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Los estudiantes de medicina con mejores notas deberían ir a la periferia, ser clínicos, y no tener el afán actual por especializarse. Y los sistemas de salud latinoamericanos deben reformarse y darle prioridad a la atención primaria antes que a los grandes hospitales, son algunas ideas que el médico y comunicador peruano Elmer Huerta, experto en salud pública, expresó durante el diálogo que sostuvo telefónicamente con SciDev.Net, en el contexto de las lecciones que la pandemia del nuevo coronavirus le deja a América Latina.
 
Aunque radicado en Washington, donde dirige el Preventorio de Cáncer del Washington Hospital Center, Huerta es uno de los comunicadores médicos con más experiencia en los sistemas de salud de la región. Estudió medicina en la Universidad San Marcos de Lima y se especializó en oncología y, posteriormente, en salud pública en la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos.

Actualmente colabora con diversos medios de comunicación, como el diario El Comercio del Perú, RPP Noticias y CNN en Español. Alguna vez contó que se hizo divulgador científico porque descubrió que sus pacientes sabían más de telenovelas y fútbol que de enfermedades, incluso de las que los aquejaban.

En 2007, se transformó en el primer latino en presidir la Sociedad Norteamericana contra el Cáncer. Huerta cree que la pandemia de coronavirus desnudó problemas estructurales de los sistemas sanitarios latinoamericanos pero que se puede aprovechar la situación para pensar reformas integrales. Sobre ese tema giró un seminario web que ofreció para la Fundación Gabo y la posterior conversación telefónica que mantuvo con SciDev.Net.

Usted manifestó en el seminario que en función de lo que está pasando con la pandemia es momento de pensar una reforma de los sistemas sanitarios de América Latina para asegurar su sostenibilidad. ¿En qué consistiría esa reforma?
Los países de América Latina tienen que pensar en cómo fortalecer el sistema primario de atención. Durante la pandemia se privilegiaron los grandes hospitales, que colapsaron.

Le voy a poner un ejemplo de cómo un pequeño país supo manejar esta crisis y es lo que hubiera querido para todos en esta pandemia: Costa Rica ha tenido una excelente performance. Movilizó su sistema primario de salud y el 95 por ciento de los pacientes se atendieron en las postas periféricas, con médicos todo el tiempo, que encontraron y aislaron los casos sospechosos y sus contactos.

Es lo que hace Cuba también, con postas en vecindarios donde la persona confía en doctores que tiene cerca, pueden consultar y resolver dudas. Eso es maravilloso. Y obviamente eso implica un mayor presupuesto como porcentaje de PBI. Eso es urgente, habría que hacerlo en los próximos cinco años.

“Los países de América Latina tienen que pensar en cómo fortalecer el sistema primario de atención. Durante la pandemia se privilegiaron los grandes hospitales, que colapsaron”.

Dr. Elmer Huerta, especialista en salud pública

Crédito de la imagen: La República Perú para SciDev.Net

Más allá de ser urgente y necesario, ¿qué grado de posibilidad le adjudica a la propuesta?
La posibilidad de que se lleve a cabo depende de la decisión política. Nada ocurre si no hay legislación al respecto y voluntad.

Entonces: políticos sensibles, informados en salud pública, bien asesorados, pueden hacer el cambio en sus respectivos países llamando a expertos que puedan asesorar, yendo de a poco. En resumen: dinero, decisión política y mayor presupuesto.

Usted habla de atender los problemas en escala pequeña. ¿Por qué?
Porque los médicos de familia son muy importantes por el hecho de que el 85 por ciento de los problemas de un ser humano se resuelven a nivel primario, con el doctor generalista recién salido de la universidad. Ellos pueden tratar casi todo y hacer la derivación para que los pocos pacientes más complicados, o con necesidades especiales, vayan a los hospitales. Estados Unidos, que es lo opuesto a Costa Rica, tiene todos sus médicos especialistas y no funciona.

