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Aunque es poco conocido, el virus mayaro (MAYV) avanza en América Latina sin que haya suficientes estrategias de control, prevención ni vigilancia, afirma un reciente reporte especial de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

El mayaro, cuyo nombre proviene del lugar de Trinidad y Tobago donde fue aislado por primera vez en 1954, pertenece al grupo de los arbovirus, como el Zika, chikungunya, fiebre amarilla y dengue, llamados así porque son transmitidos por artrópodos, en este caso por mosquitos como el Aedes aegypti.

Sin embargo, el mayaro es el único de estos virus que es originario del continente americano. “Al ser un arbovirus americano, está perfectamente adaptado a nuestro continente”, dijo a SciDev.Net Julián García Rejón, especialista en arbovirus e investigador de la Universidad Autónoma de Yucatán, en México. Lo cual puede aumentar la posibilidad de que se disemine con mayor facilidad.

Uno de los principales retos para identificar los síntomas de este virus es, precisamente, su parecido a los que provocan los otros arbovirus: fiebre, vómito, diarrea, dolor de cuerpo, cabeza y articulaciones.

En particular, el cuadro febril que provoca el mayaro es de corta duración, entre tres y siete días, y suele resolverse por sí solo, aunque en algunos pacientes se registran secuelas en las articulaciones de duración prolongada. Como en el caso de los demás virus, no existe tratamiento específico.

“Si el personal de salud no realiza un adecuado interrogatorio clínico-epidemiológico, incluyendo un diagnóstico diferencial con otras enfermedades trasmitidas por vector, incluyendo las respiratorias, se seguirá subdiagnosticando a los pacientes y manejándolos como si fueran un resfriado común”.

Iván Renato Zúñiga Carrasco - Instituto Mexicano del Seguro Social.


Actualmente circula en las regiones selváticas de Centro y Suramérica, transmitiéndose principalmente por medio de mosquitos del género Hemagogus. Sin embargo, también se ha reportado su transmisión por el principal vector regional de arbovirus, el mosquito Aedes aegypti.

Con base en reportes epidemiológicos y artículos entre 1954 y 2019, la OPS informa que se han registrado 901 casos de MAYV en seres humanos en 11 países de la región: Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Guayana Francesa, Haití, México, Panamá, Perú, Venezuela y Trinidad y Tobago.

Aunque la mayoría no supera los cinco casos, destacan tres países con una cifra significativamente mayor: Bolivia (60), Perú (230) y Brasil (495).

El reporte muestra que el virus puede estar avanzando. Una investigación incluida en el informe, por ejemplo, reportó la presencia de MAYV en ovejas, caimanes y equinos, animales en los que el virus mantiene su ciclo de transmisión, en la región brasileña del Pantanal entre 2009 y 2011.

“Dado que los equinos dieron negativo para MAYV en investigaciones anteriores, los autores del estudio sugirieron que la circulación de MAYV en el Pantanal podría haber ocurrido recientemente”, se lee en el reporte.

Más preocupante aún es que, según la OPS, prácticamente ninguno de los informes epidemiológicos que emiten las autoridades de salud de estos países mencionan la presencia del virus mayaro. “En América Latina y el Caribe la vigilancia del MAYV es limitada en comparación con la presencia del virus en la región; es necesario mejorar los sistemas de vigilancia de arbovirus en los países afectados”, afirma el reporte.

Varios especialistas coinciden en que el desinterés sobre este virus por parte de las autoridades de salud de la región se debe a que el número de casos es mucho menor en comparación con otras enfermedades como el dengue, cuya cifra supera los 150.000, solamente en lo que va del 2020.

El problema es que el silencio alrededor del mayaro puede estar propiciando un subregistro de casos. “Podría haber casos enmascarados y mal reportados, como si fueran ocasionados por los arbovirus mayormente circulantes”, dijo García Rejón.
 
“Solamente un porcentaje de los casos sospechosos de estos arbovirus se analiza en el laboratorio y se hace un diagnóstico preciso, por lo que una desestimación de casos de todos los arbovirus siempre existe; en muchos de los casos se tienen hasta 7-8 casos sospechosos por uno positivo”, explicó.
 
La adecuada vigilancia del MAYV solo será posible en la medida en la que los médicos estén entrenados para identificarlo, cosa que, según Iván Renato Zúñiga Carrasco, médico epidemiólogo del Instituto Mexicano del Seguro Social, difícilmente ocurre en la práctica.


“Falta capacitar al médico de primer contacto (médicos generales, familiares, urgenciólogos) en las escuelas de medicina, ya que la gran mayoría de los egresados no lo conoce; es necesario realizar foros donde no solo se hable del dengue sino también de otros padecimientos que son endémicos en las Américas como el virus Madariaga, Punta Toro, Encefalitis Equina del Este, entre otros”, dijo a SciDev.Net.

Zúñiga Carrasco también consideró que “si el personal de salud no realiza un adecuado interrogatorio clínico-epidemiológico, incluyendo un diagnóstico diferencial con otras enfermedades trasmitidas por vector, incluyendo las respiratorias, se seguirá subdiagnosticando a los pacientes y manejándolos como si fueran un resfriado común”.

“Si no se hace una investigación de qué tanto circula este virus, podríamos subestimarlo y no saber cómo se comporta para cada edad, sexo, raza (quienes lo contraen más, que otros síntomas presenta, etc.). Tampoco sabremos cuáles son los medicamentos indicados para su tratamiento”, afirmó García Rejón.

“En los últimos 10 años se han evidenciado las facilidades que presentan los arbovirus de adaptarse y expandirse por nuevas regiones geográficas (causando) miles de muertes al año, dijo a SciDev.Net Álvaro Fajardo, investigador de la Facultad de Ciencias de Uruguay.

“¿Podemos confiarnos en que el virus mayaro puede únicamente ocasionar cuadros febriles o afecciones en las articulaciones? Miremos la enseñanza que nos dejó el Zika, que se asociaba con cuadros febriles leves. Su expansión por las Américas reveló que es capaz de generar malformaciones congénitas graves, afecciones neurológicas e inmunológicas, así como su transmisión por vía sexual”, concluyó a SciDev.Net Gonzalo Moratorio, investigador del Institut Pasteur y de la Facultad de Ciencias de Uruguay.

> Enlace al reporte especial de la OPS.

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