Acercar la ciencia al desarrollo mediante noticias y análisis

  • UNESCO debe asumir su rol como una agencia de ayuda

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La organización de la ONU encargada de la ciencia debe asumir su papel en la lucha contra la pobreza y no mantenerse al margen.

Cuando el Reino Unido reingresó a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en 1997, después de una ausencia que duró doce años, asignó a su Departamento de Cooperación Internacional (DFID por sus siglas en inglés) la responsabilidad de su afiliación.

Al hacerlo, los políticos británicos indicaron claramente que para ellos el principal mandato de la UNESCO era ayudar a los países en desarrollo, por ejemplo mediante el apoyo para construir sus sistemas de educación.

No todos estuvieron de acuerdo. Muchos continúan sosteniendo que el principal rol de la organización es asegurar y mantener la paz internacional a través de la cooperación cultural, según lo establecido en su creación tras la Segunda Guerra Mundial. Y dicen que su papel en el desarrollo de los debates debería seguir siendo fundamentalmente intelectual y no práctico.

La tensión entre la teoría y la práctica que esto crea se ha ido cocinando lentamente dentro de la agencia desde entonces. Y surgió nuevamente la semana pasada, cuando la DFID anunció que la UNESCO había tenido un pobre desempeño según un análisis realizado por el Reino Unido a 43 organizaciones multilaterales de ayuda.

En consecuencia, el Reino Unido —que actualmente contribuye con US$24 millones al año a los costos operativos de la agencia, siete por ciento del total— anunció su intención de retirarse una vez más dentro de dos años a menos que la UNESCO mejore considerablemente su desempeño.

‘No es un organismo de ayuda’ 

La reacción de la UNESCO ha sido enérgica. En una respuesta desde su sede central en París, admite que sí hay posibilidad de mejorar la manera de operar, y ha prometido ‘trabajar intensamente’ para lograr esa meta bajo el liderazgo de su nueva directora general, Irina Bokova.

Sin embargo, ha rechazado con firmeza la decisión del DFID de juzgar los logros de la organización basándose en gran parte en su historial de ayudar al Reino Unido a alcanzar sus objetivos de desarrollo, como colocar una significativa proporción de recursos en los países más pobres, por ejemplo. La declaración lo dice sin ambages: “La UNESCO no es una organización de ayuda”.

Esta respuesta va demasiado lejos y podría ser contraproducente. Es cierto que el público sigue pensando en la UNESCO sobre todo en términos de sus logros culturales, tales como la protección de lugares en todo el mundo declarándolos patrimonio. Pero si esto debe seguir siendo su reivindicación dominante para la ayuda pública es materia de debate.

La ciencia sobre la cultura 

En términos financieros, la mayor tajada de su presupuesto se encamina a promover la educación. En los países en desarrollo, esto ha resultado crucial para ayudar a aumentar los estándares de enseñanza y movilizar recursos de los gobiernos y otras agencias de ayuda en todos los niveles educativos

Sin embargo, la segunda porción más grande de su presupuesto apoya a la ciencia. En años recientes, una revisión independiente de los esfuerzos de la agencia por promover la actividad científica encontró logros en algunos campos, como el impulso a los sistemas de alerta de tsunami en el Pacífico, que entraron en acción esta semana luego del terremoto que sacudió a Japón. Pero esos esfuerzos todavía son fragmentados, dice, y con frecuencia carecen de la masa crítica requerida para lograr un impacto significativo.

Y la insistencia de la UNESCO de que es la única agencia dentro del sistema de las Naciones Unidas con la responsabilidad de promover la ciencia en el mundo en desarrollo, a pesar de ser formalmente correcta, ha creado tensiones con otros organismos de la ONU interesados en profundizar su involucramiento con la investigación como parte de sus mandatos más especializados.

No obstante, las ciencias naturales siguen siendo, después de la educación, el segundo sector más grande de los cinco que tiene a su cargo la UNESCO (los otros tres son cultura, ciencias sociales y comunicaciones).

Con una competencia tan amplia que incluye la política científica y la comunicación de la ciencia, este sector tiene potencial para llegar a ser un importante protagonista de los esfuerzos mundiales para aplicar la ciencia a las necesidades del desarrollo.

Ciertamente la UNESCO ha realizado esfuerzos para lograrlo, particularmente en el pasado reciente. Y este objetivo no tiene por qué estar en conflicto con la promoción de rigurosos estándares del debate intelectual. Después de todo, la ciencia solo puede prosperar cuando se satisfagan esos estándares y se estimule un debate de ese tipo.

Objetivos de desarrollo son compatibles 

El problema viene cuando el mandato cultural de la UNESCO es visto como el lente principal a través del cual se observan todas sus otras actividades, excluyéndose metas más prácticas, una posición que todavía es sostenida por muchos de sus estados miembros.

Dentro del sector científico, por ejemplo, se habla mucho sobre el valor de la ciencia en sí misma, pero se debate poco sobre las formas en las que se puede usar para reducir la pobreza, como ayudar al desarrollo de las tecnologías que se necesitan para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

La UNESCO puede estar recelosa de terminar más involucrada en el desarrollo, prefiriendo discutir los problemas del mundo en confortables salas de conferencia en París en lugar de comprometerse directamente con las soluciones.

Pero mientras más se resista a los llamados para lograr un claro impacto en los esfuerzos que enfrenten los problemas globales, más riesgoso es su propio futuro, particularmente si otros estados miembros siguen el ejemplo de la DFID e insisten en que la organización debe proporcionar un mejor valor a los aportes monetarios.

Para evitarlo, la UNESCO no debe oponerse a las demandas de responsabilidad en la cooperación para el desarrollo, por difícil que sea demostrarlo, especialmente cuando se miran inversiones que rendirán sus frutos en el largo plazo.

De hecho, es el momento para que la UNESCO rechace la idea de que no es una agencia de cooperación pero, al mismo tiempo, acepte que ello no es incompatible con sus aspiraciones culturales.

Mientras más tiempo la organización y un número considerable de partidarios sostengan que su perspectiva tradicional debe continuar siendo la prioridad, más rápido se arriesgan a perder el apoyo de un público escaso de fondos.

David Dickson
Director, SciDev.Net

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