mientras que la incidencia entre aquellos con educación superior es de 5,1 por ciento.

Por teléfono, Marko Akerman, profesor del Departamento de Política, Gestión y Salud de la Facultad de Salud Pública de la USP, comentó a SciDev.Net que ambos estudios “no son novedades, sino que muestran cómo COVID-19 abre la forma en que la vida y las condiciones materiales están distribuidas de manera desigual”.

“Es necesario mejorar las condiciones laborales de las personas y fortalecer el Sistema Único de Salud, que está absorbiendo gran parte del impacto de esta crisis”, dijo Akerman.

Flávia Kolchraiber, gerente de proyectos del Instituto Brasileño de Estudios y Apoyo a la Comunidad (IBEAC) en Parelheiros, en las afueras de la ciudad de São Paulo, opinó por teléfono que “la información, así como las políticas de protección, no pueden ser verticales, de arriba abajo”, porque no es funcional en la mayoría de los territorios periféricos. “Superarlo es un proceso largo, pero este momento de crisis podría ser una oportunidad para esto”, concluyó.

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