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Un grupo de investigadores brasileros creó un protocolo para evaluar las condiciones de salud y otras vulnerabilidades sociales a las que están expuestos los recicladores de basura que trabajan en vertederos, y para probar su eficacia lo aplicó a más de mil recolectores, obteniendo un diagnóstico muy preciso de los accidentes y enfermedades que afrontan en el ejercicio de su trabajo.
 
El protocolo contempla una serie de medidas, como evaluaciones sociales y exámenes médicos que incluyen la realización de entrevistas, exámenes de sangre y presión arterial y, en algunos casos, análisis de muestras de uñas y cabello para detectar la exposición a metales pesados, comunes en los residuos no tratados. El protocolo podría aplicarse a diversas comunidades recolectoras de desperdicios dentro y fuera del país.
 
En coordinación con el servicio público de salud local y las asociaciones de recolectores, los investigadores practicaron esas pruebas a más de un millar de mujeres y hombres que trabajaban en Lixão da Estrutural —el vertedero más grande de Latinoamérica, ubicado en Brasilia, capital del país— un año antes su cierre en 2018. El basural tiene 201ha, equivalentes a 280 campos de fútbol, y ha recogido 40 millones de toneladas de residuos en los 67 años de su existencia.
 
Las enfermedades más comunes encontradas fueron problemas musculares (78,7%), debido al esfuerzo del trabajo de recojo, infecciones por virus transmitidos por mosquitos (28,6%), diarrea (24,9%), hipertensión (24,2%), bronquitis (14,3%), lombrices (12,6%) y diabetes (10,1%).
 
Aunque la hipertensión y diabetes también son problemas de alta prevalencia entre la población brasileña, los científicos notaron que los niveles encontrados entre los recolectores son más altos. Los investigadores creen que esto se explica por la carencia de acceso a salud, saneamiento básico y educación de estos trabajadores.

trabajadores basura chequeos médicos
Los trabajadores fueron sometidos a chequeos médicos y actualmente ya forman parte del sistema de salud.
Crédito: Cortesía del Programa Pare, Pense e Descarte – UnB para SciDev.Net
 
Todos los participantes del estudio fueron ingresados al sistema local de salud y están recibiendo asistencia médica.
 
Los accidentes al escarbar la basura —especialmente con objetos cortantes como botellas de vidrio, agujas y latas— también son muy frecuentes entre los trabajadores estudiados (68%) a pesar de que muchos usan guantes y botas de protección.
 
“Los recolectores son en su mayoría mujeres negras sin escolaridad. Madres que crían solas a sus hijos y no tienen tiempo de hacerse exámenes ni consultas médicas”, dice Vanessa Cruvinel, autora principal del estudio, publicado este mes en BMC Public Health, y profesora de epidemiología de la Universidad de Brasilia.
 
Los científicos también tienen previsto investigar muestras de los dientes de leche de los hijos de las recolectoras en busca de indicios de intoxicaciones que pueden haber sido transmitidas a los niños mediante el amamantamiento.
 
“Nuestro trabajo busca atraer la atención hacia estas personas que son invisibles en la sociedad”, enfatiza Crunivel, quien espera que el estudio sirva de base para futuros monitoreos de la salud de estos recolectores y de otros en similar situación. “Las enfermedades ocupacionales son crónicas, aparecen a lo largo de la vida, entonces es importante para nosotros tener estos datos, para compararlos con nuevas medidas en el futuro”, explica.
 
Tras el cierre del Lixão Extrutural, muchos recolectores siguen trabajando como recicladores en cooperativas de recojo selectivo. Ellos reciben estipendio del gobierno local para la compra de equipos de protección y mejorar la estructura de los centros de segregación de basura.
 
Brasil tiene más de 3.000 vertederos según la Asociación Brasileña de Empresas de Limpieza Pública y Residuos Especiales (Abralpe). Estiman que todavía hay unos 400.000 recicladores informales en el país.
 
Para Marcelo Cossenza, autor de otros estudios en los que analizó la salud física y mental de recolectores en el sur de Brasil, la investigación en el Lixão Estrutural es importante porque alerta sobre la situación de este grupo marginalizado.
 
“Aún tenemos pocos estudios metodológicamente bien conducidos con estos trabajadores”, dice el científico. “Primero tenemos que identificar las asociaciones entre las condiciones de vida y trabajo de estas personas con las enfermedades para luego desarrollar políticas públicas para ellos con el objetivo de reducir riesgos”, puntualiza.
 
Problema continental
En 2010, el gobierno brasileño estableció una política nacional de residuos sólidos que entre otras medidas decretó el fin de los vertederos a cielo abierto para 2014 y reconoció a los recolectores como prestadores de un servicio público. Sin embargo, aún existen vertederos y cerca de 29 millones de toneladas de basura fueron arrojadas en estos lugares solo en 2016.
 
Para Carlos Silva Filho, director de Abralpe, los avances han sido lentos. “Se observa un crecimiento de la basura reciclada cada año, pero el aumento en el consumo y generación de residuos hace que el volumen que llega a los vertederos y otros locales inadecuados también aumente”, resalta.
 
Según el especialista, para cambiar esto “es fundamental la capacitación y emancipación económica de los recolectores mediante su inclusión en el proceso formal de tratamiento de residuos”.

“Nuestro trabajo busca atraer la atención hacia estas personas que son invisibles en la sociedad”.

Vanessa Cruvinel - Universidad de Brasilia

 
Los desafíos de la disposición de residuos sólidos son comunes a toda Latinoamérica. Un informe de la Asociación Waste Atlas indica que 13 de los 50 vertederos más grandes del planeta están en la región, destacando El Milagro en Perú, La Chureca en Nicaragua y El Trébol en Guatemala.
 
Según un informe reciente de Naciones Unidas, 145 mil toneladas —casi un tercio de toda la basura generada en Latinoamérica y el Caribe— termina inadecuadamente en basurales. Para 2050 se estima que la generación de residuos alcanzará 671.000 toneladas diarias. Hoy, solo el 10 por ciento de todos estos desechos son reciclados y cerca del 90 por ciento lo hacen los recicladores.
 
“Los recolectores informales realizan una importante función social y ambiental mientras sufren intensa discriminación”, señala Cruvinel. “El poder público y la sociedad civil necesitan ser conscientes del problema y tomar acciones que pasan por políticas pero también por la responsabilidad de hacer el descarte correcto de la basura”, concluye.

Enlace al estudio completo en BMC Public Health

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