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  • Sumar conocimiento climático a planes agroforestales

Debemos saber cómo pequeñas propiedades agrosilvícolas ayudarían a campesinos a adaptarse al cambio climático, dicen J. Roshetko y R. Lasco.

[BOGOR, INDONESIA] Hay bastante conocimiento sobre agrosilvicultura, la combinación de especies de árboles con cultivos y ganado para enriquecer el sustento de los campesinos. Pero poco se sabe sobre cómo puede ayudar a los campesinos a adaptarse al cambio climático.

Esta brecha en nuestro conocimiento es un motivo de preocupación creciente. Con los patrones climáticos volviéndose más erráticos, campesinos en todo el mundo están encontrando cada vez más difícil saber cuándo y qué plantar, arriesgando pérdidas en sus cosechas de alimentos.

Solamente el Sur de Asia y el Sudeste Asiático albergan más de un tercio de la población mundial y la mitad de los pobres y malnutridos del mundo. Sin nuevos enfoques sobre la producción de alimentos, el cambio climático en estas regiones podría reducir la productividad agrícola hasta en un 50 por ciento en los próximos 30 años. Siendo la agricultura la columna vertebral de la mayoría de las economías en estas regiones, tal desplome en la producción podría tener severas consecuencias [1].

Comprender qué estrategias podrían emplear los campesinos para enfrentar la variabilidad climática y condiciones meteorológicas extremas es un primer paso esencial para la mitigación del cambio climático y la adaptación a sus impactos.

El enigma del carbono

La creciente demanda por madera y otros productos silvícolas son incentivos seguros para que los campesinos cultiven una amplia variedad de especies forestales [2].

Sin embargo, la agrosilvicultura también trae beneficios ambientales: restaura la fertilidad del suelo, protege las cuencas de agua, conserva la biodiversidad, reforesta tierras que de otra forma serían yermas y reduce la presión productiva sobre los bosques naturales.

Menos conocido es el rol potencialmente valioso de la agrosilvicultura en el manejo climático.

Tomando como base el área, los sistemas de pequeñas parcelas donde abundan los árboles acumulan una cantidad significativa de carbono, comparable a la de algunos bosques secundarios. Además, el almacenamiento de carbono de tales parcelas excede enormemente el almacenado por los tipos de sistemas de baja biomasa que son reemplazados por las parcelas, lo cual incluye tierras agrícolas sin cultivar y pastizales.

Las especies de árboles cultivadas por los campesinos y la forma en que las manejan afectan la cantidad de carbono almacenado. Para un almacenamiento máximo de carbono, los campesinos deberían limitar la cantidad de madera que cosechan y mantener al mínimo especies bajas en biomasa, tales como cocoteros y bananos. Sin embargo, estas consideraciones deben balancearse con la necesidad de los campesinos de ganarse la vida.

Para los campesinos, el carbono es incluso menos tangible que otros servicios ambientales, tales como la protección de las cuencas fluviales o la conservación de la biodiversidad. Los pagos por carbono a los campesinos incrementarían su comprensión sobre los servicios que proveen sus sistemas agrosilvícolas. Cualquier ingreso que reciban por carbono debería tratarse como un retorno adicional por los servicios que tales sistemas ya proporcionan [3].

Protección desde la tormenta

Un estudio reciente del Centro Mundial de Agrosilvicultura, en Vietnam, encontró que pequeños parceleros plantan árboles en sus tierras para protegerse de condiciones meteorológicas impredecibles [4]. Esos árboles también almacenan carbono, contribuyendo por lo tanto a mitigar el cambio climático.

Los residentes de la comuna de Cam My, en Vietnam Central, que participaron en la investigación, describieron su localidad — que experimenta fuertes lluvias monzónicas alternadas con extensas sequías — como “una sartén hirviente en la temporada cálida y un lavaplatos con agua en la temporada lluviosa”.

Esto habitualmente anunciaba desastres para los campesinos, pero los árboles frutales, de frutos secos y de bayas que mantienen en sus campos junto a los cultivos y el ganado fueron muchos más resilientes que los cultivos anuales como arroz y maíz.

