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[BUENOS AIRES] Un grupo de investigadores  interesados en el desarrollo sustentable publicó una propuesta económica integral para la pequeña isla caribeña de Aruba que consiste en usar aguas oceánicas profundas (de 4 a 6ºC, a 800-1.000 metros), traerlas hacia la costa y generar un circuito cerrado con sistemas en cascada para obtener energía y producir alimentos antes de retornar el agua no usada al mar.
 
La idea —que estiman que generaría entre 400 y 600 empleos directos y muchos más indirectos— está basada en conceptos como economía circular y economía azul, y si bien tiene algunos antecedentes teóricos hay menos en el orden práctico.
 
La primera de estas economías —conceptualmente recientes en la historia— hace referencia a una estrategia que evita la continua utilización de recursos naturales y promueve el reciclaje y la prolongación de la vida útil de los productos; y la segunda —propuesta por el economista belga Gunter Pauli­­­—  propone emular la forma en que la naturaleza soluciona sus problemas para hacer frente a los desafíos económicos y ambientales actuales.
 
La propuesta está incluida en un trabajo titulado “La industria de aguas oceánicas profundas en el Caribe. Una industria compatible con la economía circular para asegurar el futuro del agua, la energía y las necesidades alimentarias de las naciones de las islas caribeñas”, y está firmado por el ingeniero ambiental Kevin de Cuba, director de la fundación Americas Sustainable Development Foundation (ASDF), que tiene base en Aruba.
 
Fue publicado en marzo bajo la modalidad white paper (documento que señala un problema y busca su solución). Se trata de un informe técnico de diez páginas que describe la situación de la isla del Caribe y los modos de resolver sus inconvenientes económicos.
 
La particularidad de las aguas profundas es que su temperatura puede ser usada para enfriamiento y tiene menos contaminación que las superficiales.
 
Según de Cuba, una industria como la propuesta “puede asistir a una nación isleña a resolver la falta de agua potable, reducir la demanda de electricidad (a través de enfriamientos) para desarrollar la producción de alimentos, promover la innovación y atraer inversiones en I+D”.
 
Además, según el autor, hasta se podría transformar a Aruba en una nación exportadora, que no tenga que vivir solo del turismo.
 
Sin embargo, más allá de las intenciones, están menos claros los modos en que se puede implementar la idea en contextos locales con economías que ya funcionan, aunque de manera imperfecta.
 
Para el economista Pablo Sívori, investigador del Centro de Alianzas Público Privadas para la Competitividad y el Desarrollo de la Universidad de Tres de Febrero (Argentina), el trabajo de De Cuba “es más un paper con intención de instalar el tema, de ponerlo en agenda, que algo a partir del cual se pueda definir viabilidades y factibilidad del tema”.
 
Según Sívori, “el trabajo no plantea si la tecnología está disponible, su costo, su impacto social. Es un montón de buenas intenciones, como diversificar la matriz productiva, que sea sustentable, pero la pregunta es qué variables existen para definir si es la mejor opción o no, si es más barato o eficiente”.
 
Y remarca que como las economías del Caribe no son economías del conocimiento la tecnología para extraer el agua debería ser importada, presumiblemente a un costo alto.
 
En un sentido similar opina Agustina Besada, master en sustentabilidad de la Universidad de Columbia (Estados Unidos). “Creo que falta el cómo se va a implementar; en ese punto no hay claridad”, dice.
 
Para la ex directora ejecutiva de Sure We Can (una cooperativa de reciclaje de plásticos en Nueva York), “economía circular es un concepto muy bueno, y puede ser una solución de muchos de los problemas, que son autocausados por falta de diseño de los sistemas productivos. Pero hay mucho estudio hecho de lo ideal, y pocos casos concretos en que ese valor se vea materializado y funcionando”.
 
De Cuba reconoce los problemas y admite que hará falta “convencer a las personas, incluidos aquellos que toman decisiones para discutir los beneficios de esta industria” y quizá pelear con lobbies petroleros y de la importación de alimentos que hoy proveen a la isla.
 
Enlace al informe de la Fundación Americas Sustainable Development Foundation (ASDF).