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La reciente caracterización de dos proteínas especializadas en el parásito que infecta a los humanos con la malaria daría nuevas pistas para comprender su ciclo de vida e interacción con su huésped, una pieza más en el complejo rompecabezas para desarrollar nuevos tratamientos contra la enfermedad.
 
El estudio, publicado en la edición de enero de la revista mSphere, caracterizó dos proteínas (llamadas PABT, por sus siglas en inglés) que regulan la traducción del ARN mensajero en Plasmodium, el género del parásito de la malaria. El ARN mensajero es una molécula compleja que se encarga de llevar la información del ADN a los ribosomas de la célula para producir determinadas proteínas.
 
Como el parásito se comporta de formas muy distintas dependiendo si se encuentra en el mosquito o en el humano, caracterizar las proteínas que regulan este proceso en su ciclo de vida puede arrojar luz para desarrollar tratamientos que lo ataquen en etapas críticas, dicen los investigadores.

“… detener al parásito en esa fase de desarrollo, antes de que infecte al humano, puede dar protección completa antes de la siguiente infección”.

Scott Lindner, Universidad Penn State
 
“Fue sorprendente encontrar que hay dos y no una sola proteína PABT en Plasmodium”, dijo a SciDev.Net Scott Lindner, investigador de la Universidad Penn State y coautor del estudio.
 
Explicó que el hallazgo es “raro”, porque quiere decir que el parásito, un organismo unicelular, tiene comportamientos que exhiben los organismos pluricelulares, es decir como sus huéspedes, y aún no saben por qué.
 
De forma inesperada, los investigadores encontraron que una de las dos proteínas PABT, que normalmente se encuentran en el interior de la célula del parásito, aparece en grandes cantidades en la superficie de los parásitos durante la etapa reproductiva en la que son esporozoítos, cuando están en las glándulas salivales de los mosquitos vectores de la enfermedad.
 
Cuando los parásitos ingresan del vector a su huésped (ratón o humano) depositan las proteínas en su interior, quizás para interactuar con las células del huésped o con otros parásitos, especulan los investigadores.
 
“Nos encantaría entender por qué los esporozoítos están poniendo estas PABT en su superficie, con qué podrían estar interactuando en el ambiente y para qué lo están haciendo”, dijo Lindner. “En el futuro queremos saber cómo se prepara el parásito para infectar y cuáles son los puntos débiles en este ciclo”.

Lilia González Cerón, parasitóloga experta en malaria del Instituto Nacional de Salud Pública de México, quien ha estudiado otras proteínas en la superficie de esporozoítos, dice que cada investigación “aporta pequeñas piezas al complejo rompecabezas de la biología del Plasmodium”.
 
Ella relató a SciDev.Net, los retos técnicos que implica estudiar esporozoítos. “Todo lo nuevo en este campo de investigación es interesante y me gustaría saber qué encuentran después [los autores] en sus investigaciones”.
 
Además, consideró importante que hayan localizado estas proteínas también en la superficie de los esporozoítos de Plasmodium falciparum, la variante de malaria que causa la mayoría de muertes en el mundo, y no sólo en la variante que utilizan para infectar a ratones en los laboratorios.
 
González dijo que en realidad todas las proteínas de superficie o que sean importantes para continuar el ciclo de vida podrían tomarse como objetivos para diseñar nuevos fármacos o vacunas, “pero eso requiere mucho más investigación”.
 
Por su parte, Lindner  cree que los esporozoítos “serán la forma en la que se desarrollará una vacuna eficiente contra la malaria, porque detener al parásito en esa fase de desarrollo, antes de que infecte al humano, puede dar protección completa antes de la siguiente infección”.

> Enlace al estudio completo en mSphere

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