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[MANILA] No existe un solo método universal para eliminar el arsénico de aguas subterráneas, dice una revisión realizada por la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) a 37 tecnologías desarrolladas durante los últimos 20 años.

Publicada el 31 de enero, la revisión compara la efectividad y los costos de tecnologías testeadas en laboratorio o en pruebas de campo para eliminar el arsénico en aguas subterráneas –una amenaza a la salud para al menos 140 millones de personas en 50 países–, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

“Cada país debería identificar cuál tecnología sería más viable y beneficiosa, dada su capacidad técnica, recursos y prácticas socioculturales”.

Duminda Perera, Instituto para el Agua, Ambiente y Salud de la UNU en Canadá.


Es probable que diversas tecnologías sean costo-efectivas en diversos contextos, como en el caso de escenarios urbanos versus rurales, o en puntos altamente contaminados en contraste con áreas menos contaminadas. Sin embargo, la exposición al arsénico a largo plazo a través del agua potable y en alimentos puede causar cáncer y lesiones en la piel.

“Cada país debería identificar cuál tecnología sería más viable y beneficiosa, dada su capacidad técnica, recursos y prácticas socioculturales”, dice a SciDev.Net Duminda Perera, investigador senior del Instituto para el Agua, Ambiente y Salud de la UNU en Canadá, y coautor de la revisión. “Además, necesitan considerar el nivel de arsénico que prevalece en las aguas subterráneas”.

Alicia Fernández Cirelli, especialista en calidad del agua de Argentina, coincide con esa visión y dice que no es posible dar una respuesta teórica sobre el mejor método de remoción de arsénico, porque eso depende del tipo de suelo, de la concentración de arsénico, si se trata de agua de consumo o de uso industrial, de la ubicación geográfica de la fuente, las posibilidades económicas de la población, y muchos otros factores.
 
“El análisis de la tecnología más apropiada para la remoción de arsénico debe realizarse no solo en base a las características intrínsecas de la metodología a utilizar sino también considerando su viabilidad en función de las características socio-económicas de la población”, comenta a SciDev.Net.
 
El informe dice que cualquier tecnología que elimine el arsénico debe elevar el agua potable al estándar de la OMS, que fija la concentración máxima permitida en 10 microgramos por litro de agua.

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Áreas contaminadas con arsénico a nivel mundial.
Crédito: Wikimedia Commons con traducción propia.

Argentina es uno de los nueve países donde la UNU estudió 23 tecnologías probadas independientemente en ambiente de laboratorio utilizando agua subterránea. Los otros fueron Bangladesh, Camboya, China, Estados Unidos, Guatemala, India, Tailandia y Vietnam.

Cerca de la mitad alcanzó el estándar de la OMS, demostrando su eficiencia en un rango de 50 a 100 por ciento. Las tecnologías más recientemente desarrolladas, en 2017, y que pasaron el estándar de la OMS, provenían de los Estados Unidos (usando el filtro ZeroWater®) e India (usando electrodo de aluminio).

De las 14 tecnologías probadas en campo para eliminar el arsénico, los niveles de eficiencia estuvieron en el rango del 60 a cerca del 99 por ciento, de las cuales solo cinco alcanzaron el estándar de la OMS. Cuatro de estas tecnologías fueron desarrolladas en India usando un reactor de remediación de arsénico electroquímico (ECAR, por sus siglas en inglés), laterita activada, una combinación de bicarbonato de sodio, manganato de potasio y cloruro ferroso, y una que utilizaba hidróxido de hierro (III) como absorbente del arsénico. La quinta tecnología que alcanzó el estándar de la OMS provenía de China, y utiliza minerales de hierro y piedra caliza.

Para tecnologías probadas en laboratorio, el costo de tratar un metro cúbico de agua oscilaba entre casi nada y US $93, con la excepción de una tecnología que costó US $299 por metro cúbico. Para tecnologías probadas en el campo, el costo de tratar un metro de agua cúbica oscilaba entre casi cero y US $70.

Aparte de las limitaciones en los costos, algunas tecnologías probadas en laboratorio demostraron que producen lodos, tienen efectos en el corto plazo, y necesitan más investigación. Otras demostraron ser altamente efectivas, amigables con el ambiente y accesibles para las comunidades, entre otras ventajas.

“Si consideramos el caso de la Argentina, que es una de las llanuras afectadas por la concentración de arsénico en agua subterránea más extensa del mundo, debemos tener en cuenta que es un país de baja densidad poblacional.  Los problemas más acuciantes se dan en la población rural aislada donde no se puede recurrir a métodos como la ósmosis inversa”, detalla Fernández, quien además es fundadora del Centro de Estudios Transdisciplinarios del Agua (CETA) de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires. “En el caso de Bell Ville, ciudad del sur de la provincia de Córdoba, donde se describió por primera vez el HACRE  (hidroarsenicismo crónico endémico) provocado por la ingesta de arsénico a través del agua bebida, la solución adoptada fue cambiar la fuente de agua subterránea por agua superficial”, añade.
 
La metodología más adecuada dependerá, además, de la composición de la matriz de la que se lo quiere eliminar y su concentración, los productos de ese tratamiento (por ejemplo ¿qué hacer con el agua de rechazo que surge del tratamiento de la ósmosis inversa y contiene arsénico concentrado?), y también de otras variables, tales como el tamaño de la población a la que se abastecerá y sus condiciones socio-económicas, advierte.  “Algunas formas son inocuas, otras  tóxicas”, remarca.
 
Soumya Balasubramanya, investigadora senior en el Instituto Internacional para el Manejo del Agua de CGIAR, en Sri Lanka, dice a SciDev.Net que las recomendaciones perfiladas en el reporte de la UNU son importantes para tomadores de decisiones en países en desarrollo que luchan contra la crisis del arsénico.

“Los autores recomiendan evaluar tecnologías efectivas de remoción de arsénico más allá del laboratorio en escenarios de campo, y expandir los componentes del costo para incluir aquellos de la fabricación, instalación, reparación y mantenimiento”, asegura.

“Desde una perspectiva de políticas, incorporar estas recomendaciones proveería estimaciones más realistas del costo-efectividad de tecnologías alternativas. Esto es importante para asegurar que un mayor número de poblaciones en riesgo tengan tecnologías de mitigación de arsénico por fondos públicos limitados”.

Yina Shan, estudiante en la Universidad de McMaster de Canadá, y coautora de la revisión, dice que su evaluación no contiene datos sobre los costos específicos de las tecnologías publicadas, lo cual es esencial para evaluar su rentabilidad.

“Para que un elaborador de políticas tome una decisión informada, el conocimiento sobre qué está disponible, a cuál costo y con cuál efectividad técnica es de la mayor importancia”, indicó a SciDev.Net.

Esta nota fue producida por la Edición de Asia y Pacífico de SciDev.Net con reporteo adicional de la región de América Latina y el Caribe.