Republicar

Sin costo alguno, usted o su medio pueden publicar este artículo en línea o de manera impresa, gracias a nuestra Licencia de Atribución de Creative Commons. Lo animamos a hacerlo siguiendo estas sencillas instrucciones:
  1. Dar el crédito a los autores.
  2. Dar el crédito a SciDev.Net y si le es posible incluir nuestro logo y un enlace al final que lleve al artículo original.
  3. Puede también publicar las primeras líneas del artículo y luego añadir: "Lea el artículo completo en SciDev.Net" e incluir un enlace al artículo original.
  4. Si además quiere tomar las imágenes que publicamos en esta historia, deberá confirmar con la fuente original si le permite hacerlo.
  5. El modo más fácil de publicar este artículo en su sitio es usando el código que incluimos a continuación.
Para mayor información revise nuestras instrucciones de reproducción y la página de medios.

The full article is available here as HTML.

Press Ctrl-C to copy

Hacia 2050 hasta dos tercios de las regiones con reservas de aguas subterráneas podrían no estar en condiciones de mantener ecosistemas saludables, con los consiguientes daños que eso produciría en el recurso. "Se extrae más de lo que la naturaleza puede regenerar a través de lluvias y ríos, lo que reduce su aportación a ecosistemas como lagos y humedales, entre otros", afirma el estudio publicado en Nature.
 
El agua subterránea es el principal recurso de agua potable y es clave para la irrigación de los sistemas agropecuarios y otros usos económicos y domésticos, y por lo tanto para la soberanía alimentaria.
 
"El resultado más impactante de nuestro trabajo es que solo una pequeña caída en el nivel del agua subterránea ya causará flujos críticos en los ríos (dado que se retroalimentan ambos sistemas). Los ecosistemas ribereños de agua dulce son extremadamente sensibles a la disminución del agua. La extracción de aguas subterráneas puede considerarse una bomba de tiempo cuyos efectos ecológicos se hacen visibles solo años después", señaló a SciDev.Net Inge de Graaf, investigadora de la Universidad de Friburgo (Alemania) y autora principal del trabajo.
 
De Graaf usó un modelo de análisis global cuyos resultados muestran que entre 42 y 79 por ciento de estos sistemas alcanzarán su límite y tendrán severos problemas en el futuro si se sigue extrayendo como ahora. "Ver las consecuencias globales es chocante y espero generar conciencia de una crisis que se desarrolla en cámara lenta", agregó.
 
En algunos lugares, señala el artículo, ya se alcanzaron los límites de extracción, que se calcula teniendo en cuenta la capacidad del acuífero de recargarse naturalmente. Algunos son "el acuífero del Valle Central (California), partes de México, el Ganges Superior y la cuenca del Indo", agregó, además de otros puntos críticos al noreste de Estados Unidos y sectores de Argentina.

El agua subterránea es el principal recurso de agua potable y es clave para la irrigación de los sistemas agropecuarios y otros usos económicos y domésticos, y por lo tanto para la soberanía alimentaria.

 
"Son las primeras regiones que sufren de la reducción del flujo de ríos, lo que pone a los ecosistemas acuáticos en riesgo. Se marcaron como límites tempranos al tener mucha extracción de agua y alcanzar un punto crítico", agregó. El problema es que se puede buscar agua siempre un poco más profundo, como hacen los agricultores de la provincia india de Punjab, señala el artículo.
 
Pese a las alarmas, los resultados del modelo resultan "optimistas" porque los autores no consideraron el crecimiento poblacional ni la mejora de las economías de los países emergentes.
 
Si bien el escenario puede ser peor si se tienen en cuenta esos factores, "la gente y los gobiernos deben estar preocupados, pero no entrar en pánico", enfatizó de Graaf, quien cree que aún se está a tiempo de reducir la extracción sin poner en peligro la seguridad alimentaria global.
 
"Se debería invertir en mejores técnicas para extraer esta agua de manera más eficaz y a la vez informar al público de que no es un recurso ilimitado. Por ejemplo, a través de técnicas de irrigación más eficientes y el uso de granos que necesiten menos agua potable o puedan sobrevivir en aguas salobres", concluyó. Para Ana González Achem, limnóloga e investigadora de la Fundación Miguel Lillo (Tucumán, Argentina), "el modelo usado en la investigación es súper creativo y tiene en cuenta todas las aristas posible". González Achem, también investigadora posdoctoral del Conicet, agregó que "el lugar donde está agua subterránea funciona como una esponja, pero debe recargarse y no se le está dando la posibilidad de generar ese ciclo de recarga".
 
González Achem sumó el caso de barrios privados en Argentina que usan este tipo de agua de manera indiscriminada lo que genera incluso hundimientos del suelo en algunas zonas. "La esponja se achata", explicó.
 
Sin embargo, para Rafael Huizar Álvarez, investigador del Instituto de Geología de la UNAM de México, el modelo usado por la investigadora y su equipo no es del todo correcto desde lo técnico, porque hace estimaciones en lugar de mediciones.
 
"Se requiere medir la recarga (es decir, la posibilidad de mantener el flujo de agua), no estimarla. Hay que instrumentar las regiones para realmente saber cuánto se recarga y cuánto de esa recarga forma manantiales que a su vez forman ríos de los que se nutren muchas actividades económicas. Y con esto realmente llegar a una gestión integral y un desarrollo sostenible, y no llevar a especulaciones de estrés hídrico".

Enlace al artículo en Nature

Temas relacionados