El estudio de Cam My apuntó a la necesidad de más investigación sobre el cultivo bajo los árboles como una forma de expandir la producción de alimentos y aumentar la seguridad alimentaria. Esto es importante porque ahora hay poca tierra disponible para su conversión en más producción agrícola.

Hay investigación en curso. Un estudio preliminar en Indonesia ha demostrado que se pueden cultivar vegetales con métodos ‘medio-livianos’, en la capa subyacente de vegetación formada por la combinación árboles frutales, madereros y bananeras [5].

Se encontró que este método es más productivo y rentable que cultivar en áreas sin árboles. Se necesitaba más trabajo para cultivar en áreas abiertas y la técnica no siempre producía los mayores rendimientos. Se debería hacer más investigación para probar estos hallazgos en otros sitios, y para aprender cómo se adaptan otros campesinos y sistemas.

Una revisión sobre domesticación de árboles —el proceso de acelerar la evolución de los árboles para aumentar su productividad en los campos— mostró que los sistemas de pequeñas propiedades agrosilvícolas se han desarrollado significativamente en los pasados 20 años, volviéndose más sofisticadas, intensivas y sensibles a las demandas del mercado [6].

Más trabajo por delante

¿Cómo pueden los sistemas agrosilvícolas ser mejorados y expandidos a diferentes ambientes? Debemos aprender más sobre este tema, tal vez desarrollando una comprensión exhaustiva del valor de los árboles y de sus recursos genéticos para el sustento de las comunidades rurales, y revisando las contribuciones de los sistemas de pequeñas propiedades agrosilvícolas a la conservación de la diversidad de árboles tropicales.

Estas son solo algunas de las áreas que requieren más investigación. Esencialmente, la cadena completa —desde la recolección de semillas, pasando por la cosecha de madera o de frutas y frutos secos, hasta el mercado— necesita un estudio más intensivo y completo para garantizar la seguridad de nuestro suministro de alimentos, el sustento de cientos de millones de personas y la protección de nuestro medio ambiente.

Rodel Lasco es científico del Centro Mundial de Agrosilvicultura, con sede en Filipinas. Su investigación se centra en el rol de los bosques y la agrosilvicultura en la adaptación y mitigación del cambio climático. Es autor de cuatro informes del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, incluyendo el actual Quinto Informe de Evaluación. 

James Roshetko es encargado de agrosilvicultura y recursos naturales en Winrock International, que presta apoyo al Centro Mundial de Agrosilvicultura. Lidera la Unidad de Árboles y Mercados del centro en el Sudeste Asiático. Su investigación se centra en mejorar los sistemas de cultivo de árboles para fortalecer el sustento de los pequeños propietarios y el manejo sostenible de los recursos ambientales.

 

Referencias

[1] Rapid climate change threatens Asia's rice bowl (CGIAR Research Program on Climate Change, Agirculture and Food Security, 2012)

[2] Roshetko J.M. et al. Future challenge: a paradigm shift in the forestry sector. In: Snelder D.J. et al (eds.) Smallholder tree growing for rural development and environmental services (2008)

[3] Roshetko JM, RD Lasco and MD Delos Angeles. Smallholder Agroforestry Systems for Carbon Storage. Mitigation and Adaptation Strategies for Global Change 12:219-242 (2007)

[4] Nguyen, Q. et al. Multipurpose agroforestry as a climate change resiliency option for farmers: an example of local adaptation in Vietnam. Climatic Change doi: 10.1007/s10584-012-0550-1 (2012)

[5] Roshetko J.M. et al. Understory vegetable production in smallholder agroforestry systems of West Java: a viable option? In: Susila A.D. et al (eds.) Vegetable–agroforestry systems in Indonesia. Special Publication 6c (2012)

[6] Leakey R.B.B. et al. Tree domestication in agroforestry: progress in the second decade. In: Nair PKR et al (eds.) Agroforestry: the future of global land use. (Springer, 2012)