Pero, en cambio, la educación universitaria de los médicos parece ir hacia una mayor especialización.
Lo que pasa es que quienes dan más dinero son los especialistas, los hospitales, lo que tiene que ver con educación médica, tal como dice. Los puestos más elevados y las mejores notas universitarias van a los hospitales especializados, porque parece que un doctor tiene que ser un buen cirujano, un doctor que pueda diagnosticar un caso rarísimo, aunque aparezca cada veinte años. Cuando ofrecen ir a la periferia nadie quiere ir. Debería ser al revés: la periferia debería ser para los que tienen las mejores notas. Hay que reorientar la educación médica para tener más generalistas.

¿Por qué cree se generó este sistema?
Hay una industria a la que le encanta el sistema así, ciertos médicos, las compañías farmacéuticas. No lo hacen a propósito sino que a ello hemos llegado. Desde el siglo XV el hospital se convirtió en una catedral para la gente, es la catedral de la medicina, y eso está imbuido en la mente de todos, incluso en los estudiantes de medicina.

¿Y cómo se debería dar la articulación entre lo público y lo privado en este contexto?
Lo privado tiene que existir, sin dudas. Y tiene su campo, su metodología, su financiación propia, sus ventajas y desventajas. Deben coexistir. Pero, por ejemplo, en situación de emergencia, de desastre nacional, el Estado debe responder primero y absorber lo que pueda del privado.

Volviendo a la reforma, ¿con qué recursos se haría?
Es complicado. Tendrían que aparecer recursos por una reforma impositiva. En el Perú, por ejemplo, solo el 14 por ciento de la gente paga impuestos. Así, es imposible.

Pienso que el gasto debería darse primero luego de estudios y casos piloto. Planificar en seis meses y ver cómo hacerlo, con expertos.

Analizar qué debería tener una sala básica: sala de espera, aire acondicionado y calefacción, comodidades, consultorios externos, rayos x (no diagnósticos más complejos), cosa que si en la comunidad se cae un niño y se fractura no tenga que ir al hospital central. Que tenga un laboratorio para análisis de sangre y un examen de orina. ¿Cuánto cuesta esa instalación? Digamos, US$ 50.000, veamos dónde se pueden colocar y hacer 20 o 30 según región. En dos años se hacen encuestas de satisfacción, se evalúa con datos. En un plazo de cinco o diez años debería estar cambiado todo el sistema.

El problema es que esos plazos exceden los tiempos políticos, ¿verdad?
Así es. El político prefiere inaugurar un hospital, es una foto que le gusta. Por eso creo que es imprescindible que estén bien asesorados e intencionados, que se les explique que el sistema necesita un cambio y hacerlo bajo un paraguas de una decisión de estadistas.

En definitiva, la situación de la pandemia desnudó graves problemas de desigualdad del sistema económico.

¿Eso se notó en la respuestas de los distintos sistemas sanitarios a la pandemia de COVID-19?
Fíjese en los países centrales en Europa. Italia y España tienen servicios primarios desarrollados, pero no tomaron en serio la pandemia y la infección les ganó. Costa Rica se preparó, fortaleció su sistema primario y no permitió que los pacientes vayan a un solo sitio.

El contraejemplo es Perú. Cuando quiso reaccionar, inmediatamente nombró “hospitales Covid”, fueron tres o cuatro en Lima, donde debía ir la gente con síntomas. ¿Qué pasó? En una semana se desbordaron, no alcanzaron para 10 millones de personas. Costa Rica no nombró tres o cuatro hospitales en San José, sino que todas las postas médicas se equiparon para atender esto.

¿Por qué Costa Rica sí y Perú no? ¿Hay elementos de la cultura de cada país que también juegan su parte?
Por supuesto. Costa Rica no tiene ejército y dinero que podría ir para militares, se destina a salud. Es una cultura muy pacifista y ecologista. Y muy de cuidado primario de la salud. A ellos no les costó planificar.
 
Las preguntas y respuestas son editadas para ajustarse a la extensión.

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