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Un nuevo enfoque en el tratamiento del paciente psiquiátrico basado en su inserción comunitaria y laboral en vez de su internación muestra eficacia en Perú. Su ventaja, según los especialistas, es que puede adaptarse a diversos contextos de países de bajos y medianos ingresos.
 
Su base son los centros de salud mental comunitarios (CSMC), que cuentan con servicios ambulatorios especializados para niños y adolescentes, adultos y adultos mayores, así como servicios enfocados en adicciones y participación social y comunitaria. Ubicados en entornos rurales y urbanos de Lima y del interior del país, la meta de estos centros es la recuperación y rehabilitación de los pacientes.
 
Hasta la fecha se crearon 133 CSMC y hay una aprobación presupuestal para implementar otros 50 este año. A través de ellos es posible llevar los servicios de salud mental de los hospitales psiquiátricos a la comunidad.

“Perú es un caso muy positivo de reforma de salud mental centrada en la comunidad”.

Andrea Bruni, asesor regional de salud mental y sustancias, OPS-OMS.

 
Los usuarios y sus familias participan como socios e incluso se han creado asociaciones de usuarios y familiares, para garantizar su sostenibilidad. Según las autoridades de salud, se requieren 280 centros de este tipo para dar una cobertura apropiada a la población.
 
Para Andrea Bruni, asesor regional de salud mental y uso de sustancias de la OPS-OMS, “Perú es un caso muy positivo de reforma de salud mental centrada en la comunidad”. Y los CSMC son un componente muy avanzado al trabajar en redes comunitarias con dispositivos diversos como, por ejemplo, atención primaria no especializada en salud mental, hospitales generales, hogares protegidos, centros de rehabilitación y reinserción laboral, comentó a SciDev.Net.
 
Los hogares protegidos son casas financiadas por el estado donde viven ocho personas que han tenido o tienen una enfermedad mental severa, aunque están estables y medicados. Sin embargo, necesitan continuar con su rehabilitación para reintegrarse a la sociedad y no cuentan con suficiente apoyo familiar. Actualmente existen 16 de estos hogares insertados en zonas urbanas, y se espera llegar a 40 a fines de 2020.

Zona dedicada a la atención de jóvenes y adolescentes en un centro de salud mental comunitario.
Crédito de la imagen: MINSA / Flickr.
 
La psiquiatra July Caballero, del Instituto Nacional de Salud Mental, señaló que la base de este enfoque de salud mental es ver al paciente como “un ser humano con derechos y un gran sufrimiento psíquico que requiere de una serie de intervenciones llevadas a cabo dentro y con su comunidad y para ello se necesita tener territorios definidos”.
 
Caballero es coautora de un estudio que analizó los programas de rehabilitación de salud mental en Colombia, Costa Rica y Perú ocurridos en los últimos años y que identificó hasta cinco brechas que imposibilitan que los pacientes con enfermedades mentales puedan insertarse en sus comunidades y en el mercado laboral.
 
Esas brechas van desde mercados laborales rígidos, con altas tasas de desempleo y subempleo —y, por tanto, incapaces de dar alternativas a estas personas— hasta sistemas de salud que aún están lidiando por diseñar e implementar un esquema menos centrado en la internación a largo plazo y más volcado a las necesidades de los pacientes.

  • El costo de las enfermedades mentales 
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  • - Aunque los países latinoamericanos han mejorado el acceso a la atención médica, los años de vida perdidos ajustados por discapacidad relacionados con las enfermedades mentales aumentaron en más de 10 por ciento en los últimos 25 años.

    - Entre 1990 y 2017, las enfermedades mentales pasaron de la décima a la sexta causa principal de años de vida perdidos ajustados por discapacidad.

    - En América Latina, 82 por ciento de las personas con discapacidad vive en la pobreza, y alrededor de 90 por ciento está desempleado o fuera de la fuerza laboral.

    - Según la OMS, la carga de enfermedad atribuida a los problemas mentales, neurológicos y uso de sustancias por consumo de drogas y alcohol, en conjunto representa 19 por ciento de la carga mundial de las enfermedades.

