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[CURITIBA] Localizada en la triple frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina, la ciudad brasileña de Foz do Iguaçu se ha convertido en zona de riesgo de leishmaniasis visceral, advierte una nueva investigación.
 
Hasta 2014 no existían registros de la enfermedad en el lado brasileño de esta frontera, pero además los investigadores descubrieron que tres especies de mosquitos, comunes en el área estudiada, pueden transmitirla.
 
"Descubrimos que el parásito Leishmania infantum —causante de la enfermedad— también puede transmitirse por otras especies de vectores, rompiendo un paradigma anterior", explica a SciDev.Net la médica veterinaria y parasitóloga Vanete Thomaz Soccol, de la Universidad Federal de Paraná, autora principal de la investigación publicada este mes en PLoS Neglected Tropical Diseases.
 
De las más de 900 especies de mosquitos flebotomíneos catalogados en el mundo, se creía que sólo Lutzomyia longipalpis era capaz de transmitir el parásito. Pero la investigación también lo encontró en mosquitos de las especies Ny. whitmani, Ny. neivai y Lutzomyia sp. Esta última especie es común en áreas urbanas y periurbanas mientras que las otras dos lo son en zonas periurbanas y rurales.
 
A los investigadores les preocupa que anualmente más de 3 millones de personas visiten la región, donde se ubican las Cataratas del Iguazú, uno de los destinos turísticos más frecuentados del continente sudamericano. "En su forma visceral, la leishmaniasis es una enfermedad de alta letalidad", confirma Soccol.

leishmaniasis basura organica by Mario Michaliszyn
A los investigadores les preocupan la gran acumulación de materia orgánica en las regiones analizadas por el estudio, porque este escenario favorece al mosquito vector (Crédito de la imagen: Mario Michaliszyn).

"Otro detalle que nos preocupa mucho es que Foz do Iguaçu es una ciudad internacionalmente conocida como sede de un evento anual de exposición de razas caninas", añade.
 
Además de muy vulnerables a la leishmaniasis visceral, los perros sirven de hospederos al Leishmania infantum. Su principal transmisor es un mosquito flebotomíneo conocido como mosquito arena (en español), mosquito-palha (en portugués) o sand flie (en inglés). A través de su picadura, el parásito fácilmente transita entre diferentes mamíferos, incluyendo a los seres humanos.
 
Durante las colectas de sangre canina, el equipo encontró Leishmania infantum en el 23 por ciento de perros domésticos analizados, pertenecientes a barrios pobres y de mejor estatus socioeconómico de Foz do Iguaçu y sus alrededores.
 
"El mosquito flebotomíneo es, digamos, bastante democrático: no hace distinción entre ricos y pobres", comenta el antropólogo y coautor del estudio, Mario Michaliszyn, de la Universidad Positivo, Curitiba. Tradicionalmente la leishmaniasis visceral se ha asociado a regiones de bajo nivel socioeconómico, creencia que los datos del nuevo estudio ponen en entredicho.
 
Cuando los perros infectados no desarrollan los síntomas de la enfermedad, pueden hospedar el parásito durante toda su vida. Una vez picados por el mosquito, ponen en riesgo a toda la población del entorno. "Por eso, controlar la leishmaniasis visceral es un inmenso desafío", anota Michaliszyn.

Se sospecha que la construcción del gasoducto entre Bolivia y Brasil, en las últimas dos décadas, alteró la cobertura forestal nativa de la región y, así, contribuyó con la diseminación de la leishmaniasis visceral”.

Mario Michaliszyn, Universidad Positivo, Curitiba
En territorios paraguayos y argentinos, la presencia de leishmaniasis visceral no es novedad, pero en Foz do Iguaçu los investigadores detectaron por primera vez la enfermedad en perros de esa región en 2014. El primer caso en humanos fue constatado en 2015. Hasta inicios de 2018, la enfermedad ya había infectado a 12 personas: de estos casos, 4 fueron fatales.
 
La bióloga Elisa Cupolillo, del Instituto Oswaldo Cruz, dice que la vigilancia y control de la leishmaniasis visceral en las Américas aún es deficiente. "La dispersión viene ocurriendo de forma muy rápida", afirma la investigadora. Indica que el estudio liderado por Soccol es una alerta para el riesgo de exposición a la enfermedad en la región sur del continente.
 
El equipo cree que la presencia de la leishmaniasis visceral en la triple frontera puede estar asociada al cambio climático; falta de control de las autoridades en relación con la población canina; mala gestión de la basura; intenso flujo de turistas y migrantes; y la deforestación, que, directa o indirectamente, desplaza el mosquito de su hábitat natural.
 
"Se sospecha que la construcción del gasoducto entre Bolivia y Brasil, en las últimas dos décadas, alteró la cobertura forestal nativa de la región y, así, contribuyó con la diseminación de la leishmaniasis visceral", afirma Michaliszyn.

> Enlace al artículo completo en Plos Neglected Diseases

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