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Las mujeres de Guatemala que ingresan al comercio sexual siendo menores de edad tienen entre cinco y seis veces más probabilidades de contraer VIH en comparación con quienes comenzaron esta actividad después de los 18 años.
 
La violencia, la falta de información sobre la enfermedad y el no usar condón son algunas razones que explican estos hallazgos de una investigación realizada con 1.216 trabajadoras sexuales adultas en Ciudad de Guatemala, Escuintla y San Marcos, tres urbes guatemaltecas.
 
El 5 por ciento de mujeres participantes en el estudio que ingresaron al comercio sexual siendo menores de 18 años dieron positivo en el examen de VIH, en comparación con menos del 1 por ciento de las que se iniciaron en la actividad siendo ya adultas.
 
En Guatemala la prevalencia del VIH es de 0,8 por ciento entre personas de 15 a 49 años. En 2018, uno de cada tres nuevos infectados fueron mujeres.
 
La investigación también detectó que el 19,6 por ciento de las que se iniciaron con menos de 18 no usó condón durante el primer mes de actividad, más de dos veces y medio el porcentaje de las que se iniciaron como adultas.
 
Además, tres cuartos de las adolescentes no recibió educación sobre el VIH durante el primer año que ejercieron el comercio sexual, en comparación con el 50,8 por ciento de las mayores de edad que tampoco tuvieron esa guía, señala el estudio publicado en la revista AIDS and Behavior.

“Las adolescentes no tienen una capacidad de negociación adecuada, lo que las hace más vulnerables”.

Sabrina Boyce - Centro de Equidad de Género y Salud de la Universidad de California-San Diego, Estados Unidos.

 
“Las adolescentes no tienen una capacidad de negociación adecuada, lo que las hace más vulnerables”, explica a SciDev.Net Sabrina Boyce, directora de proyectos del Centro de Equidad de Género y Salud de la Universidad de California-San Diego, Estados Unidos, y coautora del estudio.
 
Sin embargo, añade que son varias las razones que provocarían esta notoria diferencia, como por ejemplo una situación económica inestable y, muchas veces, la coerción para iniciarse en esta actividad.  
 
Durante el primer mes que ejercieron el comercio sexual, el 25,9 por ciento de las adolescentes fueron forzadas violentamente a realizar la actividad, ya sea por trata de personas, promesas falsas de trabajo o vulnerabilidad económica, entre otras causas. Las mayores de 18 años que sufrieron lo mismo solo llegaron al 7,7 por ciento. 
 
Según datos de UNICEF y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala hay entre 39.500 y 237.100 personas que sufren explotación sexual. El 57 por ciento de ellos serían niños, niñas y adolescentes.
 
A ello se suman factores sociales y de género, dice a SciDev.Net Carlos Magis, profesor de salud pública de la Universidad Autónoma de México, quien no fue parte del estudio.
 
“La edad de las parejas sexuales  es alta, probablemente con 20 años de diferencia, lo que se traduce en un riesgo acumulado mucho más alto para ellas”, dice. Con frecuencia este contexto conlleva a la imposibilidad de usar condón.
 
Si bien el estudio realizado en Guatemala no puede ser extrapolado por las características específicas, ya que las urbes escogidas son el mayor centro urbano, una ciudad fronteriza y un centro de agricultura,  un trabajo anterior realizado en la frontera norte de México tuvo resultados coincidentes.
 
Según ese estudio las mujeres que ingresan al comercio sexual en la adolescencia tienen más probabilidades de infectarse con VIH (5,9 por ciento) en comparación con las que ingresan en la adultez (1,6 por ciento). Esto puede relacionarse con el riesgo elevado de violencia para forzar la entrada al sexo comercial, un mayor número de clientes y la falta de uso del condón durante el inicio de la actividad, refiere Carlos Magis, coautor de esa investigación.
 
Otro de los aspectos que se midió en Guatemala fue la migración. Más de un quinto de las trabajadoras sexuales eran migrantes, tanto guatemaltecas como extranjeras,  al momento de iniciarse en la actividad. Ellas tienen 6,8 veces más probabilidades de terminar siendo VIH positivas, en comparación con aquellas que no son migrantes al ingresar al comercio sexual.
 
Si bien la migración se asocia con un mayor riesgo de adquirir VIH, y al menos una entre cinco de las mujeres encuestadas eran migrantes internas al momento de iniciarse en el comercio sexual, el estudio no logró determinar si ese riesgo era el mismo para las adolescentes migrantes de otros países.
 
Los autores creen que es debido a que la red de tráfico sexual internacional de menores operaría más escondida, llevando a estas adolescentes a lugares específicos donde el control es más estricto o se promueve el uso de condón.
 
Carlos Magis explica que una de las formas de violencia que sufren las mujeres migrantes es la modalidad de sexo recompensado, obligándolas a tener relaciones sexuales a cambio de protección u otros favores. Aunque este no es estrictamente trabajo sexual, igualmente las pone en riesgo.
 
“Esto se da por la vulnerabilidad que ellas tienen como migrantes y es una de las formas de violencia de la migración de paso”, dice.


Enlace al resumen del estudio en AIDS and Behavior