    - Pero esta carga no se refleja en el presupuesto. En promedio, en Sudamérica se invierte solo 2,1 por ciento del presupuesto general de salud en salud mental.

    - El 65 por ciento de ese 2,1 por ciento dedicado a enfermedades mentales se destina a hospitales psiquiátricos, dejando un ínfimo 35 por ciento para atenciones alternativas de salud mental.

    - En 2016, el costo unitario promedio por consulta externa en los tres hospitales psiquiátricos de Lima era de US$ 58,96. Pero el costo unitario de una consulta externa estándar en el Centro de Salud Mental Comunitario de Carabayllo (Lima) fue cinco veces menos (US$ 11,58).

    - Ese mismo año, el costo promedio paciente/día/cama en los hospitales de salud mental era de US$ 90,86. Ese costo per cápita por día de tratamiento residencial en el hogar protegido de Carabayllo fue menor a un tercio (US$ 28,48).

    Fuentes: Addressing Severe Mental Illness Rehabilitation in Colombia, Costa Rica, and Peru; OMS; OPS y Universidad Peruana Cayetano Heredia.


“Estas personas sí se pueden rehabilitar y tener vidas funcionales y laborales como cualquiera. Pero requieren programas especiales que no duren semanas ni meses sino años. Y por eso me parece maravilloso lo que está haciendo Perú en diferentes esferas para la integración de estos pacientes”, comentó a SciDev.Net el psiquiatra colombiano Leonardo Cubillos, autor principal del estudio publicado en la revista Psychiatric Services (3 de enero). 

"Muchos pacientes con enfermedades mentales graves perciben el trabajo como una fuente de estabilidad financiera, así como una fuente de dignidad. No solo esperan acceso a servicios de atención médica de alta calidad, sino que también aspiran a lograr un empleo estable y mejorar sus ingresos", prosiguió.
 
Bruni, por su parte, reconoce que la reinserción laboral de estas personas es un componente aún bastante débil en los países sudamericanos. “Las personas con trastornos mentales tienen las mismas ambiciones que cualquier otra persona, entre ellas, trabajar”, precisó.
 
“Este tipo de intervención implica un trabajo extremadamente intersectorial, que sale del sector salud y requiere una inclusión más amplia especialmente con el sector trabajo”, afirmó.

Los centros de salud mental comunitarios funcionan en diversos entornos, incluso universitarios, como el de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de Lima, a cuya inauguración, en octubre 2019, asistió el Presidente Vizcarra.
Crédito de la imagen: MINSA / Flickr.

Según dijo a SciDev.Net el psiquiatra Humberto Castillo Martell, director del Centro de Investigación en Salud Mental de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, “personas que estaban internadas en hospitales [psiquiátricos] y pasaron a hogares protegidos, a las pocas semanas se vuelven autónomas, empiezan sus propios micronegocios, venden comida, se van por el autoempleo, los trabajos informales, familiares”.
 
“En programas de trabajos formales no tenemos grandes logros ni tampoco tendemos a eso, sino a fortalecer la autoestima, devolverle la dignidad y que sean capaces de valerse por sí mismos”, explicó Castillo que también es asesor en salud mental del Ministerio de Salud de Perú.
 
Consideró que si bien la inserción laboral es importante, “el esfuerzo va más por revincular a la persona con su familia, para que lo acoja y descubra que con algunos entrenamientos básicos puede funcionar eficientemente. Estamos teniendo buenas experiencias con personas que al recuperar la confianza en su núcleo familiar, al controlar mejor sus síntomas, reducir los efectos secundarios del tratamiento, se reincorporan a su círculo familiar y comunitario”. Cubillos, que además es investigador en Salud Global de la Universidad de Dartmouth, Estados Unidos, indicó que en el estudio no encontraron evidencia de que haya programas importantes de rehabilitación laboral en Colombia, Costa Rica o Perú, a pesar de que los tres presentan muchas oportunidades para avanzar en la rehabilitación de estas personas.
 
“Creo firmemente que es posible adaptar estos programas en un relativo corto plazo en estos tres países si se encuentran el apoyo político con la disponibilidad de fondos”, finaliza.

Enlace al resumen del estudio en Psyquiatric Services.

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