Republicar

Sin costo alguno, usted o su medio pueden publicar este artículo en línea o de manera impresa, gracias a nuestra Licencia de Atribución de Creative Commons. Lo animamos a hacerlo siguiendo estas sencillas instrucciones:
  1. Dar el crédito a los autores.
  2. Dar el crédito a SciDev.Net y si le es posible incluir nuestro logo y un enlace al final que lleve al artículo original.
  3. Puede también publicar las primeras líneas del artículo y luego añadir: "Lea el artículo completo en SciDev.Net" e incluir un enlace al artículo original.
  4. Si además quiere tomar las imágenes que publicamos en esta historia, deberá confirmar con la fuente original si le permite hacerlo.
  5. El modo más fácil de publicar este artículo en su sitio es usando el código que incluimos a continuación.
Para mayor información revise nuestras instrucciones de reproducción y la página de medios.

The full article is available here as HTML.

Press Ctrl-C to copy

[SÃO PAULO] Solo el 40 por ciento de la extensión original de los bosques tropicales estacionales secos permanece en buen estado de conservación en América Latina. El resto ha sido profundamente modificado por cambios de uso de la tierra principalmente asociados a la expansión de la agricultura y la ganadería.
 
Esta conclusión se basa en un monitoreo de 13 años realizado por científicos de Tropi-Dry, una red de investigación financiada por el Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global (IAI por sus siglas en inglés).
 
Desde 2005, monitorearon la dinámica del uso de la tierra y el cambio de cobertura en los bosques tropicales estacionales secos de Brasil, México y América Central usando técnicas de modelamiento y teledetección.

El estudio determinó que los bosques secos tropicales de América presentan tasas más altas de deforestación que los bosques lluviosos tropicales y han estado expuestos a diferentes tipos de amenazas relacionadas con las actividades humanas.
 
Los bosques secos tropicales no solamente proporcionan madera, sino importantes servicios ecosistémicos tales como la regulación del balance hídrico y la protección de los suelos ante la erosión, entre otros.

“Con excepción de Costa Rica, todos los demás bosques secos tropicales de la región neotropical están desapareciendo rápidamente”, comenta a SciDev.Net Arturo Sánchez-Azofeifa, profesor del Departamento de Ciencias Atmosférica y de la Tierra de la Universidad de Alberta, Canadá, e investigador principal de Tropi-Dry.

Añade que los resultados del estudio generan inquietudes acerca de cómo podrían responder estos bosques al cambio climático, más aún porque han recibido poca atención de los científicos en el siglo pasado.

Con excepción de Costa Rica, todos los demás bosques secos tropicales de la región neotropical están desapareciendo rápidamente”.

Arturo Sánchez-Azofeifa,  Tropi-Dry
Las áreas más extensas de bosques tropicales estacionales secos en buen estado de conservación se encuentran en la región de la caatinga (noreste de Brasil) y en el Gran Chaco (sudeste de Bolivia, oeste de Paraguay y norte de Argentina). En la mayoría de las demás áreas donde subsisten estos bosques, muestran una distribución fragmentada.

En la región neotropical del continente americano, que incluye casi todo Sudamérica, América Central, las Antillas y partes de los Estados Unidos y México, los bosques secos albergan por lo menos el 66 por ciento de las reservas de agua, además de ser una fuente importante de leña, plantas medicinales y animales de caza.
 
Sin embargo, por cada 300 artículos científicos sobre los bosques lluviosos tropicales publicados desde principios del siglo XX, solo se publica un artículo referido a los bosques tropicales secos, por lo que sigue siendo un ecosistema poco comprendido, señala la investigación.
 
“Si se tiene en cuenta su alto valor en biodiversidad, los bosques secos tropicales deben tener una alta prioridad de conservación al igual que la que tienen los bosques amazónicos”, subraya Sánchez-Azofeifa.
 
“Se pensaba que los bosques secos eran ecosistemas con baja diversidad biológica”, indica a SciDev.Net el bioquímico Antonio Salatino, del Instituto de Biociencias de la Universidad de Sao Paulo (IB-USP). “Debido a las difíciles condiciones de las áreas bajo climas secos y semiáridos, se estimaba que esos bosques no eran capaces de sostener una alta diversidad de animales y plantas”, explica.

Salatino ha venido estudiando la biodiversidad de la caatinga durante por lo menos dos décadas, con el apoyo de la FAPESP. Refiere que la falta de atención a los bosques secos tropicales está relacionada con el hecho de que su fisonomía dista mucho de ser atractiva para la mayoría de personas, especialmente durante las largas temporadas secas, cuando muchas especies vegetales pierden clorofila y el paisaje luce gris y desolado.
 
“A ello se añade que la mayoría de los bosques secos tropicales se ubican en los países en desarrollo”, precisa. No obstante, la conservación de esos bosques implica también la conservación de varios vertebrados terrestres, como los reptiles.

Para el biólogo Fernando Roberto Martins, del Departamento de Botánica del Instituto de Biología de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), la falta de estudios sobre esos ambientes se relaciona con la mentalidad de los países en desarrollo de que “las ciencias son un lujo y un desperdicio de dinero”.

"Los bosques tropicales estacionalmente secos tienen gran diversidad en varios niveles, desde diferentes formaciones hasta diversas especies en diferentes comunidades", explica.

En un estudio apoyado por FAPESP publicado recientemente en la revista Nature Ecology & Evolution, un grupo internacional de científicos mapeó la distribución de más de 10.000 especies de reptiles terrestres.
 
Ese mapeo reveló patrones inesperados y regiones de alta biodiversidad en áreas que no son consideradas prioridad para la conservación, entre ellas la caatinga, el bosque seco tropical más grande del mundo, que abarca casi el 10 por ciento del territorio de Brasil.
 
“La mayor parte de los lagartos se distribuyen en áreas abiertas o semiáridas, como la caatinga, y hay varias especies endémicas en esas regiones”, confirma a SciDev.Net el ecologista Cristiano Nogueira, también del IB-USP y coautor del estudio.
 
“Las áreas que concentran muchas especies endémicas son irremplazables y siempre aparecen como prioritarias, especialmente cuando se descuidan estrategias anteriores”, añade.
 
Para Salatino, la pérdida de vegetación de la caatinga debido a la expansión de la agricultura y la ganadería, la construcción de carreteras y la ocupación humana “ha traído como resultado un ecosistema altamente fragmentando, con cada bloque escasamente capaz de sostener poblaciones de animales y plantas en los siglos por venir”.
 
“La pérdida de bosques de galería y bosques secos de la región ha ocasionado descensos en las precipitaciones regionales, agravando las severas condiciones que afectan a las poblaciones locales y causando consecuencias negativas a las fuentes hídricas locales”, afirma Salatino.

IAI y FAPESP son donantes de SciDev.Net

Enlace al estudio completo en Nature Ecology & Evolution