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Haber tenido zika aumenta las posibilidades de enfermar gravemente de dengue, según un estudio realizado entre 3.800 niños nicaragüenses, de entre 2 y 16 años.
 
El estudio, realizado por un equipo de científicos de Estados Unidos y Nicaragua, mostró que los anticuerpos que deja el virus del zika potencian el virus del tipo 2 del dengue, uno de los cuatro tipos de esta enfermedad.
 
Ello ocurriría porque este subtipo en particular genera un anticuerpo que en vez de frenar hace más fuerte al virus del zika. Ambas enfermedades son transmitidas por los mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus, y son endémicas de la zona.
 
Este mismo equipo había determinado con anterioridad que los síntomas desarrollados por el virus del zika son más leves si la persona se infectó primero con dengue. Pero ahora descubrió que si se cambia el orden de los contagios, los resultados son opuestos.

“Estos resultados muestran el mecanismo por el cual los anticuerpos que no neutralizan el nuevo virus actúan como un ‘caballo de Troya’ potenciando la nueva infección”.

María Isabel Oliver, Universidad Andrés Bello, Viña del Mar, Chile.

El orden específico de las infecciones, que incluye también a los cuatro serotipos de dengue, potenciaría o debilitaría las posibilidades posteriores de contraer, o no, gravemente esta enfermedad.
 
Así, una primera infección por dengue potenciaría una segunda, pero debilitaría una tercera. En tanto que el zika seguido por dengue haría más severa la siguiente infección por dengue, explicó por teléfono a SciDev.Net Eva Harris, académica de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de la California, en Berkeley, Estados Unidos, y coautora del estudio publicado en Science.
 
Esta reacción cruzada entre los virus del zika y del dengue se da porque ambos son flavivirus, complementó la investigadora.
 
Los autores del estudio venían monitoreando a los niños desde 2014 para determinar sus contagios con zika y dengue, entre otros virus.
 
En base a ese seguimiento, durante el brote de dengue de 2019 comenzaron a sospechar que la gravedad de la enfermedad en su grupo de estudio, que alcanzó 293 casos confirmados, tenía que ver con la llegada del virus zika a la zona en 2016. El brote de dengue de 2019 en Nicaragua correspondió al serotipo 2 del virus.
 
Para confirmarlo, el equipo realizó una serie de pruebas de laboratorio que les permitieran identificar la presencia de anticuerpos específicos en los pacientes y luego cruzó esa información con la gravedad de los síntomas que presentaban. Los virus generan varios tipos de anticuerpos. Mientras unos permiten que el cuerpo logre defenderse frente a futuras infecciones neutralizando a los nuevos patógenos, otros hacen lo contrario. “Estos resultados muestran el mecanismo por el cual los anticuerpos que no neutralizan el nuevo virus actúan como un ‘caballo de Troya’ potenciando la nueva infección”, explicó por teléfono a SciDev.Net María Isabel Oliver, directora de la carrera de Ingeniería en Biotecnología de la Universidad Andrés Bello, en Viña del Mar, Chile, y quien no fue parte del estudio.
 
Según Eva Harris, estos resultados serán muy útiles para guiar el desarrollo de las vacunas y evitar efectos secundarios negativos. “De esta manera, se pueden elaborar vacunas que tengan los anticuerpos neutralizantes y no los que potencian nuevas infecciones”, precisó.
 
Harris añade que estos datos también sirven para determinar el nivel de preparación que se puede tener a nivel de salud pública frente a un brote. Si en una zona donde ya hubo zika aparece el dengue del serotipo 2, es probable que la enfermedad en general sea más grave y se tengan que destinar más recursos para combatirla, afirmó.
 
Y señala que si bien este estudio se hizo únicamente con flavivirus, será importante replicar este tipo de investigación para las vacunas que se están desarrollando para combatir la COVID-19.
 
María Isabel Oliver coincide. “La lección que podemos sacar de estos resultados es relevar la importancia que tiene el permitir que las fases de prueba de la vacuna de COVID-19 tengan el tiempo suficiente. Un efecto como este solo se puede ver a largo plazo”, dijo.
 
> Enlace al artículo en Science

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