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Hasta ahora, el riesgo de extinción debido al cambio climático se calculaba por cada especie individualmente, pero un nuevo estudio asegura que si esa medición se extiende a la red de interacción que tienen con otras especies, el nivel estimado de amenaza aumenta entre dos y tres veces. En Latinoamérica, por su alto endemismo y biodiversidad, ese incremento podría ser incluso mayor.

Para comprobar la importancia de esta interconexión, un equipo internacional de científicos estudió especies vegetales y sus polinizadores en cinco redes en la zona mediterránea de Europa y dos en la eurosiberiana. Así descubrieron que en Grecia, por ejemplo, el total de especies vegetales que se estima desaparecerán para 2080 se duplica o triplica cuando se consideran en el análisis la redes en las que vive cada una de ellas.

Mientras una especie sí logra tolerar algún grado de cambio en el clima, el resto de su red no necesariamente puede, explica a SciDev.Net Jordi Bascompte, académico del Departamento de Biología Evolutiva y Estudios Ambientales de la Universidad de Zúrich, Suiza, y coautor del estudio publicado en Science Advances.

Esto es una alerta tremenda porque tenemos que entender mucho mejor la relación entre especies para así poder dimensionar realmente las consecuencias del cambio climático”.

Antonio Alcalde - Pontificia Universidad Católica de Chile


“Si desaparece la mitad de los polinizadores, por ejemplo, el riesgo de coextinción aumenta. Pero si a eso se le suma un cambio climático más severo, como ocurre en el Mediterráneo, el número de especies más susceptible escala aún más por la pérdida de resiliencia”, agrega.

Pero no sería el único factor. “Las especies que tienen mayor riesgo a coextinguirse son las que dentro de su red se diferencian más entre sí. Esto cambia las reglas del juego respecto del peligro que implica el cambio climático para la biodiversidad”, opina el científico.

El peligro de extinción en cascada no solo valdría para las especies vegetales y sus polinizadores, sino para todas.

“Cuando hablamos de la amenaza a la biodiversidad pensamos en el oso polar, por ejemplo, pero cada una de las especies tiene una función en su entorno y es parte de una red de interacción”, dice a SciDev.Net Patricia Balvanera,  cocoordinadora del capítulo sobre las causas de la pérdida de biodiversidad de IPBES (Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos), que no fue parte del estudio.

“Cuando se pierde una especie clave, muchas otras se ven afectadas. En Latinoamérica, por ejemplo, es el caso de los ficus e higos que son muy importantes para los murciélagos”, dice la experta. Otro tanto pasa con las arrecifes coralinos, agrega, que alojan una enorme biodiversidad y son la guardería de muchas especies marinas.

Biodiversidad de América Latina bajo severa amenaza
En Latinoamérica se encuentran seis de los países con mayor biodiversidad del mundo: Brasil, Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela. Pero, al mismo tiempo, en el Caribe más de la mitad de las especies endémicas están en peligro de extinción, mientras que en Mesoamérica la cifra supera el 40 por ciento.

Justamente es el enorme endemismo del continente lo que haría que la amenaza a la biodiversidad, vista desde este nuevo enfoque, se vuelva aún más severa. “El área reducida que cubren las especies endémicas y el bajo número de sus individuos las hacen más susceptibles”, advierte Jordi Bascompte.

Cuando se hablaba de peligro de extinción debido al cambio climático, siempre se pensaba en las zonas de latitudes más extremas, pero eso está cambiando, señala a SciDev.Net José Antonio Alcalde, académico de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la Pontificia Universidad Católica de Chile, que no participó en el estudio. “Pero en zonas más mediterráneas o tropicales las relaciones entre especies se vuelven mucho más complejas”, dice. Este nuevo enfoque también trae otro problema: la falta de información. “Hace cinco años no sabíamos que en el sur de Chile, en Pucón, habían pájaros que nidificaban en cavidades”, ejemplifica José Antonio Alcalde. Eso supone una traba al momento de establecer cómo son las redes y quién es parte de ellas.

“Es como las piezas de dominó que forman un figura. Cuando una cae, el resto lo hace en cascada y hay que esperar hasta que todo se estabilice para saber quién realmente cayó”, continúa el experto.

“Esto es una alerta tremenda porque tenemos que entender mucho mejor la relación entre especies para así poder dimensionar realmente las consecuencias del cambio climático”, concluye.

Enlace al estudio completo en Science Advances